Archivos Mensuales: octubre 2014

Canción desesperada a un muso desaparecido

¿Por qué me abandonas?

¿Acaso no te he dado lo mejor de mi?

Siempre que hacías tu entrada triunfal yo me rendía a tus pies, dejaba cualquier cosa, ya estuviera en el trabajo o en casa, leyendo, paseando o durmiendo… pero no, tu en ese momento requerías toda mi atención y debía atender tus necesidades y así lo hacía.

No te das cuenta que ninguna otra va a venerarte del modo en que yo lo hago. Que ninguna otra te entenderá, que ninguna otra te apreciará tanto como yo.

Sin embargo no es suficiente ¿verdad?. Dime solo que tengo que hacer para retenerte a mi lado, para que no desaparezcas largas temporadas de otoño o verano. Solo quiero que vuelvas y prometo que como tu brazo ejecutor haré lo que me pidas, mataré a Eva Smith de veinte formas distintas, casaré a Javier y a Emma y divorciaré a Pablo y Bridgitta, verá la luz el héroe más noble de todos los tiempos o el villano más repulsivo que puedas imaginar, Teresa tendrá tres hijos y Olivia ninguno pero regresa y no me abandones nunca más.

Pirandello Bajito Cabezón

Erase una vez un perfecto caballero llamado Don Pirandello Bajito Cabezón. Había nacido en el seno de una familia acomodada de Verona y sus modales eran exquisitos, el problema, era bajito y cabezón, lo de la altura por aquello de la rama paterna y el tamaño de la cabeza se lo debía a la línea materna, pero coño, como el que tiene un tío en Alcalá. Y a pesar de que sus artes de seducción rozaban la perfección, el hecho de que fuera bajito y cabezón como que echaba un poco para atrás y tal…

Sin embargo a tesón no ganaba nadie a Don Pirandello Bajito Cabezón. Recibía una negativa tras otra pero ello no le hacía sino más fuerte.

Como Verona se le quedaba pequeña decidió conocer mundo como dicen los modernos, Nueva York, Tokio, París, Sydney… y una purrela de ciudades más hasta que sus huesos aterrizaron en Madrid. No pensaba quedarse mucho pero una noche en casa de unos amigos de la familia todo cambió para Don Pirandello Bajito Cabezón.

Se quedó prendado de forma instantánea, allí estaba ella. Tenía la gracilidad de una gallina, el pelo así como frito, los modales de una señorita de provincias y era concreta como la banqueta que utilizaba la doncella Valentina para alcanzar los tarros de confitura. Era sencillamente perfecta como sus artes de seducción. Pero había un problema, estaba prometida a un Mihura, familia castiza conocida por su bravura.

¿Qué hacer? era la mujer de sus mejores sueños pero leche, un Mihura era un Mihura, como dirían aquí, una “corná” y al otro barrio,

Sin embargo él era italiano, la sangre caliente por excelencia, así que se armó de valor y con un par se dijo “valor y al toro Pirandello”.

Siete cornadas, múltiples cardenales, los de su cuerpo y los que vinieron en reiteradas ocasiones a intentar darle la extremaunción, y la rotura del coxis le costaron pero valió la pena.

Tras año y medio de recuperación, Don Pirandello Bajito Cabezón y Doña Aldonza Tomillo Rastrojillo contrajeron feliz matrimonio.

Y como no, fueron felices y comieron perdices a la reducción de un Pedro Ximénez.

Fin!!

Veritas y Aequitas

Hace tiempo en Algún Lugar vivían dos hermanos, Veritas y Aequitas. Habían crecido sin figura materna ni paterna pero los principios de equidad y verdad les habían acompañado a lo largo de su vida. Tan férreos eran esos principios para los hermanos que, bueno, no nos adelantemos, empezaremos la historia como debe ser, por el principio.

Algún Lugar, aunque sin serlo, podía haber sido Sodoma y Gomorra ya que estaba habitado en su gran mayoría por gentuza de la peor calaña. Los habitantes de Algún Lugar mentían cual bellacos, robaban a manos llenas, se aprovechaban de aquellos seres en inferioridad de condiciones, se envidiaban, deseaban el mal a sus semejantes, en fin, lo mejor de la verbena.

