Archivos Mensuales: enero 2015

A veces tengo premoniciones y a veces me cago en mi puta suerte

-No, no, no. Esto no puede estar pasando. Hoy no.-

Pero nos hemos adelantado un poco. Empezaremos como debe ser, por el principio.

Conocía a Manoli desde hacía muchos años, era el típico botijo bobalicón pero con muy mala hostia, un padre nuevo rico (evadiendo ciertas obligaciones, todo sea dicho de paso) le daba derecho según creía, a mirarnos por encima del hombro. Un poco difícil en mi caso dado que mido 25 centímetros más y ya para joder, diré que peso casi 15 kilos menos y alguna neurona más hay por ahí, pero eso es otra historia, una historia en la que nos sacamos los ojos y nos tiramos de los pelos, que ya veré si cuento o no algún día.

Bien, el caso es que Manoli, aunque ahora se hace llamar Manuela pues resulta mucho más fino, estudiaba en un colegio de pago, a diferencia de todos nosotros que lo hacíamos en uno público, ya sea por ser pobres cual ratas o por la firme convicción de que la enseñanza pública siempre es mejor que la privada. Y mientras en su colegio, Manoli era vituperada por todos sus compañeros, con nosotros la cosa cambiaba “Que si me voy a ir a estudiar a la universidad más prestigiosa de Capital City, que si tengo que aprender inglés en Miami (en fin, para aprender inglés no sé si es el sitio más indicado, por aquello del número tan elevado de hispanohablantes), que si paso de la litrona por el “Cosmo”. Cosillas que fueron minando ciertas morales.

Antes de cortar casi definitivamente cualquier relación con Manoli, pues mi instinto homicida crecía de forma alarmante y lo de la cárcel como que me hacía poca gracia, me reveló su verdadero sueño. Ella quería casarse, vivir en alguna ciudad costera, tener niños y hacer mermelada, yo ojiplática que me quedé oye, pues aunque sabía que era de ese tipo de mujeres, de aquellas que han nacido para ser la esposa de Fulano o Mengano (cosa que respeto, por supuesto) no era de aquellas otras que lo manifestaba, ya que por aquel entonces, Manoli no andaba en sus mejores momentos en lo que respectaba a la caza de marido y además, la moda marcaba que había que convertirse en una mujer altamente cualificada para ser una empresaria de éxito totalmente autosuficiente.

La cosa quedó así, ella se marchó a la universidad prestigiosa de Capital City, yo me quedé en nuestra universidad pública, ella encontró un trabajo fenomenal de la muerte, yo emigré para encontrar un hueco donde caerme muerta, ella regresó por aquello de que Capital City era terrible, yo me fui a Capital City a combatir dragones. Lo típico, las vueltas que va dando la vida a medida que se van sumando años en tu haber. He de decir que todo esto lo he ido sabiendo por “fuentes de información” que tenemos en común pues trato como ya he dicho antes, más bien poco por aquello de los instintos homicidas.

Llevaba tiempo sin tener noticias de Manoli, cuando un buen día, llegando a casa deslomada de domar dragones, vamos progresando, por cierto, me encontré una carta en el buzón. Me asombré mucho ya que solo recibo cartas del simpático Heraldo Público, las facturas de la luz, pues la compañía del gas y la telefónica se han modernizado o reducido costes y ya ni siquiera le envían a una la factura, y tropecientos menús de comida china. La abrí con cierta emoción, pues he de confesar que se me pasó por la cabeza la nominación al premio Pulitzer o al menos, el premio de consolación de Tiradillos de Cotolengo, cuando me encontré con lo siguiente:

TENEMOS EL PLACER DE INVITARTE A NUESTRA UNIÓN (¡anda coño!, pensé. Qué bien, qué fenomenal, 150 pavos de nuevo y eso si puedo repetir vestido y zapatos porque ya van tres cochinas bodas con el mismo trajecito. Las batallas de dragones que no dan para mucho, ya saben).

