Archivos Mensuales: noviembre 2014

Lo que no mata, engorda

Hacía un frío de mil pares y a Diego se le estaban helando hasta las pestañas, ya era el tercer día apostado en la misma ventana, apenas sentía su cuerpo entumecido y todavía no había conseguido nada.

Diego era fotógrafo, de esos que consiguen vivir a duras penas de la fotografía, un catálogo de una tienda de muebles por aquí, unas clases a cuatro patanes con ínfulas de Robert Capa por allá, reportajes fotográficos de eventos varios y con suerte, la venta de alguna de sus fotos estrella a la “revistucha” de turno. Pero todo eso estaba a punto de cambiar…

Hacía un par de semanas, Diego había recibido un chivatazo de su colega Marcos, se decía, se comentaba que la última semana de noviembre iba a ser movidita en lo que a política se refería, la excesiva corrupción actual estaba caldeando la opinión pública y los que movían los hilos de los partidos políticos, especialmente de aquel que gobernaba, veía como cada día que transcurría, sus pretensiones de acomodarse en el poder por un largo periodo se iban esfumando. Por lo que estaba previsto que antes de navidades hubiera unas cuantas “decapitaciones”.

Desde el soplo, Diego se había estado entrenando y equipando, a él siempre le había apasionado la investigación, de hecho no pocas noches cuando llegaba a casa reventado de las tropecientas clases que daba y se tumbaba en el sofá, se imaginaba ganando el Pulitzer. Esta era una oportunidad, quizás no para ganar el Pulitzer pero si para saltar a la palestra y empezar a hacerse un nombre de verdad.

Y llegaba el último lunes de noviembre, era hora de partir. El lugar elegido, un edificio en ruinas pendiente de restauración que estaba situado frente a la sede del gobierno y por suerte, enterito para él, cosa de extrañar por otra parte, pues por mucho que se denominara soplo, este terminaba por ser de dominio público. Pero Diego estaba emocionado y ante sus ojos solo existía una cosa, la fotografía del siglo.

Sin embargo la espera era dura, tenía sueño, hambre, estaba aterido de frío y vamos, hasta los cojones, el Pulitzer tendría que esperar. Iba a recoger sus cosas cuando atisbó movimiento en la sede. Una mujer hecha un basilisco había entrado en el despacho presidencial. La discusión era de lo más acalorada y Diego no perdía ripio de nada, clic, clic, clic, una foto tras otra. Lo único que sentía es no reconocer a la mujer de los berridos a pesar de que le resultaba muy familiar.

La escena llegó a su fin y Diego estaba exhausto y medianamente satisfecho, pues el material era bueno pero no digno del maldito Pulitzer. Así que decidió acechar un poco más, la cosa podría no pasar de ahí o ponerse todavía mejor. Dos o tres horas habrían discurrido ya sin actividad visible cuando Diego escuchó ruidos que provenían de arriba, ¿ratas?, ¿compañeros de fatigas?, no le dio importancia. Volvió a poner su ojo izquierdo en el visor cuando escucho un pum, luego un crash, el cristal del despacho presidencial rompiendose, clic, la bala atravesando, a lo Kennedy, la cabeza del presidente, clic, el presidente cayendo de bruces al suelo, clic.

Diego no conseguía reaccionar, seguía con el ojo en el visor y el dedo índice en el disparador. ¿Qué coño había pasado?. Tenía la puta foto de la muerte del presidente echa con un objetivo de 200 mm. Eso sí valía un Pulitzer. Pero antes de que le diera tiempo a despegar su cara de la cámara, sintió algo frío en la sien derecha y luego, luego nada.

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Pozo, rayo de esperanza y luego, pozo otra vez

Miro a mi alrededor y lo único que veo son caras de desprecio, otras de absoluta indiferencia y aquellas más amables, de lástima.

Todos los días llego a la misma hora, bueno, más o menos, por aquello de tener una rutina y esas cosas que dicen, parece ser, que es bueno y me acomodo en mi esquina con mi perro. Los días templados de otoño y primavera son agradables, los de verano, terriblemente asfixiantes y los de invierno, como el de hoy, para que contarles. Afortunadamente Peregrino siempre me acompaña, ese es el nombre que elegí para mi inseparable y perro amigo, y conseguimos darnos calor.

