Archivos Mensuales: febrero 2015

Cierre del Ciclo: San Valentín debe morir. “Un pasajero oscuro”, que no “El pasajero oscuro”. Por Alfredo Jichos, que no por Timoteo Furton.

Querido público, he de comunicarles que nuestro estimado Timoteo Furton, ha tenido un desafortunado accidente. Se encuentra estable dentro de la gravedad, pero sus heridas han impedido que pudiera acudir esta noche y lo que es más importante, que no haya podido presentar “El pasajero oscuro”.

De hecho, el accidente tuvo lugar mientras se documentaba para la elaboración del relato. Se encontraba en la Estación de Pinto o Valdemoro, no recuerdo, cuando de repente un gato negro se cruzó ante él. No es que Timoteo Furton sea supersticioso, al menos, no en lo que respecta a los gatos negros. El problema radica en la veneración que les profesa, cada vez que atisba uno, debe presentarse ante ellos con absoluta y total devoción.

Para ello, no se le ocurrió otra cosa que perseguir al felino por toda la estación de tren. Este, cansado del señor desquiciado que llevaba una especie de nido en la cabeza, se metió discretamente en la bolsa de viaje, que un agradable joven tenía en el suelo mientras esperaba el cercanías. Cercanías que estaba haciendo su entrada en ese preciso momento.

El agradable joven, un individuo de dos por dos, lo que viene a ser un armario ropero, se subió al tren con la bolsa y el gato escondido. Timoteo Furton hizo lo propio, pues a pesar de que el gato había metido el cuerpo sin que aquel lo apreciase, no había caído en la cuenta de la cola y Timoteo Furton se había percatado.

Los tres estaban en el tren, Timoteo Furton dos vagones más atrás que el otro par, pero decido a no cejar en su empeño, llegó hasta donde estaba el objeto de su fervor. El agradable armario estaba sentado con su bolsa en las rodillas al lado de una venerable anciana, que recordaba a la madre de Norman Bates. A Timoteo Furton los ojos le hicieron chiribitas, un gato negro, un hombretón de noble corazón y una anciana con pinta de sangrienta homicida, tenía ya el argumento de “El pasajero oscuro”.

Empezó a bosquejar una serie de ideas, cuando un ligero temblor interrumpió su proceso creativo. El temblor aumentaba y la gente se asustaba, lo que había comenzado como estupefacción había derivado en pánico colectivo.

Lo que pasó después, no está muy claro. Aunque todos los testigos coinciden en que Timoteo Furton perdió la cabeza. Cogiendo versiones de aquí, de allá y acullá, hemos llegado a la conclusión de que lo más factible es lo que a continuación se relata.

Aunque no es sabido por muchos, Timoteo Furton sufre de una claustrofobia que roza límites insospechados, pero también es tan despistado, que como suele decirse coloquialmente, no pierde la cabeza porque la lleva pegada al cuerpo. Timoteo Furton con el lío del gato y el relato, perdió la noción espacial y no fue consciente de que se encontraba en un tren de cercanías a la hora punta de salida. El temblor le hizo percatarse y bueno, las cosas se pusieron feas.

El pobre hombre comenzó a chillar desgañitándose la garganta mientras intentaba asir la bolsa donde, recordemos, se encontraba el gato, por aquello de salvar a tan elegante y mágico animal. Pero el armario ropero, esto es, el hombretón de gran, digo noble corazón, no se tomó especialmente bien que un histérico con delirios, que intentaba salir como fuera de un tren supuestamente en peligro donde había niños y ancianos, encima intentara robarle sus pertenencias. Le dio un capón pero aquello no dio resultado, Timoteo Furton seguía asiendo con fuerza el macuto, con el felino ya un tanto aturdido de tanto zarandeo, y gritando que oompa loompas vampiros, por parte de padre y zombies, por parte de madre, mezcla muy de moda, se estaban haciendo con el control del tren en particular y de la Tierra en general. El dueño de la bolsa se esmeró con los mamporros, pero Timoteo Furton no flaqueaba.