Veritas y Aequitas bajo sus tan queridos principios, intentaban luchar con todas sus fuerzas contra las aberraciones que se cometían pero sin grandes éxitos. El que más o el que menos de Algún Lugar era culpable, por lo que lo de lanzar la piedra, complicado, otros tenían miedo de las posibles represalias de aquellos más poderosos y los de más allá, oye, convencidos de que no había nada reprochable en su comportamiento. Esto desanimaba profundamente a los hermanos, porque a pesar del gran tesón con que acometían la injusticia, gilipollas no eran y la parte práctica que tenían, aunque poca, les decía que por mucho que intentaran convencer de que la verdad y la equidad haría libres a los hombres, nada cambiaría.

Sin embargo estos raptus prácticos no duraban mucho y Veritas y Aequitas erre que erre, que si no se intenta cambiar, nada cambiará, obvio sí, pero jodido que te pasas de lograr.

Los pobres hermanos no eran muy valorados en Algún Lugar, de hecho eran más bien considerados despojos humanos con ínfulas mesiánicas. Nada más lejos de la realidad, de verdad, ellos pretendían que cada hombre y mujer, mujer y hombre disfrutara de sus derechos y acatara sus obligaciones sin joder al prójimo. Pero aunque de cajón, los poderosos no estaban dispuestos a tolerar que sus súbditos se rebelaran y las cosas como son, también mucho súbdito se revolcaba y vendería a su padre por dos duros para despertar las simpatías de los poderosos.

Veritas y Aequitas comenzaban a desesperarse, difícil era de digerir que hubiera gente mala como la quina pero que la gente medianamente normal no hiciera nada al respecto, les superaba. Hartos ya hasta límites insospechados se presentaron un día ante dos de aquellos poderosos, si empezaban a cortar la cabeza de las víboras igual acababan con el problema de raíz pero la cosa no funcionó, cuando Veritas y Aequitas cogieron sus espadas y decapitaron a los poderosos firmaron su sentencia de muerte. Al igual que las serpientes de Medusa, la cabeza de los poderosos volvió a crecer y estos como no, avisaron a las autoridades, las cuales apresaron a los hermanos. Fueron juzgados y condenados por intento de magnicidio y aunque recurrieron, pues ya ves tú lo que es cortar una cabeza si luego sale otra vez, finalmente les enviaron al corredor de la muerte.

Actualmente Veritas y Aequitas esperan su hora.

Aequitas ha perdido un poco la olla aunque yo intento que la cosa no vaya a más, sé que la incertidumbre es dura pero llegado el momento seremos libres. Les puedo asegurar señores y señoras mías que esta historia es cierta, ¿cómo lo sé? Porque el que se la cuenta no es sino el otro hermano, Veritas.

PD. La incertidumbre no es dura es una grandísima putada, joder, cada vez que el cabrón del carcelero pasa por delante de mi celda creo que ha llegado mi hora y el corazón se me contrae pero luego pasa de largo y un gran alivio me invade sin embargo esto no es vida, no sé, algún día de estos, algún día de estos le corto la puta cabeza al cabrón del carcelero y que me peguen un tiro entre ceja y ceja.

PD2. No tengo espada, porras, tendré que hacerme un apaño con lo que tengo estilo Mcgyver.

PD3. Creo que estoy peor que Aequitas

Porque no merece la pena perder el alma por nadie

Conocí a Dorian Grey* hará ya unos años, este no era su nombre real pero por razones que no les conciernen no deseo develar su identidad. Era la mano derecha de Gatsby**, también nombre ficticio, lo que le confería un gran poder y era guapo, a la manera clásica, lo que a mí no me seducía pero si objetivamente guapo. La gente le admiraba, le temía, le envidiaba, le alagaba, le criticaba… pero yo a medida que más sabía de él, más pena me daba.