Un día tras otro se suceden siempre iguales, llegar a la esquina elegida, aposentarse, conseguir algunas monedas, lo de los billetes está complicado, de aquellos más sensibles o de los que aspiran la redención y comprar algo de comida y para que engañaarnos, toda la bebida que dé de sí la cosecha del día. Pero les puedo prometer y de hecho prometo, que Peregrino es siempre el primero en llevarse algo a la boca, pues él es el bendito que hace que me levante todas las mañanas y no me abandone al sueño eterno.

Les podría contar mi vida pero como la de tantos otros, familia desestructurada, si, pero nada del otro jueves, no se vayan a pensar…Un día estás en el sillón de tu casa deseando morirte o matar a tu padre, según el día, ya saben, y el siguiente te encuentras completamente a la deriva. Me imagino que son cosas que no ocurren de la noche a la mañana, te vas adentrando en ese camino equivocado, evitas toda señal indicativa de que estás haciendo completamente el gilipollas pero que coño, tu eres más listo que nadie y la jodida rabia no te permite discernir la realidad así que en algún momento echas la vista atrás y… no hay salida.

Por lo que aquí estoy señores y señoras míos y mías, no se vayan a cabrear unos u otras, en mi esquina con Peregrino del mismo modo que lo hacen otras almas perdidas o varadas. Pero por mucho que jodan, las almas, perdidas o varadas, son muchas y la indiferencia o esa mirada que te esta dice claramente “muere escoria” no va a erradicarlas de esta mierda de sociedad.

Pero a pesar de esa mierda sociedad, lúgubre, descreída y carente de cualquier principio, en ocasiones una mano amiga se cruza en tu camino. Fue el domingo pasado, una señora salió de la tienda que está al lado de mi esquina, se acercó y sin mediar palabra dejó en el bote un pavo y dos céntimos, ¿por qué nadie querrá las monedas de uno y dos céntimos?, y me entregó un par de chocolatinas, pero de las caras, una para mi y otra para Peregrino.

Les aseguro que algo en mi se quebró, y ya es tiempo en la calle haciendo callo. Se había fijado en mi, en la tienda pensó en mi y cuando salio de ella hizo llorar a este naufrago sin rumbo.

Me encantaría acabar estas palabras con un final feliz en plan “ello me impulso para salir del pozo negro y lleno de fango en el que me encuentro” pero no, sigo aquí, en mi esquina con Peregrino y la cosecha del día. Sin embargo hubo un rayo de esperanza en mi vida y quién sabe, podría repetirse…

Pastiche de Vendetta

Capítulo 1

No se lo podía creer, era del todo imposible, ese tipo de cosas nunca le ocurrían a él. Ni en el colegio habiendo 20 piruletas y 15 alumnos… Pero si, los números coincidían y el sorteo era el de hoy, no cabía ninguna vacilación. No obstante, era tan difícil de asumir que por una vez le hubiera sonreído la suerte…

Estaba pletórico, pero ¿qué hacer a partir de ahora?, eran muchos los “kilos” ganados, podía retirarse sin ganar un duro más y moriría con más de la mitad de la pasta. Lo primero y más importante era cobrar el dinero pero ¿cómo se hacía?, no conocía a nadie al que le hubiera tocado una millonada que le pudiera asesorar. Decidió que mañana iría al mismo lugar donde había adquirido el boleto y allí le informarían de cuáles serían los pasos a seguir.

Ahora venía lo jugoso de la situación, mandaría a tomar por el culo al hijoputa de su jefe, inflaría a ostias al compañero que le había estado tocando los cojones desde hacía algo más de 3 lustros y le escupiría en un ojo al maldito director general de la fábrica pues, tenía dinero para poder hacer lo que quisiera previo y/o post pago.

Pagaría la hipoteca a tocateja, abriría varias cuentas y crujiría a los bancos para que le dieran todo tipo de beneficios y regalos exclusivos, tiraría por un barranco la cafetera que tenía por coche, pues era uno de sus sueños, el tirarlo por el barranco, no el cambiar de coche, aunque coño, un coche de lujo también era el sueño de cualquiera, Porche, Lamborgini, Lexus, Ferrari incluso joder, ahora podía permitirse cualquier capricho.

Y ¿luego?, luego no había límites. Ajustadas las cuentas en el curro y arreglados los temas de la casa, el banco y el coche, el mundo se rendiría a sus pies. Restaurantes de lujo, viajes de ensueño, comida delicatessen, mujeres de bandera… Era lo mejor que le podía haber pasado en la vida, no cabía duda.