RUPERTO Y MANUELA (sin comentarios…)

EN LA MANSIÓN DE VILLACOSTERA DE LA REAL FRONTERA (genial, a parte de los 150 euros, nuevo vestido, pues repetir quedaba descartado sabiendo de quién se trataba, me toca viaje y hotel)

EL 29 DE AGOSTO DE 2014

NÚMERO DE CUENTA: XXXX XXXX XX XXXXXXXXXX (al menos lo ponen fácil…)

Los días fueron pasando y la fecha de la boda llegó. Y allí estaba yo, con mi vestido nuevo con la etiqueta, pues pensaba devolverlo, esperando en el hotel a que el autobús alquilado por los novios viniera a recogernos. El paraje, he de decir que era realmente fantástico, el único inconveniente desde mi punto de vista y dado lo que se estaba demorando el transporte, era el prostíbulo que había enfrente, no porque tenga nada en contra de los lupanares en general, si no por los muchos invitados que tras la larga espera, se adentraban en Los Jardines del Edén y no es que me haya dado simbólica ahora, si no que así era como se llamaba el puticlub.

La cosa fue degenerando, allí no venía nadie a buscarnos y cada vez había menos invitados, Solteros, solteras, parejas, el padre de la novia… iban abandonando el punto de encuentro. No sé ni cómo, bueno el como si, por teléfono, pero no el por qué de que Manoli se pusiera en contacto conmigo. Resulta que el autobús nos recogía en la parte trasera del hotel, es de cajón que nosotros estábamos en la delantera y dado que allí no aparecía nadie, los dos choferes habían decidido subir hasta la íntima capilla para comunicar que el índice de asistencia era más bien escaso por no decir nulo. Manoli estaba al borde de un ataque de nervios y mandaba de nuevo echando leches los autobuses para abajo.

– ¿Pero en la parte trasera o delantera?- Pregunté.

–En la trasera, tan difícil es de entender- Me contestó.

–Supongo que no es difícil de entender, lo que si veo complicado es de adivinar pero bueno… ¿Y cuánto tiempo tengo para reunir al ganado?-

-¿Reunir a quién?-

-A tus invitados.-

-¿Cómo que reunir a mis invitados? ¿Se puede saber dónde están?-

-Pues verás, tardaba tanto el autocar que alguno o mejor dicho, varios de ellos, se han ido enfrente, a tomar algo…-

-Enfrente del hotel no hay nada, solo un puticlub.- me espetó Manoli.

-En efecto, allí los tengo a todos o casi.-

-¿Vamos a ver, me estás intentado decir que varios de mis distinguidos invitados están en el puticlub pasando el rato antes de mi boda?-

-No lo intento, te lo estoy diciendo. De ahí que te pregunte de cuánto tiempo dispongo aunque no sea mi problema.-

-Esto no puede estar pasando, es mí día, mi día, ¿has entendido? Por favor te lo ruego, recopila invitados. No podéis demoraros más, el cura se está impacientando, en menos de 20 minutos están allí los autobuses, parte trasera, recuerda.-

-Manda cojones. Está bien, haré lo que pueda.- Y colgué.

Desde tiempos inmemoriales recuerdo que mucho me han tachado de carácter complicado pero joder, para desfacer entuertos siempre me llaman. Apiadada de la mema de Manoli, finalmente entré en Los Jardines del Edén, en la recepción, una chica muy mona me preguntó que en qué podía ayudarme, le explique mi problema y muy diligentemente, cogió un megáfono.

BUENAS TARDES, LES SALUDA ATENTAMENTE AMBARINA, RUEGO, DISCULPEN LAS MOLESTIAS ESTIMADOS CLIENTES PERO AQUELLOS QUE OSTENTEN LA CONDICIÓN DE INVITADO A LA BODA DE RUPERTO Y MANOLI, DEBEN SABER QUE SOLO DISPONEN DE 10 MINUTOS PARA FINALIZAR Y ATUSARSE. LA HORA DE RECOGIDA ESTÁ PREVISTA PARA LAS 9. NO SE RETRASEN. GRACIAS.