El tren, por suerte, estaba siendo ya desalojado, aunque el temblor había cesado y no se había registrado daño alguno. La gente salía en tropel por lo que estos últimos hechos son los que más dificultad han revestido para reconstruirlos. Sin embargo, dos testigos, nuestro valiente hombretón y la “madre de Norman Bates, juran y perjuran que Timoteo Furton seguía agitando la jodida bolsa, enloquecido y amoratado de tanto guantazo, cuando el gato negro salió, le cruzó la cara, le espetó que se calmara, que llamara a una ambulancia por las posibles hemorragias internas sufridas y que le olvidara para siempre. Muy digno, salió del tren y desapareció entre la maleza.

Improbable pero no imposible, el caso es que Timoteo Furton a parte de la nariz y varias costillas rotas, ha sido diagnosticado como psicótico paranoide. En opinión de un servidor, juraría que esto ya venía de lejos.

Ha sido un placer compartir tan estrambótico mes con ustedes, ahora dejo paso al Marzo Belicoso con Arturo Rojo, y yo me voy a presentar ciclos románticos, pues siempre han estado mucho más cuerdas Daniela Acero, Elenora Robertez y Corina Tejados.

Hasta siempre.

Alfredo Jichos.

El club de los dramaturgos muertos. Ciclo: “San Valentín debe morir”

Personajes

Roberto Rodríguez: Director de teatro, famoso por sus extravagancias y encargado de llevar “Otelo” a escena.

Victorio, a secas: Ayudante de dirección y esporádico apuntador.

Los actores que representarán los siguientes papeles en “Otelo”

Álvaro como Otelo
Blanca como Desdémona
Beatriz como Emilia
Tristán como Cassio
Jacobo como Iago
Ignacio como Graciano
Jaime como Ludovico

Beneitex: Hombre de moral laxa y muy amigo del parné, “manager de entradas”.

Blasco: Agente de la DCZ (Departamento contra zumbados).

Don Venancio: Superior del agente Blasco.

Primer Acto.

(En el camerino, Roberto y Victorio liman pequeñas diferencias sobre la vanguardista representación que están preparando).

VICTORIO
No sé, no termino de verlo.

ROBERTO
Estás francamente pesado con el tema. No entiendo por qué no te convence, conseguiremos la máxima expresión en la tragedia shakespeariana.

VICTORIO
Eso ya me lo has dicho innumerables veces y no te lo discuto, pero quién te dice que vaya a salir bien el día del estreno. Esa es la parte que no termino de ver. Los actores no pueden ensayar gran parte del último acto, ya sabes que es del todo imposible y eso no me gusta, no me gusta nada.

ROBERTO
Victorio querido, confía en mí. Álvaro está inconmensurable como Otelo, a veces tengo mis dudas sobre la cordura del muchacho pero lo borda. A Blanca, quizás le falte un pelín de aplomo pero en dos días lo tiene.

VICTORIO
En ti confío, lo que no confío es en la falta de ensayo. Además está el tema ético, bueno, más que ético, legal. ¿Tú crees que no habrá consecuencias?

ROBERTO
No veo por qué tendría que haberlas Victorio, sabían cuáles eran las condiciones para formar parte de mi compañía y las aceptaron, lo que va a tener lugar el día del estreno, es con el consentimiento expreso de todos ellos. No le des más vueltas a eso y ponte con lo que te atañe. Saldrá bien.
(Victorio sale del camerino. Poco después lo abandona Roberto)

Segundo Acto.

(Roberto, tras la charla con Victorio, acude a reunirse con Beneitex, en un bar de mala muerte cercano al teatro).

