Archivos Mensuales: diciembre 2014

Noche de paz, noche de amor

-No joder, me niego.

-En primer lugar habla bien y cómo que te niegas Pruden, cómo no vamos a ir a cenar a casa de mi madre.

-Que no, que prefiero una muerte lenta y dolorosa a manos de un sádico hijo de puta o que me rocíen con Napalm o mira, que me corten la cabeza con un cuchillo de postre pero yo este año no paso la Nochebuena en la casa de locos de tu familia.

-Como te gusta dramatizar hijo y como te gusta reventar cualquier tipo de evento.

-Gertru, nunca te lo he dicho pero, agonizo, son muchos años pasando por la misma tortura. Y además tu hermano es un imbécil integral, se pasa todas las veladas narrando sus proezas como extirpador de almorranas, por el amor de Dios, cuando me llevo un langostino a la boca no quiero oír nada sobre las hemorroides de Paca la del bar de abajo ni de nadie, coño.

-Chico, ya sé que es un poco pelmazo a veces pero a ver, dime, ¿cuantas veces tienes que pasar por eso, dos, tres al año? Y si pones a caldo a mi hermano, espera que empiece con el anormal del tuyo.

-Deja a Inocencio en paz, al menos no da el coñazo.

-Porque está donde Cristo perdió el gorro, no te jode. Recuerda que por culpa de ese meapilas y sus disquisiciones sobre el “Infierno” de Dante, Alvarito sigue yendo al psicólogo.

-Bien, vale, admito que ahí muy fino no estuvo Inocencio pero no lo hizo con maldad, solo pretendía salvar a la criatura de las garras de su ramera y ponzoñosa madre.

-Qué bonito Pruden, qué bonito. ¿Empezamos ya con insultos?

-No amorcito, es lo que dice mi hermano, no yo, no confundamos.

-Pruden tienes que ir y punto, ya han contado con nosotros para hacer la cena. Mi pobre madre y mi pobre hermana llevan desde ayer con los preparativos.

-¿Preparativos? Ja, me rio yo. Gertru, que podré ser un calzonazos pero no tonto. Ponen los mismos langostinos rancios y anoréxicos de todos los años, el jamón de la cesta de navidad de tu cuñado y luego el CESNI (carne en salsa no identificada), que por cierto me produce acidez.

-Pues sal de frutas majo, hala, vístete que al final vamos a llegar tarde.

-Que no coño, recuerdas el año pasado, ¿verdad?

-Mira que eres exagerado hijo.

-¿Exagerado?

-Sí, muy exagerado.

-Creo recordar, si la memoria no me falla que vinieron los Geos porque pensaban que tu cuñado era un secuestrador armado (con el cuchillo jamonero) y peligroso dispuesto a degollar a tu padre. Me viene a la memoria… ah sí, los bomberos porque el pedazo bestia de tu hijo Alvarito, creo que el psicólogo no le está yendo muy bien, y el cafre de tu sobrino Agamenón, qué en coño estaría pensando tu hermana al ponerle el nombrecito, prendieron fuego al gato de la vecina y este lo propagó por casi todo el edificio. Sorprendentemente el gato salió ileso a excepción de la cola un tanto chamuscada. Y por si fuera poco, tuvo también que acudir el Samur hasta tres veces. Por Ricardo, el novio de tu prima al intoxicarse con el CESNI, son muchos los años que requiere conseguir la inmunidad a sus efectos devastadores, por el ataque de ansiedad de tu prima porque se llevaran a Ricardo y por Bernardo, el amigo de tu padre al ser atacado por tu hermano intentado extirparle una y cito textualmente, de las más admirables almorranas que ha visto en toda su vida, sí que es deformación profesional lo suyo y grave.

-Fueron cuatro los Samur que vinieron querido, has omitido tu coma etílico y chico, hasta en las mejores familias hay rencillas. Ponte los pantalones y vámonos, es la última vez que te lo digo y como lleguemos tarde Pruden, no respondo de mí, no respondo.