Capítulo 2

Nuestro afortunado amigo durmió muy mal esa noche por el estado de excitación en el que se encontraba, su mente divagaba, imaginaba, fantaseaba pero esta vez no iba a quedar en agua de borrajas. Todo hijo de vecino tenía ilusiones pero eran eso, meras ilusiones, él disponía de la varita mágica que las convertiría en contundentes realidades.

(El problema es que el ser humano suele vender la piel del oso antes de cazarlo y a menudo, olvida que si se inicia un viaje de venganza, previamente ha de haber cavado dos tumbas.)

Con tales ansias de venganza nuestro protagonista, cansado de dar vueltas en la cama, se duchó, se vistió y en vez de dirigirse a recoger el “grial” que le llevaría, en principio, a tener una vida plena, pues tampoco olvidemos que el dinero no da la felicidad aunque la compra hecha, tenerlo asegurado y ya luego pues en fin, lo que fuere surgiendo, se presentó en la fábrica. Entendible hasta cierto punto pues los muchos años de vejaciones es lo que tienen pero ¡ay! Si hubiera relativizado la cosa, otro gallo le hubiera cantado flamenco

Capítulo 3

La fábrica era un caos, gritos, gente histérica corriendo, cajas, brazos, piernas, cabezas (no se asusten, se trata una fábrica de muñecas) y papeles esparcidos por todas partes, un individuo tendido en el suelo con un tiro en el costado, otro, muerto de un tiro en la cabeza, un tercero, escondido debajo de una mesa temblando y el cuarto de los que nos compete, acurrucado en una pared meciéndose mientras repite una y otra vez, “nunca más”.

La policía y varios sanitarios irrumpieron en la fábrica, con el muerto no pudieron hacer nada salvo certificar la muerte, al herido se lo llevaron de forma urgente en una camilla, al tercero, totalmente ileso, le pusieron una manta por encima y le sentaron en una silla mientras intentaban que se tranquilizase y al último, lo esposaron y se lo llevaron detenido. Seguía balanceándose y repitiendo una y otra vez “nunca más”.

TITULAR DEL A. B. C. DE LA RAZÓN DE NUESTRO PAIS A LA VANGUARDIA DEL MUNDO EN 20 MINUTOS

E.G.P ha sido detenido por el ataque pertrechado a los empleados de Que Injusta es la Vida-fábrica de muñecas, que se ha saldado con una víctima mortal (R.C.A), un herido grave (P.T.Z.) y varios trabajadores en un estado de ansiedad considerable.

Parece ser que E.G.P. se presentó en la fábrica, donde él mismo trabajaba, al borde de un ataque de nervios, según nos ha confirmado una fuente testigo directo de los hechos. Transcurriría una media hora, nuevamente según la fuente, cuando se escuchó un tiro y luego otro, después todo se convirtió en pánico, gritos, histeria colectiva… se pueden imaginar.

No ha trascendido que llevó a E.G.P. a atentar contra la vida de R.C.A y P.T.Z. en particular y el resto de empleados en general. Actualmente se encuentra en las dependencias de la jefatura de la policía a la espera de la imputación de los cargos.

Capítulo 4

El muy gilipollas en vez de cobrar el boleto ganador, embolsarse los más de 11 “kilos”, olvidarse para siempre de la puta fábrica y disfrutar con todo lo que había planeado, no, tenía que vengarse de aquellos que le habían hecho “pupita”.

El pobre desgraciado se presentó en la fábrica, dispuesto a restregar su estrenada buena suerte y humillar, a aquellos que le habían humillado pero tantos años de sumisión, pasan factura. El presidente ni se dignó a salir de su despacho, el jefe pasó de él como de comer mierda y el capullo del compañero encima con pitorreo. Resultado: cortocircuito múltiple. Un muerto; el capullo del compañero, un herido; el jefe pasota y un ataque de ansiedad para el presidente ausente, hay que joderse que hasta en esto tengan suerte.