Agradecí encarecidamente la ayuda de Ambarina, facilité el nombre completo de Manoli y Ruperto por si quería cobrarse los servicios de guía y me dispuse a esperar. Poco a poco los invitados iban bajando, despeinados, descamisados, alguna bragueta abierta, restos de carmín, manchas de semen y dos bragas desaparecidas. Podía ser peor. Estaba terminado de contar para confirmar que la totalidad de invitados estaba completa cuando caí en la cuenta de que nos faltaba Fulgencio, el padre de Manoli.

Iba a recurrir de nuevo a Ambarina cuando un bigardo de 2 metros, ataviado únicamente con un escueto tanga de lentejuelas verde lima y una boa rosa fucsia, llamado Delito, bajó como una exhalación gritando “está muerto”. No me jodas pensé. A veces tengo premoniciones y a veces me cago en mi puta suerte. Supe de inmediato que se refería a Fulgencio y en efecto. Subimos a la habitación y allí estaba el pobre hombre, tieso en la cama, con los pantalones y calzoncillos bajados hasta las rodillas y una erección de mil demonios.

Pedí un vaso de ginebra, lleno hasta los bordes, encendí un cigarrillo y cogí el teléfono.

-Manoli, ¿lo quieres sutil o directo?-

-No me toques el coño y dime que están todos.-

-Mira que siempre has sido soez, hija. A ver, los tengo a todos más o menos pero hay, hay un problema con tu padre….-

-¿Qué le pasa a mi padre?- Chilló

-Pues que lamentablemente ha fallecido.-

–No, no, no. Esto no puede estar pasando. Hoy no. Maldito cabrón hijo de puta comepollas. ¿Y qué piensas hacer?-

-¿Cómo que qué pienso hacer?, el padre es tuyo, no mío. Habrá que llamar a la policía digo yo.-

-Ni se te ocurra ¿me has entendido?-

-¿Perdona?-

-Que ni se te ocurra, yo hoy me caso como que me llamo Manuela Alcornoque Soteras, así que habla con quién sea necesario para resolver el problema. Tendrá que quedarse allí hasta que acabe el convite.-

-Pero ¿no es el padrino? Además de tu padre, lo digo por el cariño y esas cosas…

-Sí, claro, eso va a ser un problema. Pero todo el mundo sabe que está enfermo del corazón por lo que es factible que tanta emoción le haya afectado y por tanto no pueda acudir a la ceremonia. ¿no?. Haremos lo siguiente, habla con quien haga falta para que trasladen el cuerpo al hotel. Cuando lleguemos habrá muerto plácidamente en su cama el día de la boda de su hija en vez de dando por culo a algún chapero.

-Me cago en San Pito Pato.-

-Perdona, ¿qué dices?-

-Nada, olvídalo. No es tan fácil de conseguir si no hay por medio algún incentivo, no sé si me comprendes…

-Lo que haga falta, ¿me oyes?, en la cartera de mi padre debe haber dinero en efectivo y si no, saca lo que necesites con la tarjeta, el pin es xxxx.

-A sus órdenes Generala Manoli.-

-Manuela, si no es inconveniente.-

-Pues mira, hoy si es inconveniente.- Y colgué.

Al final lo más difícil fue vestir al muerto, por aquello de ciertos problemillas de rigidez. En cuanto saqué el “cheque en blanco” (lo que necesites había dicho Manoli, si no recuerdo mal) Ambarina y Delito estuvieron dispuestos a cooperar. A todo esto los invitados se habían ido a la boda que ya se estaba celebrando mientras los tres mosqueteros, esto es, Ambarina, Delito y una servidora, trasladaban al pobre Fulgencio en la silla de ruedas que Delito había sacado de sus aposentos, preferí no indagar, hasta el hotel.