-Bien, tu ganas, ahora me visto pero cuenta con el coma etílico, con suerte de esta no salgo y me libro mañana del cordero antediluviano al que le supura aceite de los poros.

-Todos los años la misma historia Pruden, la misma historia… me aburres, te repites mucho. Ponte la corbata roja y vámonos ya.

-Parafraseando a Bécquer, Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja.

Fin del primer acto.

Porque a veces tanto espíritu navideño puede ser mortal, juas, juas, juas.

Cuento de Navidad. Versión Especial Extendida (con comentarios del Director)

-Feliz Navidad Vivaldo. Dijo Angelote Multicolor Bautista. Vivaldo por su parte, henchido de razón y dando buena cuenta de los langostinos con salsa rosa, emitió tres ladridos que en jerga perruna venía a significar, “Feliz Navidad querido Angelote”.

Este es el Cuento de Navidad de Angelote Multicolor Bautista y Vivaldo, de un hombre y su perro, de cómo plantamos cara a ese enemigo silencioso y a veces letal que es la soledad.

La historia tiene lugar allá por el Norte, donde un día llueve y otro también. Angelote contaba ya con 64 primaveras en su haber, era un hombre menudo, con cierta tendencia a las redondeces abdominales, agradable hasta decir basta, culto y soltero, de hecho no se le conocía ni se le había conocido mujer… Vivía en un pequeño piso muy cercano al centro (aunque dado el tamaño de la ciudad ello no resultaba complicado, lo de vivir cerca del centro, se entiende) que compartía con Vivaldo, su fiel compañero, un perro mestizo de 11 años, similar a una bolita blanca y más tierno que el día de la madre.

Aunque era 24 de diciembre, como cada día, Angelote amanecía a las 8 de la mañana y seguía la misma rutina, asearse, preparar el desayuno para los dos, él, café con leche y tostada con aceite de oliva y Vivaldo, algo de nutritivo hígado y disfrutarlo en compañía el uno del otro en la mesita camilla que Angelote tenía en el salón, al lado de la ventana que daba al mar.

Sobre las 10, cargadas las pilas y después de haber dejado todo recogido, ambos bajaban por las escaleras, tocaba el larguísimo paseo y los recados que hoy se incrementarían por ser Nochebuena. Angelote hacía tiempo que no tenía familia, al margen de Vivaldo, pero era estimado por sus vecinos ya que este en cuestión era un tipo agradable, de aquellos que se para con todo el mundo pero sin llegar en ningún caso a resultar pesado.

Lo primero sería comprar el periódico y felicitar las fiestas a Marisa, su quiosquera de toda la vida. Después café en el Albert’s para desear una feliz Navidad a Alberto y Carmela (los dueños de la cafetería en cuestión, por si no los relacionaban con el nombre del bar). Unas luces para el arbolito en el “chino” de Juanito (realmente se llama Xian Chi Yu, pero por aquello de facilitar las cosas) y comprar la cena, langostinos con salsa rosa (algo manido y hasta puede que cutre, no lo discuto pero una autentica delicatessen para Vivaldo) y la comida de Navidad, un poco de cordero.

Tras cumplir con todos los puntos del día, Angelote y Vivaldo pusieron rumbo, como acostumbraban a diario, a la casa de comidas de El Aquilino. Angelote llevaba al menos 20 años comiendo allí, por aquello de no cocinar, menú sabroso, abundante y económico, que más podía pedir. Aunque por poco la relación entre El Aquilino (el artículo determinado podríamos decir que forma parte del nombre) y Angelote se va al carajo por las reticencias de El Aquilino a que el perro compartiera mesa y menú con su dueño. Sin embargo, Vivaldo conquistó enseguida el corazoncito de El Aquilino y la estampa de “sí hombre, aquel señor del pelo cano, ese tan agradable y su perro, la bolita blanca” comiendo en la casa de comidas (valga la redundancia) de El Aquilino llevaba repitiéndose todos los días desde hacía 11 años.

