Los delirios de grandeza de Robustiano Cabezabuque Anaranjado

El mundo se iba a enterar de lo que valía un peine, tantos años de mofas, tantos años de insultos, incluso tantos años de agresiones habían llegado a su fin. Ahora era su momento, a base de trepar y pisar, pisar y trepar, había conseguido llegar a su posición actual, si, era uno de los “tres mosqueteros” del Director General de la P.E.T.A.R.D.O.*, S.M.P. (Sociedad Manifiesta Pluripersonal).

Ahora estaba al mando, bueno casi, tenía poder y ya no solo se limitaría a pisar, aplastaría a todos los gusanos que estuvieran por debajo de él, a todos los que fuera necesario para reafirmarse como el hombre que era. Cierto que no era muy alto, tampoco era atlético, ni guapo, ni siquiera resultón pero ahora tenía un gran cargo y todos pagarían por sus sufrimientos pasados.

Para empezar había elegido una recua de secretarias, becarias y ayudantes a cada cual más “buenorra” para demostrar que era un triunfador. El casting, bueno proceso de selección había sido un desfile de auténticas monadas pero lo mejor, puesto que era consciente de que la única manera de “mojar” sería mediante chantaje o soborno, era ver las caras del resto. Ellos que se creían más guapos, con mayores posibilidades de conquista se veían ahora vituperados por su harén, si el harén del “monstruito” pero al fin y al cabo su harén.

Otra de sus maldades era colarse todos los días en el comedor, bastante mal llevaba ya tener que comer con toda esa panda de “obreretes” como para encima tener que hacer cola, en los malos tiempos había comido en numerosas ocasiones en el retrete para no ser objeto del lanzamiento masivo de albóndigas, patatas fritas o trozos de brécol. Ahora le tocaba resarcirse y dado que no había un comedor especial para los Mosqueteros y el Director general, aunque si menú especial, al menos comería en el momento que él decidiese con independencia de la plebe que estuviera esperando.

Una risa maquiavélica salía todas las mañanas de su repugnante boca. Porque otra cosa que le hacía casi alcanzar el clímax era mover las piernas de forma frenética, lo que producía un sonido francamente molesto que sacaba de quicio al departamento de admisiones de denegaciones de propuestas de ofertas interesantes que se encontraba cerca de sus dominios. Especialmente a la señorita “Juana de Arco”, este era el mote que le había puesto a la una de las “miembras” del departamento por la altivez que presentaba a pesar de ser una muerta de hambre, la altura puede que ayudara un poco, le debía sacar fácil 20 centímetros.

Cancelar los trabajos pendientes de impresión o envío de faxes, acabar con el papel higiénico de forma que el siguiente se tenía que cagar, nunca mejor dicho, en san pito pato, ensuciar el espejo para que el señor o señora de la limpieza, si aquí había un par de señores dedicados a esto, en la vida se lo hubiera imaginado, que triste podía ser la vida para algunos, encima de pobres y mentes no pensantes, hombres castrados… En fin, todo eso y algo más que se guardaría de momento para sí, hacía Don Robustiano Cabezabuque Anaranjado para espetar que estaba ahí, que nadie le podía parar y que se vengaría del mundo.

Por suerte para el mundo, Robustiano Cabezabuque Anaranjado que empezaba a ser un tanto cansino, halló la muerte de una forma de lo más inesperada, con sus prisas a la hora de sortear la cola pisó la manida cascara de plátano que desgraciadamente, el hombre pobre de mente no pensante y castrado de la limpieza no había retirado de forma totalmente casual, lo que le hizo patinar y caer en el gran horno que el personal del comedor usaba para hacer los cochinillos que pedían a la carta, el resto de trabajadores tan rezagados como iban en la cola, a cosa de 5 o 6 metros, no tuvieron tiempo de reaccionar y un pequeño traspiés de “Juana de Arco”, lo que provocó que la puerta del horno se cerrara, impidió definitivamente salvar al pobre infeliz que murió churrascado cual cochinillo con la pena de todos de no haberle podido meter una manzana en la boca.

*La elección de las siglas no es casualidad, han sido elegidas con toda la mala leche del mundo por la antipatía que me desprende este vulgar personajillo. Desconozco si existe alguna organización, asociación, sociedad o cualquier otro tipo de agrupación o individuo que se identifique con las mencionadas siglas P.E.T.A.R.D.O, si es así ruego mis más sinceras disculpas.

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