Llegué a la mierda de convite a las tantas, eso sí, con Ambarina y Delito como acompañantes ya que habíamos estrechado lazos, es lo que tienen estas cosas. Y tras cinco, seis o puede que fueran siete cubatas, conseguí empezar a divertirme y rozar el coma etílico, las cosas como son.

Por arte de birlibirloque, aparecí en mi cama al día siguiente con un dolor de cabeza terrible, unas ganas de vomitar espantosas y un ramo de flores sobre la mesilla. El ramo contenía dos sobres, en uno de ellos había 10.000 euros en billetes de 500, en el otro una tarjeta.

POR LAS MOLESTIAS.

Manuela.

Y yo que creí por un momento que me había estrenado como puta de lujo…

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Muerte de un juez

Era un trabajo sencillo el encargado, entrar, despachar y salir, algo que había hecho innumerables veces. Sin embargo, aquella tarde todo se truncó. En el umbral de la puerta, Vicente Puñales se quedó paralizado, algo en su interior había hecho click, no sabría explicarlo. Acto seguido, una gran presión en el pecho, la respiración cada vez más dificultosa y una especie de garra invisible alrededor del cuello. El pánico se apoderaba a pasos agigantados de todo su ser, solo podía pensar en huir de allí. Necesitaba salir, irse, correr, gritar, perder el conocimiento, casi mejor.

Llevaba deambulando un buen rato, cada vez más asustado, se estaba muriendo, no cabía duda. Acojonado hasta límites insospechados, Vicente Puñales decidió acercarse al hospital donde, transcurridas cinco o seis horas al borde de la muerte, le tomaron la tensión, le dijeron que el estrés era muy malo y le endilgaron una receta de clorazepato. No daba crédito, llevaba infartado o algo peor desde hacía ni se sabía y lo único que había conseguido era una caja de ansiolíticos. Él no necesitaba nada de eso, era un témpano de hielo, un tipo duro, un brazo ejecutor, cómo coño iba a creerse que lo que había sufrido era un ataque de pánico.

Solo quedaba aceptar la muerte, el final para Vicente Puñales, así que hizo una parada en el supermercado, compró dos botellas de whisky, pues las penas con alcohol siempre son menos y se dirigió a su estudio. Debía llevar tres cuartas partes de la primera botella cuando cayó redondo en el sofá.

Riiiiiing, riiiiiiing, sonaba una y otra vez el teléfono. Vicente Puñales seguía tirado en el sofá, roncando como un cerdo. Serían las once y media de la mañana cuando finalmente abrió los ojos. “La madre que me parió, estoy vivo” fueron las primeras palabras que de su boca salieron, transcurridos los cinco minutos de rigor para discernir quién era y dónde estaba. Sin embargo, eso ahora no le tranquilizaba en absoluto.

El teléfono volvió a sonar, Vicente Puñales sabía perfectamente de quien se trataba, Rico, un Rico que querría en estos momentos desollarle vivo.

-¿Qué coño ha pasado Puñales? Más te vale tener una buena y creíble explicación y por supuesto hoy terminarás el trabajo. Me juego mucho en esto, lo sabes y créeme que como algo me salpique, te jodo vivo.-

-Rico, verás…- Vicente Puñales no sabía muy bien cómo justificarse y las palpitaciones volvían a hacer su aparición. – Ayer, ayer casi la palmo, ¿sabes?-

-¿Cómo que casi la palmas Puñales? ¿No habrá habido ningún incidente con el Carnicero? Sabes que las cosas andan tensas y no está el horno para bollos, me cago en…-

-No Rico, tranquilo, por esa parte ningún problema, el Carnicero sigue con sus chuletas y no se me ocurriría usar el horno. Es, es el corazón, está fallando, tuve que ir al hospital y todo.-