Siempre solo o con Gatsby, de la ceca a La Meca, teléfono por la mañana, por la tarde y por la noche, comidas breves para no perder el tiempo y siempre siendo el blanco de todas las miradas, ya fueran lascivas, asesinas o de esas con cierta inquina. Además, como su posición lo requería, impoluto, peinado con raya al lado, camisa planchada, bien afeitado y cuerpo musculado, en su justa medida. Ni mujer ni varón se le conocía, tampoco amigos o al menos compañeros de juerga, ni siquiera una mascota. Estaba completamente solo.

Gatsby era un hombre de los que se había hecho así mismo a base de trabajo, contactos y por supuesto de pasar por encima de quien hiciera falta, era un triunfador, innegable pero ser favorecido por él implicaba venderle tu alma. Y eso había hecho Dorian Grey. La sombra de Gatsby se alargaba de tal manera que todo tu mundo quedaba en penumbra bajo su dominio.

Como ya he dicho, Gatsby pisoteaba todo lo que era necesario para que su marcha continuase su camino y eso mismo empezó a hacer con Dorian Grey. Cada vez le exigía más, más en todo, el pobre Dorian Grey comenzó a flaquear aunque debido a su pundonor, conseguía finalmente el objetivo planteado por Gatsby. Sin embargo esa belleza, esa altanería, esa prestancia que tenía, brillaba ahora por su ausencia y eso no gustaba a Gatsby.

En los últimos años de su vida, Dorian Grey era una sombra de lo que fue. Gatsby le había más o menos dado la patada y él desesperado, luchaba por conseguir de nuevo sus favores. Como no, empezó a beber, al principio de forma casual pero llegó a ser un gran problema, tal llegaría a ser el problema, que acabaría con su vida..

Desconozco si esto ocurrió o no pero cuentan las malas lenguas que en su lecho de muerte, Dorian Grey rogó a Gatsby por su alma, que se apiadara de él y se la devolviese por  todos esos años a su servicio. Gatsby se rió y se fue, llevándose consigo por supuesto el alma que ya no recuperaría Dorian Grey.

*Nombre del personaje principal de la novela de Oscar Wilde “El retrato de Dorian Grey”

**Nombre del personaje principal de la novela de Francis Scott Fitzgerald “El Gran Gatsby”

El Empresario Rancio. Primera entrega

Nace una nueva revista que tú, empresario, no puedes dejar escapar. Llega a tu quiosco más cercano “El Empresario Rancio”. Una guía práctica de cómo llevar una empresa controlando el gasto hasta el último céntimo.

Por qué gastar una pasta gansa en luz cuando el candil está de moda, por qué tirar las bolsas de basura o las servilletas de papel cuando estas se pueden reutilizar, por qué no volver a la máquina de escribir o al propio papel y lápiz. Estas y otras muchas cuestiones serán resueltas de una manera sencilla y práctica en la nueva revista “El empresario rancio”.

No lo dudes, si estás harto de despilfarrar en fruslerías hazte con “El Empresario Rancio”

En el número de hoy abordaremos la problemática de las comidas de las grandes juntas de accionistas, es necesario discernir el coste necesario del prescindible. Lo verás muy claro en los sencillos consejos que indicamos a continuación.

Receta para triunfar con tus accionistas e inversores en una comida de empresa.

Hacina a todos tus accionistas y/o inversores en una sala de juntas.

Monta una cocina de campaña en una pequeña sala de reuniones cercana para que no se enfríe la comida en el trayecto.

Contrata camareros entrenados con los seel que consigan preparar platos decentes en la mencionada sala de reuniones y llevar dichos platos sin percances a la sala de juntas sorteando trabajadores varios, muebles y mesas.

Por aquello del olor a comida que se impregnará en toda la estancia, cuenta con personal de limpieza inmune a la guerra bacteriológica y ordena que rocíe por todo el recinto un producto magnifico que enmascara el olor y acaba con los trabajadores-obstáculos.

Por último, ten un detalle con tus invitados y obséquielos con un reloj carísimo encima descatalogado que conseguirlo viene a ser los riñones de veintisiete trabajadores, pero no el precio si no los propios riñones. Sabrán apreciarlo tus accionistas y/o inversores, igual al trabajador le jode un poco.

