Lo que no mata, engorda

Hacía un frío de mil pares y a Diego se le estaban helando hasta las pestañas, ya era el tercer día apostado en la misma ventana, apenas sentía su cuerpo entumecido y todavía no había conseguido nada.

Diego era fotógrafo, de esos que consiguen vivir a duras penas de la fotografía, un catálogo de una tienda de muebles por aquí, unas clases a cuatro patanes con ínfulas de Robert Capa por allá, reportajes fotográficos de eventos varios y con suerte, la venta de alguna de sus fotos estrella a la “revistucha” de turno. Pero todo eso estaba a punto de cambiar…

Hacía un par de semanas, Diego había recibido un chivatazo de su colega Marcos, se decía, se comentaba que la última semana de noviembre iba a ser movidita en lo que a política se refería, la excesiva corrupción actual estaba caldeando la opinión pública y los que movían los hilos de los partidos políticos, especialmente de aquel que gobernaba, veía como cada día que transcurría, sus pretensiones de acomodarse en el poder por un largo periodo se iban esfumando. Por lo que estaba previsto que antes de navidades hubiera unas cuantas “decapitaciones”.

Desde el soplo, Diego se había estado entrenando y equipando, a él siempre le había apasionado la investigación, de hecho no pocas noches cuando llegaba a casa reventado de las tropecientas clases que daba y se tumbaba en el sofá, se imaginaba ganando el Pulitzer. Esta era una oportunidad, quizás no para ganar el Pulitzer pero si para saltar a la palestra y empezar a hacerse un nombre de verdad.

Y llegaba el último lunes de noviembre, era hora de partir. El lugar elegido, un edificio en ruinas pendiente de restauración que estaba situado frente a la sede del gobierno y por suerte, enterito para él, cosa de extrañar por otra parte, pues por mucho que se denominara soplo, este terminaba por ser de dominio público. Pero Diego estaba emocionado y ante sus ojos solo existía una cosa, la fotografía del siglo.

Sin embargo la espera era dura, tenía sueño, hambre, estaba aterido de frío y vamos, hasta los cojones, el Pulitzer tendría que esperar. Iba a recoger sus cosas cuando atisbó movimiento en la sede. Una mujer hecha un basilisco había entrado en el despacho presidencial. La discusión era de lo más acalorada y Diego no perdía ripio de nada, clic, clic, clic, una foto tras otra. Lo único que sentía es no reconocer a la mujer de los berridos a pesar de que le resultaba muy familiar.

La escena llegó a su fin y Diego estaba exhausto y medianamente satisfecho, pues el material era bueno pero no digno del maldito Pulitzer. Así que decidió acechar un poco más, la cosa podría no pasar de ahí o ponerse todavía mejor. Dos o tres horas habrían discurrido ya sin actividad visible cuando Diego escuchó ruidos que provenían de arriba, ¿ratas?, ¿compañeros de fatigas?, no le dio importancia. Volvió a poner su ojo izquierdo en el visor cuando escucho un pum, luego un crash, el cristal del despacho presidencial rompiendose, clic, la bala atravesando, a lo Kennedy, la cabeza del presidente, clic, el presidente cayendo de bruces al suelo, clic.

Diego no conseguía reaccionar, seguía con el ojo en el visor y el dedo índice en el disparador. ¿Qué coño había pasado?. Tenía la puta foto de la muerte del presidente echa con un objetivo de 200 mm. Eso sí valía un Pulitzer. Pero antes de que le diera tiempo a despegar su cara de la cámara, sintió algo frío en la sien derecha y luego, luego nada.

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18 pensamientos en “Lo que no mata, engorda

      1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

        Hhnormal que no entiendas nada, la primera contestación estaba dirigida a otro comentario que nada tenía que ver. Lo dicho, a ver si de esta va la vencida, muchas gracias por leer lo que escribo, que os guste y me lo transmitáis. Es lo que llevo intentando decir desde ayer de esta forma tan errática, jajjajajaja

      2. E. J. Castroviejo

        Gracias a ti, un besote. Me tenías en un brete, llevo unos días recibiendo reacciones extrañas y ya no sé qué pensar. Lo dicho, un fuerte abrazo. Tus textos me parecen maravillosamente divertidos.

    1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

      Ni si, ni no, ni todo lo contrario😝😝. Esa era la respuesta a tu comentario pero como soy así de ágil con la tecnología… Ha ido como respuesta de otro comentario…. De donde no hay no se puede sacar, jajajaja

      Responder
    1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

      Estoy totalmente de acuerdo, a vivir que son 2 días! Jajaja. Y por supuesto que seguiremos en contacto atravesar de las letras, pues para mi, no hay mejor manera. Otro saludo para ti!

      Responder

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