-No me jodas puñales, no me jodas. Bueno, ¿y qué coño le pasa a tu corazoncito?-

-Pudo haber sido un infarto.-

-Pero estás vivo, ¿no?-

-Si, pero la muerte rondaba cerca.-

-Pues nada Puñales, oye tú con calma, no te me vayas a estresar…-

-Eso estaría bien, una temporada de descanso, quizás unas…-

-Tú estás gilipollas ¿no? Lo mismo sí que te ha afectado la mierda esa del corazón que dices pero a tu puta cabeza. Mira Puñales, no me hagas perder el tiempo, esto no es un empleo con nómina, vacaciones y seguridad social ni un jodido club social, así que mueve el culo y despacha el encargo con la rapidez y limpieza que te caracteriza, porque de lo contrario, te prometo que…-

-Tranquilo Rico, estaba bromeando. Tenlo por hecho.- Se apresuró a decir Vicente Puñales.

-Más te vale hijo de puta.- Y Rico colgó.

“Estoy jodido pero bien jodido” no paraba de repetirse una y otra vez Vicente Puñales. Un infarto no había sido, por lo que la doctora podría tener razón pero, por qué coño a estas alturas de la película sufría un jodido ataque de pánico. ¿Y si esto se repetía?, hoy tenía que liquidar a ese pobre diablo pero ¿y si no era capaz?, tendría que serlo, la otra opción no estaba en sus planes. Solo imaginarse atado a la cama de un hotel de mala muerte con los intestinos por el suelo le helaba la sangre.

Noticia de última hora: El juez P. D. E. ha aparecido muerto en su domicilio, aunque en un principio se barajaba la hipótesis del suicidio, está se ha descartado rápidamente tras la primera inspección ocular de la policía. En el domicilio del finado había evidencias suficientes para poder afirmar que ha sido un homicidio. “Una auténtica carnicería” ha declarado el Inspector jefe. Parece ser que fueron necesarios hasta cuatro tiros en la cabeza para acabar con la vida de P. D. E.

A Vicente Puñales no le quedaba otro remedio, debía confiar en que aquello, fuera o no un ataque de pánico, no le volviera a suceder. Con la mayor calma que pudo, se puso el traje de faena, guardó todo lo necesario en su bolsa, cogió el coche y se dirigió al domicilio del juez que debía liquidar.

La cosa pintaba cada vez peor, taquicardia, opresión, garra en el cuello, los síntomas volvían a reaparecer y ese sentimiento de huida era cada vez mayor. Pero Vicente Puñales sabía lo que le esperaba sí no lograba cumplir con lo pactado, por lo que como buenamente pudo, entró.

La casa estaba a oscuras, todo parecía indicar que este estaba durmiendo. Vicente Puñales se acercaba sigilosamente al dormitorio cuando la puerta, que debía ser del baño, se abrió de golpe. Los nervios estaban a flor de piel para ambos, el juez tenía la cara desencajada pero Vicente Puñales era un poema, sudaba, temblaba, balbuceaba y parecía que hasta gimoteaba. Como pudo asió al juez, no sin esfuerzo, pues este se revolvía como podía, para finalmente dejarlo en un estado de “semi inconsciencia” con una especie de narcótico que transcurrida una hora no dejaba rastro.

El plan era el que tantas veces había ejecutado, disparo en la sien para que pareciera un suicidio pero hoy no era el día de Vicente Puñales. Además de todo el catálogo de síntomas del día anterior, ahora también sentía las manos dormidas y le sudaban, a duras penas conseguía mantener la pistola firme. El primer fogonazo solo despeinó al juez, el segundo penetró en el cráneo pero a saber dónde, porque el fulano se revolvía cada vez más presa del terror, a pesar de la “semi inconsciencia”. El tercero le voló una oreja y con el cuarto consiguía rematar. Lo que se dice una nefasta faena pero el trabajo estaba hecho. Vicente Puñales dejó el cuerpo como pudo para que no se viera la catástrofe y salió zumbando, pues convencido estaba de que terminaría por desmayarse allí mismo.