BENEITEX
¿Cómo va eso Roberto?, tienes mala cara. Por mi parte ya está todo solucionado. He movido unos hilos con ciertos contactos y ya están colocadas todas las entradas. Un buen pico, 1.104 localidades a 60.000 euros la más barata, no te digo nada. He oído que se ha vendido alguna en la reventa por más de un millón. ¿Oyes eso? Un millón de euros, joder.

ROBERTO
Las cifran motivan, sí señor, pero es más que eso, arte en estado puro, sin ninguna limitación, eso es lo que el público quiere ver y lo que yo le voy a ofrecer.

BENEITEX
Si me lo permites jefe, la gente está cada día más zumbada, no sé si me gustaría ver tanto realismo en una obra de teatro.

ROBERTO
No está hecha la miel para la boca del asno, pazguato. A ti te sacan de la “La selva de metacrilato” y tus meninges patinan. De todos modos, me dirás qué no hay violencia…

BENEITEX
Si pero a ver tío, es…, sabes que es ficción, Wille Brucis sigue vivito y coleando, esto es diferente. La gente ha pagado para ver como estrangulan, de verdad, a una fulana.

ROBERTO
No pedazo de alcornoque, para ver el drama sin las limitaciones que impone este mundo hipócrita. Por bueno que sea el actor, el papel siempre termina resultando fingido. Como tú bien dices, en el fondo de tu ser, y aunque la representación sea excelsa, sabes que todo es mentira, una vulgar pantomima. Mi Otelo romperá moldes.

BENEITEX
No sé si la obra romperá moldes, o Blasco a ti te romperá los cojones después de la última, aquella en la que eviscerabas a una vaca y le cortabas la cabeza a un gallo. Te ha cogido cierta inquina y ciertas fuentes me han dicho que está intentando reunir pruebas para trincarte.

ROBERTO
Paparruchas, Blasco es un cerdo analfabeto que no sabe apreciar el arte. Y no tiene nada contra mí, básicamente porque no he hecho nada malo, solo, poco comprendido.

BENEITEX
Pero en esta ocasión podría tenerlo Roberto. Como la obra trascienda, lo tienes jodido y tanto por Blasco como por toda esa panda de ricachos sedientos de nuevas experiencias.

ROBERTO
Es gente que sabe apreciar la genialidad del resto de mediocridades.

BENEITEX
Lo que tú digas, bueno, yo me abro. Nos vemos el sábado cuando haya terminado todo esto.

ROBERTO
Beneitex, antes de irte, si yo caigo, te jodo vivo, ¿me has entendido, verdad? No quisiera que por un pequeño problema de mala elección de personas, tuviera que renunciar a mi carrera.

BENEITEX
Tranquilo Roberto. No habrá problemas.

(Beneitex se va. Roberto apura su tequila y minutos después también abandona el bar).

Tercer Acto.

(Blasco está en su despacho, pequeño y oscuro por cierto, discutiendo con Don Venancio)

DON VENANCIO
¿Tú has perdido la cabeza?, se puede saber en qué coño estabas pensando Blasco. 60.000 euros del presupuesto, 60.000 euros, tu sabes lo que supone eso en el departamento, casi la totalidad del dinero de que disponemos, joder.

BLASCO
Es por Roberto Rodríguez, ese degenerado que ha maltratado animales, abusado de actores y actrices, puesto una bomba en hora punta en el metro porque quería captar el pánico de la masa… ¿quiere que siga?

DON VENANCIO
Me importa una puta mierda que se trate de Roberto Rodríguez o de Fumanchú. 60.000 euros pedazo de animal…

BLASCO
Don Venancio, cierto que es mucha pasta pero la cosa es grave. Fuentes fiables me han dicho que esta vez no se trata de animales, sino de personas. Piensa representar Otelo cargándose de verdad a los actores.

DON VENANCIO
¿Y era necesario comprar la entrada?