Y tachán, si sigues estos sencillos consejos no puedes fallar, el accionista y/o inversor se irá con un fabuloso sabor de boca y de paso habrás acabado con la mayoría de los trabajadores, que ya estaba previsto liquidar, por haber resultado atropellados por el camarero-seel, asfixiado o “desriñonado”.

En la próxima entrega de “El Empresario Rancio”: Especial Navidades, cestas de segunda mano o guateque en el garaje. Difícil elección.

Los descendientes de la pata mala del Cid

Eran tres los descendientes de la pata mala del Cid. Es sabido, en un núcleo muy reducido de gente, que el Cid contaba con dos piernas, bueno, esto es sabido más o menos por todos ya que no hay constancia de que el Señor Cid fuese cojo. Lo que es sabido en ese ámbito intimo es que una de sus piernas era buena y otra de ellas mala. Nada que ver con discapacidades, solo que una era buena y otra mala, algo así como el ying y el yang en versión castellana.

Estos tres, llamados Histrionicius, Rubicundino y Fofez, eran los actuales descendientes de esa pata mala. Alardeaban de tal ilustre descendencia aunque nunca trascendía el secreto de la distinción de patas. Eran como vulgarmente diríamos, tres perfectos gilipollas.

Histronicius era el mayor del grupo, se consideraba un auténtico dandi, poseedor de una mente maravillosa, atractivo y gran conocedor de los textos de las sombres de Grey. Le seguía Rubicundino, de trato más agradable aunque bastante más sibilino que el anterior y con un físico que recordaba al Grifo, no a la llave metálica que sirve para regular el paso de los líquidos, si no a la criatura mitad águila, mitad león, pero que en el caso que nos ocupa vendría a ser algo así como la mitad superior de un querubín y la inferior de Shakira. El último, Fofez era el peor de todos, una sabandija de la peor calaña que jodía a Dios y a su padre en cuanto tenía la más mínima oportunidad.

Solían reunirse con el Rey, un tanto pusilánime para la toma de decisiones, con el fin de asesorarle sobre cualquier asunto de importancia del Reino. Para que se hagan una idea de cuan vitales eran sus consejos, les pondré un ejemplo de cada uno de los descendientes de la pata mala del Cid.

Histronicius, ente otras muchas cosas, vaya la aclaración por delante, era especialista en higiene intima “traseril”. Los culos del Reino eran de vital importancia y debían ser cuidados acorde a la casta, evidentemente. A los súbditos y demás chusma se les asignaba un trozo de arpillera de 10 x 10 cm que debía durarles 7 días. Se pueden imaginar el contrabando que había de trozos de arpillera… pero claro, bien mirado, gracias a la medida de Histronicius, el mercado, negro sí, pero mercado a fin de cuentas se había reactivado. La burguesía gozaba de la celulosa cuya calidad variaba en función del peculio de cada burgués y la realeza y demás petimetres asesores gozaban de papel de sedas. Aunque el pueblo estaba de lo más puteado, los hombres ilustres, mentes pensantes y “very important people” en general gozaban del culito de un bebé.

Por su parte Rubicundino, andaba atareado con los tenedores. Tras un análisis de aproximadamente año y medio, había llegado a la conclusión de que los tenedores de cinco puntas eran los óptimos para poder deglutir de la forma más satisfactoria posible el suflé de queso de leche de oveja merina afeminada macho. Fue un éxito rotundo, aunque para poder cambiar los tenedores de cuatro puntas por los de cinco, el pueblo vio reducido su trozo de arpillera a 5 x 5 cm, pero qué coño son 5 cm a cambio de que unos cuantos puedan alcanzar la perfección a la hora de hincarle el diente al suflé de queso de oveja merina afeminada macho.