Con la pancita llena, los dos subían a su casa, Angelote se ponía las pantuflas mientras Vivaldo se iba acomodando en el sofá y juntos como no podía de ser de otra forma, se echaban la siesta. Tras el sueño reparador, Angelote leía el periódico en voz alta para que Vivaldo estuviera al corriente de las noticias internacionales, nacionales y locales pero hoy iba a ser distinto. Alberto les había convidado (termino exacto utilizado por el propio Alberto pues bajo su criterio sonaba formal y festivo a la par que culto que te cagas) a pasarse por el Albert’s a partir de las 6 de la tarde para disfrutar de un pequeño piscolabis y algunos agasajos (hoy Albertito estaba que se salía en cuanto a vocabulario, un tanto petulante en plan antiguo, todo sea dicho de paso) en agradecimiento por tantos años de fidelidad.

Ya en casa, habiendo pasado un rato de lo más grato (comiendo boniato, que no, que es broma, lo del boniato digo, aunque por qué no, lo de haber comido boniato. Ya cierro el pico) tocaba preparar la cena. Angelote hirvió los langostinos, los colocó en hielo para que no perdieran tersura, preparó la mesa con el mantel de las ocasiones especiales y puso el programa de Jose Luis Moreno (me importa bien poco si ya no lo echan, es un clásico y debe, no, es vital diría yo, que Jose Luis Moreno y su programa salgan en mi cuento).

-Ya está todo listo Vivaldo, a la mesa.

-Guauff, guauf, guauuff, guau (traducción: voooy, langostinos ricos, mmmmm).

Ya sentados ambos, con sus platos llenos de langostinos y salsa rosa a rebosar, su copita de sucedáneo de Champán y el fantástico programa de Luis Moreno. Angelote alza la copa y dice:

–Feliz Navidad Vivaldo.

-Guauuu, guauff, guau (traducción: Feliz Navidad querido Angelote).

Fin

Las partes entre paréntesis y en cursiva pertenecen a los comentarios del Director y las que figuran solo entre paréntesis corresponden al traductor de ladridos perrunos (anda que serás redundante, si son ladridos serán perrunos, ¿no?), {será gilipollas el tipo este}. Disculpen la interrupción, el traductor perruno o de ladridos, como gusten, se llama Rutiguer Jacinto Valentín de los Bienaventurados Chipirones Pirenaicos y es una eminencia en estas lides (seguro… juas, juas) {Y a mí que me importa lo que creas y si lo es, déjame terminar, coño}. (vale, vale, no te pongas así). Ruego disculpen de nuevo. Por último, que no estaba previsto, la parte entre llavecitas corresponde a una servidora fuera totalmente de guion, `{servidora que ha tenido que lidiar con el Director y la eminencia del traductor, hasta los coj… me voy a brindar con Angelote y Vivaldo, coño ya}.

No era la entrada que yo esperaba de mi ayudante, pero es lo que hay amigos míos.

Porque a veces las fiestas compartidas con aquellos que más queremos son mucho más memorables que las multitudinarias, el hecho de estar rodeado de gente no implica no estar solo. Felices Fiestas a todos!!

“Fiestas populares” por Colérica. Sin el consentimiento expreso de Maniática Ideática, del Ser y ni siquiera de Clara, la del cuaderno

Maniática Ideática y Colérica habitan en un Ser, bastante chachi por cierto, a lo Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Quien suele predominar es Maniática Ideática pero a veces irrumpe en escena Colérica, llevándose todo a su paso, así en plan Katrina.