BLASCO
Claro, se podrá imaginar que no es vox populi la cosa. Solo un ambiente muy selecto y sádico, todo sea dicho de paso, acudirá. Cree usted qué alguien va a hablar de lo que ha pasado allí, no, o aportamos nosotros las pruebas o nos jodemos con ese maldito bastardo.

DON VENANCIO
Más te vale que nada se trunque Blasco, más te vale. Lo que si te pido encarecidamente, y recalco lo de encarecidamente, es que no haya revuelo. Algo rápido y sin que se note. A ese tipo de…, de, cosas, como te puedes imaginar, no suele ir el albañil o la secretaria de turno.

BLASCO
Era para fusilarlos a todos pero no se preocupe, solo quiero Rodríguez.

DON VENANCIO
Mantenme informado.

BLASCO
Por supuesto Don Venancio.

(Don Venancio sale del despacho y Blasco se sienta en su silla con aire meditabundo.)

Cuarto Acto.

(Fin del último ensayo. Los actores charlan animadamente con Victorio cuando Roberto irrumpe en escena. Este se sitúa frente a su equipo y comienza con su soliloquio).

ROBERTO
Las palabras brotan de mi boca con dificultad, muchachos. Vuestra actuación roza la perfección, perfección que se culminará mañana con vuestro sacrificio en aras del arte.
He de deciros que estoy profundamente orgulloso de vuestra entrega, de la fe ciega que habéis depositado en mi persona, de ese último esfuerzo que estáis dispuestos a dar para mañana hacer historia.

Han sido muchos años de lucha, de nadar contracorriente, de burlas, críticas e incluso vejaciones. Hablar de mí como un sádico sexual, narcisista infame o psicópata. Ser perseguido por las fuerzas del orden y todo por qué, por negarme a sumergirme en la hipocresía social que anega nuestra existencia, por salirme del carril adjudicado, por, por simplemente pensar libremente. Y lo que es más importante, por no cejar en mi empeño de conseguir aquello que tanto anhelo, la perfección. Y eso muchachos, ya está al alcance de mi mano, lo vislumbro y todo ello con vuestra entera dedicación y disposición. Sois maravillosos.

Pero no quiero entreteneros más, mañana es vuestro gran día, sobre todo para ti, Álvaro, para ti, Blanca, y para ti, Beatriz. Y no temáis, Jacobo, Tristán, Ignacio y Jaime, pues vuestra hora llegará, pronto, ya lo veréis y os consagrareis, como aquellos predecesores con los que tuvisteis el honor de compartir cartel, en Otelo, de Roberto Rodríguez.

(Los actores que se habían ido sentando mientras Roberto les hablaba, se levantan cuando este termina y comienzan a aplaudir embelesados. Roberto abraza y soba de paso un poco a todos y cada uno de ellos y se va lanzando besos).

Lo que debía haber sido el Quinto Acto pero no fue.

El público había tomado asiento, no quedaba un hueco libre. El telón se abría y la función comenzaba. Los actores lo bordaban y todo el mundo disfrutaba. Pero hete aquí, que en mitad del segundo acto, un ruido ensordecedor dejó al público estupefacto.

Humo, gritos, individuos vestidos de negro bajando del techo con cuerdas, caos, confusión y miedo. Los actores seguían en el escenario, esperando que Victorio les indicase como proceder, Victorio por su parte, había estirado la pata del sofocón y su elevado nivel de colesterol. Una parte del público corría despavorida como pollo sin cabeza y otra parte, seguía en su butaca creyendo estar viendo parte del espectáculo, pues con Roberto Rodríguez nunca se sabe.