Y lo de Fofez ya es para cogérsela con papel de fumar. Después de tres licenciaturas, siete másteres, varios cursos especializados y años de práctica ha conseguido que las cerillas tengan el color de la bandera del Reino. No me interpreten mal ustedes, no hablo de que el fuego adquiera los colores de la citada bandera, hablo del palito, del jodido palito por el que uno coge la cerilla para no quemarse. Es esa parte la que ahora luce los colores de la patria. Son un tanto más caras lo que supone que mucho súbdito tenga que calentarse la sopa a soplidos pero que chulo es, joder, quedar para disfrutar de un suflé de queso de oveja merina afeminada deglutido con un tenedor de cinco puntas, fumarse el cigarrito de después de comer, encendido con la cerilla de tu bandera y limpiarse el culo tras la deposición con papel de seda a elegir entre magenta o cobalto.

Pero oye, el pueblo como siempre dando por saco. Molestarse por calentar a soplidos y tener el culo lleno de arañazos, gentuza…

La historia de un viejecito despechado

Le había estado aguantando durante doce malditos años, sus inseguridades, sus cambios de humor, sus “bajones”, sus “subidones”, sus rarezas, su obsesión por no aumentar de peso, aunque esto lo compartíamos, sus “no tengo tiempo”, en fin, había estado aguantado todo eso y más hasta que me cambió por otro más joven.

Sí, eso que dicen es verdad. Por guapo y esbelto que sea uno, la juventud siempre se impone. Ella me dijo que necesitaba emprender una nueva vida lejos del pueblo, que le quedaba pequeño, que se asfixiaba. Tenía sueños… y ¿yo?, yo ¿qué? Claro, como ya tenía una edad, ella no contaba conmigo. Decía -estarás más a gusto en tu entorno, tienes que entenderlo, la gran ciudad es dura, estresante y tu nos estas hecho para ello pero tranquilo vendré mucho a visitarte, será casi como antes, tampoco estaba tanto en casa, tu eres muy casero…-

Me partió el corazón, para que negarlo pero al fin y al cabo lo entendía, ella tenía toda la vida por delante y yo empezaba a ser un viejecito con múltiples manías, manías que siempre tuve pero quizás, un tanto más marcadas. Me conservaba bien cuando se fue y aún lo hago pero la edad no en vano es la edad.

Me dejó en octubre hará ya algún que otro año, siempre con la promesa de que me regresaría siempre que pudiera. Lo lleve mal pero pensar en su felicidad me reconfortaba en cierto modo. Aquellos días fueron duros pero se iba acercando la Navidad, fiesta que a ella le entusiasmaba, lo que significaba que estaríamos juntos de nuevo, al menos durante unos días.

El día de su regreso llegó, lo había preparado todo, me había puesto mis mejores galas y una gran excitación invadía todo mi cuerpo. Ruido de llaves, ya llegaba, la vi, tan guapa como siempre, extasiado me hallaba que no caí en la cuenta de que venía con bicho, si ¡con bicho! Un moreno zangolotino de ojos verdes se encontraba a su lado. Yo no entendía nada, me daba vueltas la cabeza, -no puede ser- me repetía, -no puede ser….

En un principio me mentí a mí mismo, el zangolotino no podía ser de ella, no, yo era suyo y no él pero pronto me di cuenta. Me había sustituido, me había sustituido por uno más joven. Desde ese momento mi relación cambió completamente con ella, era fría y distante aunque en este último periodo quizás me he dulcificado por aquello de la senectud, tengo principio de alzhéimer y a veces se me olvida la terrible afrenta a la que me vi sometido.

Sin embargo la sigo queriendo y nunca he dejado de quererla, el que se fuera tenía sentido y más aún que yo me quedara con todos los míos pero la aparición de “ese” fue un golpe muy difícil de superar. Con el tiempo hasta le he pillado cariño, al zangolotino digo. Es un buenazo en el fondo, me respeta como viejo que soy. Sin embargo le seguiré mordiendo las orejas hasta que se me caiga el último diente, seguiré metiendo el hocico en su comida y por supuesto y más placentero, seguiré orinando y defecando en su cajoncito hasta que el cuerpo aguante. Que se joda, siempre seré el gato de la casa y ese será el “otro”.