El caso fue que el pobre desgraciado se desquició tanto que sacó la pipa que llevaba en la mochila (que a ver, hasta jodido lo va a tener para alegar enajenación mental en el juicio, ¿para qué una pistola cielo?, realmente la llevaba por protección de cara al tema de la pasta pero el arma tenía ya unos años, y la finalidad de adquisición, para que engañarnos, haber volado unas cuantas cabezas, pero hijo haberlo hecho en su momento, no ahora que todos tus problemas, al menos los económicos se iban a resolver de un plumazo) y le calzó un tiro entre ceja y ceja al compañero (por ser muy capullo y esas cosas), al jefe también le hubiera liquidado pero el disparo no fue mortal y luego ya todo fue un cristo tremendo.

MORALEJA

Aparte de todas aquellas relacionadas con que la venganza no lleva a ninguna parte, totalmente de acuerdo. Gilipollas, si ganas 11 “kilos”, cóbralos y a vivir que son dos días. Y de paso el Valium, Orfidal, Transilium, según guste cada uno, están para algo.

De dictadores, capitanes y otros hijos de puta

Hace muchos años yo formaba parte del escuadrón…, pensándolo mejor, prefiero omitir su nombre. Digamos que formé parte de un escuadrón en alguna parte del mundo cuya misión era salvar a sus ciudadanos de malvados dictadores que pretendían someterlos a su dominio. No era empresa sencilla ni mucho menos, pero cuando nos lo propusieron mostramos un gran entusiasmo ante la idea de llegar a ser salvadores de una patria que no era nuestra.

Durante un tiempo mis compañeros y el que suscribe estás palabras dimos todo por nuestro capitán y más importante aún, por aquellos ciudadanos que necesitaban nuestra ayuda. Sin embargo a medida que transcurrían los meses nos íbamos percatando que el plan no era salvar al individuo de la dictadura, sino salvarle del dictador de la competencia.

Esto era malo pero las cosas se pusieron peor, el dictador era un hijo de puta, eso estaba claro, pero dentro de lo malo malísimo respetaba en cierta manera la dignidad tanto física como moral de los ciudadanos “salvados” sin embargo, a mi capitán se le fue la olla de un modo atroz, con tal de conseguir galones, hacía lo que estuviera en su mano para conseguir el ganado que requería el dictador. Desconozco si este estaba al corriente de las artes que utilizaba el capitán, imagino que no pero tampoco interesaba indagar, lo único cierto es que estaba ganando terreno a otros dictadores que ansiaban el control absoluto del país.

El caso es que esto hizo mucha mella en nuestro equipo, Copito de Nieve desertó prefiriendo la cárcel y la tortura que se imponía por dicha conducta, Recluta Patoso calló en combate al igual que O’Neill y a Patton lo degolló nuestro propio sargento. El resto de compañeros sobrevivió pero a un precio muy alto a excepción del maldito Judas que disfrutaba con toda la mierda que hacíamos.

Yo fui uno de aquellos que sobrevivió pero rocé la locura extrema en varias ocasiones, mi inconsciente creaba fantasías para no tener que enfrentarme a aquella truculenta farsa. Sin embargo, un buen día, con una lucidez que creo que no se ha vuelto a repetir, me juré que todos mis esfuerzos se dirigirían a reventar el puto plan del capitán, del dictador o de la madre que los pariera a todos. El resto del equipo, a excepción del capitán, el sargento y Judas, me apoyaron pero como no, desde la distancia.

Conseguí sabotear varias “salvaciones” pero no fue suficiente, el capitán estaba bien anclado y yo solo era un insignificante recluta. Nunca cejé en mi empeño así que me queda la agridulce sensación que al menos conseguí que ciertos individuos fueran libres y huyeran de las garras de los dictadores varios que acechaban. Sin embargo, como digo, no fue suficiente.

Mi capitán se fue dando cuenta de los sabotajes por mi parte ya que cada vez era más descuidado, nada me importaba ya un carajo, las cosas como son. Y por supuesto llegó el día de mi consejo de guerra. Allí salió mucha mierda, demasiada y gracias a eso, seguramente, conseguí librarme de todo cargo pero con deshonor, ya ves tú. Desde entonces he llevado una apacible vida con mis demonios, mis perros y mi pequeño huerto.

Como ya voy viendo que el tiempo apremia he decidido plasmar aquella terrible experiencia por escrito. Con un poco de suerte, caerá en manos de alguien noble que decida investigar y así conseguir que salga a la luz aquel periodo para olvidar pero que debe recordarse a fin de que no vuelva a ocurrir, ilusiones de un pobre y viejo soldado…