Maniática Ideática tiene devoción por los jueves, no sabe muy bien por qué, pero el caso es que le gustan y ha establecido por norma general que la publicación de El cuaderno de Clara se haga ese día de la semana, creo que a la tal Clara, la que maneja el cotarro, no le ha parecido mal pues se dice, se comenta que también tiene algo de Maniática Ideática. Sin embargo, esta tarde entró en acción Colérica. Se hallaba tranquilamente aquel Ser leyendo el periódico cuando una noticia hizo que los diques que suelen contenerla (a Colérica) se fueran a hacer puñetas. Y a pesar de ser miércoles y a pesar de que Maniática Ideática, el Ser y la propia Clara hicieron todo lo posible, no se ha podido evitar el desastre…

(Cual huracán entra en escena Colérica)

La gracia de los pueblos es para desternillarse oye, a quién no le gusta ver como despeñan una puta cabra u oveja (disculpen mi incultura en estas lides) de un jodido campanario, quién no disfruta arrancando cabezas de gansos, vivos, por supuesto, sino como que queda así como que un poco desvaidillo, quién no ha llorado, pero no de lástima y desesperación por supuesto, sino de la emoción que le embarga la visión del toro de la Vega, qué padre no ha disfrutado con sus hijos lanzando dardos (aunque los “entendidos” lo denominan soplillos) a otra mierda toro hasta desollarlo vivo…

En fin, desgraciadamente los comezanahorias de los ecologistas han conseguido prohibir en gran medida estas prácticas tan armónicas con nuestra fauna. Sin embargo quedan todavía valientes, hombres de honor, caballeros heráldicos casi diría yo, que no olvidan y de vez en cuando, como un regalo, podríamos decir que hasta divino, nos encontramos noticias como estas:

“Agentes de la Policía Nacional de la Comisaría de Lucena y Cabra, en Córdoba, han detenido este miércoles al hombre de 38 años que la pasada semana se montó en una cría de asno de pocos meses de edad que se encontraba en el Belén que el Ayuntamiento de Lucena tiene instalado en la Plaza Nueva y posteriormente falleció. La Policía lo ha detenido como presunto autor de un delito de maltrato animal.” (El Mundo. 17/12/2014).

En la fotografía se podía ver a un hombretón de esos que quitan el hipo, esto es, metro setenta a lo sumo y 140 putos kilos de peso, sudoroso, desabrochada la camisa y con pose cuasi Napoleónica encima de un pobre pollino de apenas 5 meses de vida. Ooole por ti valiente y que no se olviden esas gracias de antaño y para que ello no ocurra, ahí va mi granito de arena. Se me ha ocurrido, valiente, si tú, el que has convertido en papilla al burrito, pero así como chanza, que te voy a poner en la plaza del pueblo y con un Panzer, el modelo me es indiferente, no soy tan tiquismiquis, yo te voy a pasar por encima así con pose triunfal, verás lo que nos vamos a reír, chato.

Por suerte, Colérica ha amainado y las aguas vuelven a su cauce. Maniática Ideática ya ha cogido las riendas y mañana, como debe de ser, habrá una nueva entrada, la prevista, mucho más dulce y de espíritu navideño que la presente. Pero es que con Colérica no hay quien pueda… Y manifestar por último, de parte de todas, incluida Colérica, que los pueblos nos encantan, de hecho muchas de nosotras provenimos de allí pero como decía mi abuela, hija, que tendrá que ver los prófugos con los náufragos…

Desmontando a Heriberto

Heriberto llevaba una mala racha, bueno, peor que de costumbre, pues él era de aquellos que no nacen con estrella sino estrellados. Sin embargo, con los años se había acostumbrado a que las cosas nunca salieran como él quería. Pero lo de ahora era diferente, no había solución posible, se había muerto y de la forma más tonta posible y todo por hacer difícil lo fácil.