Los hombres de negro ya están en tierra, uno se desmarca del pelotón, dice llamarse Marshall Marshall, agente especial de la DIA (detenciones infraganti apabullantes). Vienen a por Roberto Rodríguez, parece ser que en los Estados Juntitos la lio parda en su momento, de ahí que emigrara o hubiera más bien, salido por pies. No tenían noticias de su paradero, hasta que se enteró por su mujer de que, el amante de la tía del hermano del compañero de trabajo de Lindsay, la mejor amiga de la mujer de Marshall Marshall, iba a acudir a una revolucionaria representación de Otelo en la que los actores llegaban hasta el final, de un tal Roberto Rodriguez. Coincidencia, jamás, pensó Marshall Marshall por lo que sin tiempo que perder, su equipo y él se montaron en los F18 y pusieron rumbo a este bendito país.

Roberto Rodríguez, que en el fondo era un poco cobarde, al ver semejantes pistolones, hizo ademán de entregarse a Marshall Marshall pero ello no pudo ser, porque Marshall Marshall fue acribillado a tiros por Blasco, nuestro agente de la DCZ, pues no podía permitir que le fuera arrebatado el placer de trincar a Rodriguez, se podrán imaginar que el muchacho acabó como un acerico de tanta bala que le atravesó por parte del equipo de elite.

Nuevamente, Rodriguez iba a entregarse al comprobar que los de la DIA no se andaban con chiquitas, pero mira tú por donde, a Álvaro se le fue la pinza, una cosa con que tenía que matar a Desdémona… Por lo que la agarró del pescuezo y la estranguló, con la mirada atónita de todos los allí presentes, nuevo acerico. A la DIA se le empezaban a hinchar los cojones y con unas formas quizás un tanto rudas, empezaron a meter en vereda a todo quisqui.

Pero aún queba otra sorpresa, la tímida y anodina Beatriz, sin saber cómo ni por qué y bueno, ni de dónde coño había sacado la bomba, hacía estallar a toda la concurrencia.

Como en las mejores tragedias, allí murió hasta el apuntador, nunca mejor dicho. Bueno, todos todos, no, Beneitex que disfrutaba de un mosto con su correspondiente raja de naranja y guinda, fue espectador de todo y frotandose las manos, empezó a imaginar su vida con la sarta millones que se iba a embolsar.

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Alfredo Jichos hace su aparición y enervado como estaba, porque el relato que iba de Otelo, no contuviera escena alguna de tan excelente obra, se encara con cierta persona y comienza…

(A Tintin Taranquino, obvio.) ¡Oh perro espartano, más cruel que la angustia, el hambre o la mar! ¡Mira el trágico fardo de este hecho! ¡He aquí tu obra! Este espectáculo emponzoña la vista. Cubridlo Graciano, guardad la casa y coged los bienes del pseudo escritor, pues lo heredáis. A vos, señor gobernador, incumbe la sentencia de este infernal malvado. Fijad el tiempo, el lugar, el suplicio. ¡Oh, que sea terrible! Yo voy a embarcarme inmediatamente, y a llevar al Estado, con un corazón doloroso, el relato de este doloroso acontecimiento. (sale)*

*Se ha cambiado lecho por hecho y moro por pseudo escritor, por aquello de que se ajustaba más al texto. Hasta la semana que viene!

AMELIA. Ciclo: “San Valentín debe morir”

Los días se habían sucedido tristes, grises, largos, deprimentes. No había atisbo de luz al final del túnel, este seguía, y seguía, y seguía. Carecía de otra alternativa, acabaría de una vez por todas.

Muchos meses, años incluso, de una patética existencia. Dolor y sufrimiento se habían adueñado de Amelia y hasta el momento, pero aquello tenía fecha de caducidad. Habían sido muchas las vueltas dadas pero nunca había reunido el valor suficiente, si es qué de valor se puede hablar en estos casos, no lo sé, para llevarlo a cabo. Sin embargo, la noche anterior, viendo un documental sobre la vida de Marilyn Monroe, lo tuvo claro.

Se despertó por la mañana temprano, desayuno frugal, una ducha rápida, los vaqueros, el jersey y botas y lista para empezar con su plan.

