Cuento de Navidad. Versión Especial Extendida (con comentarios del Director)

-Feliz Navidad Vivaldo. Dijo Angelote Multicolor Bautista. Vivaldo por su parte, henchido de razón y dando buena cuenta de los langostinos con salsa rosa, emitió tres ladridos que en jerga perruna venía a significar, “Feliz Navidad querido Angelote”.

Este es el Cuento de Navidad de Angelote Multicolor Bautista y Vivaldo, de un hombre y su perro, de cómo plantamos cara a ese enemigo silencioso y a veces letal que es la soledad.

La historia tiene lugar allá por el Norte, donde un día llueve y otro también. Angelote contaba ya con 64 primaveras en su haber, era un hombre menudo, con cierta tendencia a las redondeces abdominales, agradable hasta decir basta, culto y soltero, de hecho no se le conocía ni se le había conocido mujer… Vivía en un pequeño piso muy cercano al centro (aunque dado el tamaño de la ciudad ello no resultaba complicado, lo de vivir cerca del centro, se entiende) que compartía con Vivaldo, su fiel compañero, un perro mestizo de 11 años, similar a una bolita blanca y más tierno que el día de la madre.

Aunque era 24 de diciembre, como cada día, Angelote amanecía a las 8 de la mañana y seguía la misma rutina, asearse, preparar el desayuno para los dos, él, café con leche y tostada con aceite de oliva y Vivaldo, algo de nutritivo hígado y disfrutarlo en compañía el uno del otro en la mesita camilla que Angelote tenía en el salón, al lado de la ventana que daba al mar.

Sobre las 10, cargadas las pilas y después de haber dejado todo recogido, ambos bajaban por las escaleras, tocaba el larguísimo paseo y los recados que hoy se incrementarían por ser Nochebuena. Angelote hacía tiempo que no tenía familia, al margen de Vivaldo, pero era estimado por sus vecinos ya que este en cuestión era un tipo agradable, de aquellos que se para con todo el mundo pero sin llegar en ningún caso a resultar pesado.

Lo primero sería comprar el periódico y felicitar las fiestas a Marisa, su quiosquera de toda la vida. Después café en el Albert’s para desear una feliz Navidad a Alberto y Carmela (los dueños de la cafetería en cuestión, por si no los relacionaban con el nombre del bar). Unas luces para el arbolito en el “chino” de Juanito (realmente se llama Xian Chi Yu, pero por aquello de facilitar las cosas) y comprar la cena, langostinos con salsa rosa (algo manido y hasta puede que cutre, no lo discuto pero una autentica delicatessen para Vivaldo) y la comida de Navidad, un poco de cordero.

Tras cumplir con todos los puntos del día, Angelote y Vivaldo pusieron rumbo, como acostumbraban a diario, a la casa de comidas de El Aquilino. Angelote llevaba al menos 20 años comiendo allí, por aquello de no cocinar, menú sabroso, abundante y económico, que más podía pedir. Aunque por poco la relación entre El Aquilino (el artículo determinado podríamos decir que forma parte del nombre) y Angelote se va al carajo por las reticencias de El Aquilino a que el perro compartiera mesa y menú con su dueño. Sin embargo, Vivaldo conquistó enseguida el corazoncito de El Aquilino y la estampa de “sí hombre, aquel señor del pelo cano, ese tan agradable y su perro, la bolita blanca” comiendo en la casa de comidas (valga la redundancia) de El Aquilino llevaba repitiéndose todos los días desde hacía 11 años.

Con la pancita llena, los dos subían a su casa, Angelote se ponía las pantuflas mientras Vivaldo se iba acomodando en el sofá y juntos como no podía de ser de otra forma, se echaban la siesta. Tras el sueño reparador, Angelote leía el periódico en voz alta para que Vivaldo estuviera al corriente de las noticias internacionales, nacionales y locales pero hoy iba a ser distinto. Alberto les había convidado (termino exacto utilizado por el propio Alberto pues bajo su criterio sonaba formal y festivo a la par que culto que te cagas) a pasarse por el Albert’s a partir de las 6 de la tarde para disfrutar de un pequeño piscolabis y algunos agasajos (hoy Albertito estaba que se salía en cuanto a vocabulario, un tanto petulante en plan antiguo, todo sea dicho de paso) en agradecimiento por tantos años de fidelidad.

Ya en casa, habiendo pasado un rato de lo más grato (comiendo boniato, que no, que es broma, lo del boniato digo, aunque por qué no, lo de haber comido boniato. Ya cierro el pico) tocaba preparar la cena. Angelote hirvió los langostinos, los colocó en hielo para que no perdieran tersura, preparó la mesa con el mantel de las ocasiones especiales y puso el programa de Jose Luis Moreno (me importa bien poco si ya no lo echan, es un clásico y debe, no, es vital diría yo, que Jose Luis Moreno y su programa salgan en mi cuento).

-Ya está todo listo Vivaldo, a la mesa.

-Guauff, guauf, guauuff, guau (traducción: voooy, langostinos ricos, mmmmm).

Ya sentados ambos, con sus platos llenos de langostinos y salsa rosa a rebosar, su copita de sucedáneo de Champán y el fantástico programa de Luis Moreno. Angelote alza la copa y dice:

–Feliz Navidad Vivaldo.

-Guauuu, guauff, guau (traducción: Feliz Navidad querido Angelote).

Fin

Las partes entre paréntesis y en cursiva pertenecen a los comentarios del Director y las que figuran solo entre paréntesis corresponden al traductor de ladridos perrunos (anda que serás redundante, si son ladridos serán perrunos, ¿no?), {será gilipollas el tipo este}. Disculpen la interrupción, el traductor perruno o de ladridos, como gusten, se llama Rutiguer Jacinto Valentín de los Bienaventurados Chipirones Pirenaicos y es una eminencia en estas lides (seguro… juas, juas) {Y a mí que me importa lo que creas y si lo es, déjame terminar, coño}. (vale, vale, no te pongas así). Ruego disculpen de nuevo. Por último, que no estaba previsto, la parte entre llavecitas corresponde a una servidora fuera totalmente de guion, `{servidora que ha tenido que lidiar con el Director y la eminencia del traductor, hasta los coj… me voy a brindar con Angelote y Vivaldo, coño ya}.

No era la entrada que yo esperaba de mi ayudante, pero es lo que hay amigos míos.

Porque a veces las fiestas compartidas con aquellos que más queremos son mucho más memorables que las multitudinarias, el hecho de estar rodeado de gente no implica no estar solo. Felices Fiestas a todos!!

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6 pensamientos en “Cuento de Navidad. Versión Especial Extendida (con comentarios del Director)

  1. AcuarelaDePalabras

    Reblogueó esto en Acuarela de palabrasy comentado:
    Paseando por el Reader de WordPress… leí este cuento que -corriéndome un poco de su argumento, y porque las palabras generan otras- me hizo notar lo sola que me he sentido estando festejando fiestas junto con unas cuantas personas… y lo acompañada que me he sentido otras veces pasándolas con apenas una persona…

    Responder
    1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

      Yo creo que nos ha pasado a una gran mayoría, estar con par de amigos y sentirte de lo mas querido e ir a una de esas fiestas multitudinarias y ser el ser mas solitario del mundo… Conviene rodearse siempre de la gente adecuada creo yo!!

      Responder

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