Nada

No quiero pensar, no quiero imaginar, no quiero creer, no quiero actuar, no quiero querer, no quiero nada. Metería la cabeza en cualquier hoyo y así, como un avestruz pasar el resto de los días. La opción de la hibernación me seduce incluso más, en una cueva oscura, yo en un ovillo mientras los días pasan lenta o rápidamente para los demás.

Sigo sin querer hacer, sigo sin querer ver, sigo sin querer nada, desde mi nube veo esos objetivos, esas pasiones, esas necesidades que algún día tuve, vagar de forma desordenada. Solo sé que tampoco quiero sentir, de hecho creo que ya no lo hago, vacío, un gran vacío inunda mi ser, como un abismo oscuro en el que todo va cayendo hasta que desaparece.

Es sorprendente como la falta de ambiciones convierte al ser más notable en un auténtico guiñapo. Sin embargo esto ya no importa, el vacío se hace más y más grande y ese aumento tiene efecto sedante. Al principio ira, rabia, tristeza, angustia, dependiendo, me embargaban, ahora ya no, solo sé que no quiero nada.

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