Ya en el estudio, se calzó dos vasos generosos de Whisky para templar los nervios y llamó a Rico.

-Está hecho.-

-Lo sé, a la cuarta.- Contestó Rico.

Todavía con el teléfono en la mano, Vicente Puñales oyó un ruido detrás de él, volvió la cabeza y un impacto le dejó, primero ciego, luego sordo y finalmente grogui.

Noticia de última hora: Se ha encontrado hace escasos minutos un cuerpo en el motel Normanbates, la escena es dantesca según fuentes cercanas. Todo apunta a que podría tener relación con la muerte de P. D. E. Seguiremos informando.

Ya en casa, Rico sentado en su sillón de cuero apuraba un vodka y un cigarro mientras le daba vueltas al último trabajo. Había perdido al que hasta ahora era su mejor hombre pero como un caballo de carreras, si se rompe una pata, caput. El caso es que todo estaba resuelto y podía informar a su cliente.

-Hola, soy Rico. Ya está hecho. No han quedado cabos sueltos.-

-Te equivocas, queda uno, tú.-

PUM

Clavel Reventón Disfrutalavida, antes conocida como Margarita Sempiterna Mustia

Como cada día, da igual que lloviera a cantaros, hiciera un frío pelón o Lorenzo (me refiero al Astro Rey, no a un fulano cualquiera) estuviese fogoso, Margarita Sempiterna Mustia cogía su bolso y se dirigía a alguna de las cafeterías predilectas. Su elección se basaba únicamente en una cuestión, debían disponer de una terraza cubierta para poder acompañar su expresso con algún que otro pilboro light. Una vez sentada, con la taza humeante delante y el primer cigarrillo encendido, sacaba su libreta y se disponía a escribir.

“Marie harta de su marido, un viejo hosco carente de cualquier atisbo de romanticismo, decidió arrojarse a los brazos de Marcelo, uno de los pescaderos del mercado. Lleva tiempo observando esos ojos negros, su tez morena, unos brazos firmes y musculosos que decapitaban besugos y merluzas, limpiaban pulpos y calamares y luchaban fervientemente con centollos y cigalas.

En un principio se había contentado con fantasear con Marcelo de forma inocente, un paseo por el parque, un refrigerio en algún café del puerto, quizás rozar sus manos cuando él la acompañara a casa… pero poco o poco, esos sueños despierta la dejaban insatisfecha, necesitaba más, un beso húmedo y profundo, un roce en…”

No, no, no, solía repetirse mentalmente Margarita, mientras cerraba bruscamente su libreta. Qué pensaría su marido [en fin…], sus hijos, vecinos… Cómo se le había ocurrido presentarse al X Certamen de Novela Erótica del Ayuntamiento de Meapilotas del Ferviente Frígido. Sin embargo, había, no, más bien sentía un impulso interior que le llevaba a escribir todas las mañanas. El hecho de su marido la tuviese por una vulgar “fregona” que había parido 7 hijos y por además, satisficiera sus “pasiones más salvajes” con cualquier otra, debían contribuir a ello fervientemente.

La historia la tenía medianamente estructurada, una joven hermosa en manos de un vil barón [referido al título nobiliario, no a nuestra condición masculina, que quede claro, aunque la otra es con V pero por si las moscas que nunca se sabe] con dinero, pues ya sabemos que abundan muchos sin un puñetero chavo, que le hacía marchitarse a pasos agigantados. Sin embargo, un buen día aparece ese rayo de esperanza materializado en un auténtico hombre pero de origen humilde y sin recursos económicos. La atracción entre ambos crece de tal modo que finalmente sucumben a sus pasiones más salvajes. Luego la cosa se lía, evidentemente, pero el amor triunfa. Una novela romántica al uso pero con más dosis de erotismo que las habituales, algo así como “Las Luces [más bien pocas, juas, juas] de Gris” pero de época y con gusto. Sin embargo, cuando intenta plasmarlo en el papel, las altas dosis de erotismo se entiende, se cortocircuita, el rubor le invade todo el cuerpo y ello le impide proseguir con la historia. Por lo que llevaba atrancada con las fantasías ardientes de Marie desde hacía ni se sabe, porque antes del X Certamen, estuvieron el IX, el VIII y el VII.