Pero mejor será empezar por el principio. Heriberto era el octavo hijo del matrimonio entre Dagoberto Naufrago y Filiberta Sindestino. Actualmente cuarentón, culto, de gusto fino pero sin un jodido chavo. A pesar de su cualificación, se dedicaba a dar sombra al botijo y lo digo de forma literal, estaba contratado por una empresa para ir dando sombra a los distintos botijos del resto de compañeros. Estamos en la época actual, donde existen neveras, que digo yo, más barato y eficaz sería invertir en un frigorífico, aunque sea de esos de una estrellita, que tener en plantilla a un señor que de sombra… pero será por eso por lo que mi puesto es de paleador de nubes en vez de director de empresa…

Como se podrán imaginar, Heriberto no se realizaba como sombreador de botijos, por ello dirigía todas sus cualidades a la horticultura, la presidencia de su comunidad y la archienemistad con Floro Cilla, su vecino del cuarto y según Heriberto, espía internacional peligroso y loco.

Heriberto vivía en un hermoso bajo con un fabuloso patio que dedicaba a sus hortalizas, el problema es que siempre que salía para disfrutar de ellas se sentía vigilado por Floro Cilla, el espía internacional peligroso y loco. Nunca había sido santo de su devoción, había algo extraño en el sujeto en cuestión (quizás aquello de peligroso y loco…) pero además habían tenido ciertos encontronazos, el más gordo y el que rompió definitivamente las pocas convenciones sociales que existían entre ambos fue cuando Heriberto subió hecho un basilisco a casa de Floro Cilla al descubrir su toldo quemado, este intentó por todos los medios explicar que no tenía ni pajolera de lo que le hablaba sin embargo, Heriberto sin atender a razones le escupió en un ojo. Floro Cilla, como era de esperar se lo tomó así como que un poco mal y juró venganza. Dos horas más tarde Heriberto descubría que su toldo se había quemado por su culpa, al colocar una especie de lupa para achicharrar al gusano que se comía sus escarolas (mecanismo complicado donde los haya pero Heriberto no gustaba de utilizar productos nocivos para el medioambiente). Sin embargo ya era tarde para recular y ese fue el principio de su fin.

Tras ese juramento de vendetta, Heriberto actuaba con mucha cautela pues estaba temeroso de que Floro Cilla, con toda esa experiencia en espionaje internacional y esa peligrosidad y locura, atentase contra su integridad física y/o psíquica. Pero las semanas transcurrían de forma inexorable sin que el espía moviera ficha.

Sin embargo todo se precipitó un aciago lunes. Heriberto estaba orgulloso de ostentar la presidencia de su comunidad y por ello intentaba actuar siempre de la forma más diligente posible. Ese lunes ya había hablado con Rosario para terminar de acordar el aumento del año que viene, había leído los contadores y solo faltaba abrir la trampilla que llevaba al tejado para que el martes el antenista pudiera acceder a, valga la redundancia, la antena y habilitar los nuevos canales para la resintonización que anuncian a todas horas.

Pero había un problema con la trampilla, esta estaba ubicada justo encima de la puerta de Floro Cilla y Heriberto no quería poner su pellejo en bandeja, desde la promesa de venganza hacía fu como el gato cada vez que notaba su presencia. Así que esperó a que Floro Cilla abandonara sus dominios y subió sigilosamente con su taburete para poder acceder a la trampilla pero comprobó que no era lo suficientemente alto para poder alcanzarla, por lo que bajó de nuevo silencioso y trajo consigo una de las sillas del comedor pero para su desgracia, seguía sin alcanzar la manilla. Se le ocurrió la feliz idea de colocar el taburete encima de la silla y ¡bingo! llegaba a la perfección a pesar de que el equilibrio era algo precario. Cogió la manilla pero la trampilla no cedía, tiró un poco más y se abrió de golpe, desplomándose la escalera que había en su interior, haciendo un ruido ensordecedor y una grieta descomunal en la puerta de Floro Cilla. Se iba a bajar Heriberto de la silla-taburete para hacer una evaluación de daños cuando escuchó la puerta de la calle, ¡maldición, Floro Cilla! pensó y del susto Heriberto trastabilló en el taburete-silla (el orden de factores en este caso no altera mi producto) y se precipitó al vacío. Murió en el acto.

