Los descendientes de la pata mala del Cid

Eran tres los descendientes de la pata mala del Cid. Es sabido, en un núcleo muy reducido de gente, que el Cid contaba con dos piernas, bueno, esto es sabido más o menos por todos ya que no hay constancia de que el Señor Cid fuese cojo. Lo que es sabido en ese ámbito intimo es que una de sus piernas era buena y otra de ellas mala. Nada que ver con discapacidades, solo que una era buena y otra mala, algo así como el ying y el yang en versión castellana.

Estos tres, llamados Histrionicius, Rubicundino y Fofez, eran los actuales descendientes de esa pata mala. Alardeaban de tal ilustre descendencia aunque nunca trascendía el secreto de la distinción de patas. Eran como vulgarmente diríamos, tres perfectos gilipollas.

Histronicius era el mayor del grupo, se consideraba un auténtico dandi, poseedor de una mente maravillosa, atractivo y gran conocedor de los textos de las sombres de Grey. Le seguía Rubicundino, de trato más agradable aunque bastante más sibilino que el anterior y con un físico que recordaba al Grifo, no a la llave metálica que sirve para regular el paso de los líquidos, si no a la criatura mitad águila, mitad león, pero que en el caso que nos ocupa vendría a ser algo así como la mitad superior de un querubín y la inferior de Shakira. El último, Fofez era el peor de todos, una sabandija de la peor calaña que jodía a Dios y a su padre en cuanto tenía la más mínima oportunidad.

Solían reunirse con el Rey, un tanto pusilánime para la toma de decisiones, con el fin de asesorarle sobre cualquier asunto de importancia del Reino. Para que se hagan una idea de cuan vitales eran sus consejos, les pondré un ejemplo de cada uno de los descendientes de la pata mala del Cid.

Histronicius, ente otras muchas cosas, vaya la aclaración por delante, era especialista en higiene intima “traseril”. Los culos del Reino eran de vital importancia y debían ser cuidados acorde a la casta, evidentemente. A los súbditos y demás chusma se les asignaba un trozo de arpillera de 10 x 10 cm que debía durarles 7 días. Se pueden imaginar el contrabando que había de trozos de arpillera… pero claro, bien mirado, gracias a la medida de Histronicius, el mercado, negro sí, pero mercado a fin de cuentas se había reactivado. La burguesía gozaba de la celulosa cuya calidad variaba en función del peculio de cada burgués y la realeza y demás petimetres asesores gozaban de papel de sedas. Aunque el pueblo estaba de lo más puteado, los hombres ilustres, mentes pensantes y “very important people” en general gozaban del culito de un bebé.

Por su parte Rubicundino, andaba atareado con los tenedores. Tras un análisis de aproximadamente año y medio, había llegado a la conclusión de que los tenedores de cinco puntas eran los óptimos para poder deglutir de la forma más satisfactoria posible el suflé de queso de leche de oveja merina afeminada macho. Fue un éxito rotundo, aunque para poder cambiar los tenedores de cuatro puntas por los de cinco, el pueblo vio reducido su trozo de arpillera a 5 x 5 cm, pero qué coño son 5 cm a cambio de que unos cuantos puedan alcanzar la perfección a la hora de hincarle el diente al suflé de queso de oveja merina afeminada macho.

Y lo de Fofez ya es para cogérsela con papel de fumar. Después de tres licenciaturas, siete másteres, varios cursos especializados y años de práctica ha conseguido que las cerillas tengan el color de la bandera del Reino. No me interpreten mal ustedes, no hablo de que el fuego adquiera los colores de la citada bandera, hablo del palito, del jodido palito por el que uno coge la cerilla para no quemarse. Es esa parte la que ahora luce los colores de la patria. Son un tanto más caras lo que supone que mucho súbdito tenga que calentarse la sopa a soplidos pero que chulo es, joder, quedar para disfrutar de un suflé de queso de oveja merina afeminada deglutido con un tenedor de cinco puntas, fumarse el cigarrito de después de comer, encendido con la cerilla de tu bandera y limpiarse el culo tras la deposición con papel de seda a elegir entre magenta o cobalto.

Pero oye, el pueblo como siempre dando por saco. Molestarse por calentar a soplidos y tener el culo lleno de arañazos, gentuza…

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2 pensamientos en “Los descendientes de la pata mala del Cid

    1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

      Muchas gracias!! He estado un tanto perdida por estos lares últimamente… una lesión en la mano derecha pero en breve… al ataque de nuevo. Por cierto, lo de Cohen, fantástico. Estoy convencida de que le hubiera encantado.

      Un gran abrazo!

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