Pero la vida de Margarita Sempiterna Mustia iba a cambiar de forma repentina.

Un día, como hubiera podido ser cualquier otro, su amiga Geranio Marchito Yaquisierastumaridodeloscojones, [su madre era de origen oriental o griega, bueno que no era de aquí] le propuso una salida nocturna. En un principio Margarita se opuso en rotundo, llevaba sin trasnochar décadas, no tenía vestuario, le faltaba espíritu y además era abstemia, gran contraste con Geranio, mujer que podía beberse tres botellas de vodka sin apenar trastabillar [pues lo mismo era rusa carajo, la madre]. Sin embargo, la insistencia de la amiga, la de sus hijas y la llamada de su marido indicando que debía pasar esa noche y la siguiente fuera por una convención repentina de alfileres con punta chata hicieron que cualquier resistencia al plan se quebrase y pon ende, accediese hasta de buen grado.

Qué había hecho con su vida, pensaba Margarita Sempiterna Mustia que se había convertido en un abrir y cerrar de ojos en Clavel Reventón Disfrutalavida. El hecho es que después de dos mai tai y tres bailes con un mulato de toma pan y moja las ideas aunque un tanto ebrias, pues recordemos que la mujer era abstemia desde hacía 53 años, vamos desde que había nacido, estaban claras, mandaría a hacer puñetas al golfo de su marido y escribiría de una vez por todas su opera prima a la que titularía “Amor en temporada de merluza”.

Y joder si lo cumplió, el día siguiente, a pesar de la resaca, Clavel Reventón Disfrutalavida, anteriormente conocida como Margarita Sempiterna Mustia, tiró por la ventana las cosas de su marido, cambió la cerradura de la puerta y le envío el siguiente whatsapp:

“Querido te puedes ir a tomar por culo, igual hasta te gusta. Ya ves, me he liberado. Tus cosas, en el parque de debajo de casa aunque cuando llegues de la “convención” igual las tienes que luchar con esos sucios harapientos como tú les llamas pero que no veas como distinguen un Armani de un Carrefour. Lo dicho, mi abogada se pondrá en contacto contigo para el divorcio, Bye”.

En los sucesivos días fue a la peluquería para cambiar de look, arrasó en las boutiques de la calle Cuasicentral y se estudió a fondo el Kamasutra, adquirido en una pequeña librería, también de la calle Cuasicentral, regentada por un bigardo rubio muy ducho en el tema dispuesto a ilustrarla en cuanto quisiera, para terminar “Amor en temporada de merluza”.

Y así fue, la terminó y “Amor en temporada de merluza” fue galardonado en el X Certamen de Novela Erótica del Ayuntamiento de Meapilotas del Ferviente Frígido con el tercer premio, nada menos que un viaje a Picantitos de Arroyos del Frenesí para dos personas, un suministro de profilácticos para un año [o diez, dependiendo de cada cual] y 3.000 euros. Clavel Reventón Difrutalavida, anteriormente conocida como Margarita Sempiterna Mustia, se llevó al bigardo rubio y el Kamasutra debajo del brazo a Picantitos de Arroyos del Frenesí y parece ser, se comenta, que regresaron con menos de la mitad del suministro de profilácticos para un año [o 10 coño].