Echando la vista atrás, Heriberto sentado en el banco a la espera de que le vengan a buscar para llevarle al limbo por gilipollas, medita sobre los últimos acontecimientos. Al final iba a tener razón el gato de la tienda de la equina “Heriberto, a veces me preocupas, un día de estos tu paranoia te va a jugar una mala pasada pero bueno, tú mismo chatín”. En fin, él, hijo de Dagoberto Naufrago y Filiberta Sindestino había nacido destrellado y estrellado pero “que me quiten lo bailao, Floro Cilla espía internacional peligroso y loco tiene una grieta en la puerta del tamaño del Mississippi. Jajajajajajajaja”.

Al hilo de “Ante el fragor de la batalla, pies en polvorosa”. Pero así, de forma subliminal

A pesar de que me considero una persona tolerante y aquello de que tus opiniones a quien coño le importe, hay cosas con las que no puedo…

NO A LAS PELEAS DE PERROS

TEN COJONES HIJO DE PUTA Y DATE TU DE OSTIAS HASTA LA MUERTE CON EL “DUEÑO” DEL OTRO PERRO. EL MENSAJE ES EXTRAPOLABLE A CUALQUIER OTRO ANIMAL.

NO AL MALTRATO ANIMAL

SI ALGO TE ANGUSTIA, CABEZAZO CONTRA LA PARED Y VERÁS QUE RELAJADITO TE QUEDAS Y COMO SE ELIMINA ESA INQUINA QUE TE CARCOME POR DENTRO.

NO AL ABADONO

SI TE DAN POR SACO LOS ANIMALES, CÓMPRALE AL NIÑO O LA NIÑA UN MÓVIL QUE QUE VERÁS COMO SE LE PASA EN UN SANTIAMÉN EL CAPRICHO DEL JODIDO CHUCHO.

Ante el fragor de la batalla, pies en polvorosa

Era el momento de apagar las linternas que nos habían acompañado hasta ese momento, nos acercábamos a nuestro objetivo y debíamos pasar sin ser descubiertos. La respiración cada vez más agitada, un sudor frío recorría mi espalda y los sentidos cada vez más agudizados. La oscuridad era absoluta y lo que nos iba a deparar aquella misión, completamente desconocido.

Hacía relativamente poco que me había incorporado al comando, en parte porque cabalgaba con sus ideas, en parte porque me había prendado hasta los huesos del líder. Su carisma, sus tatuajes y esos ojos penetrantes y decididos no dejaban indiferentes a nadie y la competencia por sus “favores” era feroz. Pero ahí estaba yo, con mis botas militares, unos vaqueros rotos y la tan manida guerrera absorbiendo toda la información que íbamos a necesitar para entrar pronto en acción y demostrar así, mi absoluto compromiso con la causa.

La cosa se estaba poniendo fea, el terreno conllevaba cada vez más dificultad, seguía sin verse un pijo, hacía un frío del carajo y el segundo de abordo había encontrado los primeros huesos, las sospechas parecían confirmarse aunque siempre podría tratarse de algún animal salvaje.

Todo lo que duró el aprendizaje y entrenamiento fue cojonudo, el líder y sus acólitos más antiguos nos transmitieron todo el entusiasmo por su lucha, nos relataron misiones anteriores, nos enseñaron heridas de guerra… Yo me sentía importante, orgullosa de ser parte de la asociación y consideraba a todo aquel que no perteneciera como enemigo, si estaba contra nosotros y en su defecto, si no lo estaba, como una triste alma conformista carente de cualquier valor.

Ya en la zona Zero, los huesos seguían apareciendo, al principio de forma dispersa, fémures, cráneos… pero a medida que avanzábamos el paisaje se volvía más desolador. Esqueletos enteros a los que le faltaba la cabeza porque había sido cortada, otros con todas las patitas rotas, también cuerpos semicalcinados… la visón era de auténtico horror y espanto.