Añadir que una editorial independiente vio un gran filón en “Amar en temporada de merluza” y no se equivocaba, fue un verdadero best seller, que hizo ricos a editorial y escritora. De hecho se va a estrenar la película con actores del caché de Escarlata Johannesburgo en el papel de Marie, Jorge Clónico, esta vez como el vil barón [raro, raro…] y Colins Farragoso como no podía ser de otra forma, interpretando [ya quisiera…] a Marcelo. Como casi toda gran producción, un poco bodrio pero mucha pasta, lo que conllevó más cuartos para Clavel Reventón Disfrutalavida, anteriormente conocida como Margarita Sempiterna Mustia.

Actualmente Clavel Reventón Disfrutalavida, anteriormente conocida como Margarita Sempiterna Mustia, se encuentra en pleno proceso creativo con su segunda novela, “Tiempo entre lechuzas”. Algo así como una joven hermosa obligada a casarse con un tratante de pieles cruel pero harta de su violencia y falta de amor, cae en los brazos del fornido aunque sensible criador de lechuzas con el que la pasión es tal que el Kamasutra se les queda pequeño… Suena a consolidación como escritora… ahí lo dejo.

Aviso a navegantes, aunque le he tenido amordazado la mayor parte del tiempo, creo que el Director (podrán identificarle porque siempre va entrecorchetado), sí, aquel de los comentarios del Cuento de Navidad, ha colado alguna de sus “genialidades”. Dado que soy pobre y no dispongo de editor ni corrector, ajo y agua si ven alguna gilipollez de las suyas y no me responsabilizo de sus declaraciones. Hala y para casa ya, que esto se ha terminado.

Próximamente en el Cuaderno de Clara…

Fucsia vuelve a atribularse

Mi mujer lleva una doble vida

Torquemada no estaba muerto, estaba de parranda

La estupidez humana en estado puro

Y mucho más, a partir del jueves 15 de enero de 2015.

Así, entre ustedes y yo pero sin que salga de aquí, decirles que hemos tenido ciertos problemillas. Aunque menuda novedad. Resulta que el jefe de contenidos del Cuaderno de Clara y el creativo han tenido por decirlo de algún modo, ciertas diferencias. Este último, para que engañarnos, es un poquito bastante gilipollas y el jefe de contenidos ha dicho hasta aquí hemos llegado.

La directora del Cuaderno de Clara, harta de tanta “tontá”, ha enviado al creativo y al jefe de contenidos, de una patada en el culo más o menos, a una de esas jornadas donde los trabajadores estrechan lazos, se empapan de espíritu de superación y por supuesto, aprenden a trabajar en equipo. Normalmente los que vienen, lo hacen renovados y dispuestos a trabajar duro codo con codo pero siempre hay excepciones.

Las jornadas deberían haber durado 2 o 3 días a lo sumo, sin embargo, ciertas dificultades técnicas han provocado que la cosa se demore en demasía. Les cuento, según mis fuentes, parece ser que las actividades no se estaban desarrollando normalmente. Algo así como puenting sin cuerda, sogas alrededor de algún que otro pescuezo, arsénico en el café o puñetazo va y puñetazo viene… En fin, pequeños detalles, sí, pero de aquellos que impiden la cualificación como apto para el trabajo en equipo.

Las últimas noticias que me han llegado indican que la Directora, algo molesta, se ha presentado en el lugar donde se están celebrando las jornadas y ha dado a jefe y creativo un, por decirlo de alguna manera, cierto incentivo, esto es, o vienes con un jodido apto o te pongo de patitas en la calle. Y ya saben ustedes lo que cala este tipo de incentivos en los trabajadores. Por lo que patadas, escupitajos y mamporrazos parece ser que han llegado a su fin. No obstante la cosa va lenta y de ahí que la directora con mucho sentido común haya fijado la fecha para el jueves 15.

Veremos si podremos o no estrenar… Y yo me voy volando que ya me he ido demasiado de la lengua pero es que, tenía que contárselo.