El día anterior a la misión creo, fue el mejor de mi vida. Repartieron la especie de uniforme que llevaríamos como auténticos soldados de élite, entregaron a cada uno un espray de pimienta por si las cosas se torcían y repasamos una y otra vez el plan a seguir. Dos equipos (Alfa y Beta) de cuatro personas en dos todoterrenos, el grupo Alfa dirigido por el líder y el Beta por el segundo de abordo. Tras llegar al punto H, seguiríamos a pie con linternas hasta el punto J y a partir de allí a oscuras hasta la zona Zero, el área que se sospechaba, estaba siendo utilizado como fosa común para los perros.

Me cago en la madre que me parió que a gusto se quedó, en qué momento me mofaría yo de las almas tristes carentes de valor, joder que esto es peligroso de cojones, no me jodas. Que son mafias pero mafias de verdad, de esas con pistolas y las que no le tiembla la mano a la hora de volar la tapa de los sesos. Verás cómo muera hoy mi madre como se va a poner, hay que ser gilipollas por meterse en una de estas por unos tatuajes y unos ojos intensos, pero en que estabas pensando. Estos y otros muchos eran los pensamientos que me invadían cuando salíamos de naja tras haber escuchado los disparos.

Y llegaba el día D como me gustaba llamarlo, las 21:00 y ya en los todoterrenos, la excitación invadía todo mi ser. Iba como no podía ser de otra forma en el grupo Alfa y el líder, que conducía y mostraba sus tatuajes en los antebrazos, nos daba los últimos consejos. Tal y como se había calculado, llegamos al punto H en 40 minutos, tocaba ir a pata. Las tornas comenzaban a tomar un cariz algo más siniestro, el silencio era sepulcral y la oscuridad casi total a excepción de las linternas. El miedo se abría paso a codazos en mi interior e intentaba no quedarme muy atrás pero el ritmo era alto y mi fondo físico nulo. Tras 20 minutos alcanzábamos el Punto J lo que implicaba dejar atrás la poca luz que iluminaba el camino.

Todos estábamos sanos y salvos, al menos en lo que se refería a la parte física, la mental por el contrario fluctuaba entre el estado de sock, la crisis de ansiedad y puede que hasta la psicosis. El líder, el segundo de abordo y dos acólitos mantenían la calma pues eran perros, nunca mejor dicho, viejos, el resto, una panda de novatos estúpidos que habíamos leído cuatro cosas, visto otras tantas y creído que nos comeríamos el mundo, temblábamos cual flan de vainilla, que es aún menos consistente que el de huevo.

La misión había sido un éxito pues habíamos localizado el cementerio, la asociación llevaba varios meses detrás de una mafia dedicada a las peleas de perros con apuestas y utilizaba ese lugar para desprenderse de los sparrings, los perros que habían perecido en la pelea, aquellos con los que se les había ido la mano e incluso aquellos que habían matado por diversión. Y todo ello había sido transmitido a la policía. Pero lo que yo desconocía es que estas mafias estaban organizadas, tenían gente importante detrás y movía mucha pero que mucha pasta. Por lo que los riesgos de la asociación a la que en buena hora me uní, eran muy altos. Así que abandoné, una cosa es hacer algún grafiti, informar a todo aquel que desconoce que estas prácticas existen y no solo que existen, sino que están en auge y que coño, reunirse, vociferar y planear en abstracto y otra muy distinta, jugarse el pescuezo. Nadie puso objeción, ni siquiera me hicieron sentir, como realmente me sentía, muy al contrario, entendían perfectamente que no todo el mundo está dispuesto a asumir el peligro de tal empresa sin que ello implique que los perros dejen de importar. Pero yo me sentía como una auténtica mierda, pero una auténtica mierda incapaz de correr por unos montes llenos de obstáculos perseguidos por dos matones pegando tiros.

Afortunadamente aunque el valor escasea, esté sigue presente en alguna persona. Y el líder, el segundo de abordo y aquellos acólitos que superaron esa primera vez no dudan en poner en juego sus vidas por defender su causa.