1º DROGUERÍA. Rimmel. Pintalabios Rouge Dior. Perfume caro (posiblemente Chanel)

2º PELUQUERÍA. Tinte platino. Moldeado suave. Manicura y pedicura (rojo)

3º JOYERÍA. Un diamante (pequeño. no da presupuesto)

4º SUPER. Fresas y Moët Chandon (abundante)

5º FARMACIA. Orfidal (2)

6º SPA. Masaje completo 1H

7º COMIDA. Crema de bogavante, pato silvestre al perfume de naranja y biscuit glacé de Praliné

De repente, bueno, de repente no, tras cumplir estrictamente con la lista, Amelia veía el mundo de otro color, pero no por el hecho de tener un colgante con un diminuto diamante en talla pera, ni por estar radiante con su nuevo peinado, ni siquiera por el fastuoso festín con el que se había obsequiado a sí misma. Ahora ella tenía un objetivo, un objetivo que cumpliría esta noche a la perfección.

Solo quedaban dos cosas por hacer, la carta y llevar el vestido que utilizaría para la gran ocasión, pues tenía una pequeña mancha de tomate de hace fácil cinco o seis años, cuando Amelia aún sonreía, a una de esas lavanderías de hágalo usted mismo.

La carta era harto complicada. Qué poner, a quién dirigirla, dónde dejarla, le importaría a alguien… todas esas cuestiones fluctuaban en la cabeza de Amelia sin que esta encontrara ninguna respuesta. Decidió dejar el tema de la despedida para más tarde y dirigirse ahora a la lavandería.

Ya estaba anocheciendo y en la lavandería solo había un hombre, muy guapo por cierto, encima de una lavadora, fumándose un cigarro y con una botella de suavizante en la mano. There is a light and it never goes out de los Smiths sonaba de fondo y quizás, ese final inminente al estilo de los años dorados de Hollywood que Amelia tenía previsto, hicieron que a esta se le antojase un polvo antes de convertirse en ello. Se acercó al hombre muy guapo y con maneras sugerentes le pidió ayuda con el programa de la lavadora. El hombre muy guapo no se inmutó, Amelia se acercó más y volvió a solicitar su favor, con la lavadora, de momento. El hombre muy guapo, impertérrito, fumando y con el suavizante en la mano. Todo ese efecto vigorizante que había tenido la planificación de su final estaba desapareciendo. Se sentía de nuevo ridícula, fea, patética, estúpida… y sin darse cuenta empezó a llorar.

-Jezabel. Jezabel. Jezabeeeel.- (Cri, cri, cri, cri)

-Jezabeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel.-

Este muchacho es tonto, es tonto pero de remate. – ¿Se puede saber qué te pasa?-

-Esta pobre mujer está llorando como una magdalena ¿y yo tengo que quedarme aquí sentado? Además, me va a terminar dando un pa’llá con tanto cigarrillo y sigo sin comprender por qué demonios llevo una botella de suavizante en la mano.-

-No pienses, no pienses. Ya lo hemos hablado, quién es la escritora aquí, yo, ¿verdad?, pues tu quédate ahí quieto, es el clímax de la obra, se respira tensión, latente está la tragedia, dolor, angustia. Todo excelso, ¡excelso!-

Amelia había dejado de llorar y miraba atónita cómo de repente, la lavandería se había convertido en un estudio y el hombre muy guapo, que seguía fumando y con el suavizante en la mano, estaba delante de una mujer gorda, con gafas, sentada en un escritorio detrás de un portátil rosa parloteando de clímax, desesperaciones y tragedias.

-¿Qué… qué está pasando aquí? Yo… esto… eh… estaba en una lavandería y…- Balbuceaba Amelia.

-No te preocupes querida. No pasa nada, pequeños problemillas con uno de los personajes que en seguida resuelvo. Hombre muy guapo, volvemos al momento en el que ella se pone a llorar porque tú no le haces caso, ¿me has entendido?- Respondía la señora gorda con gafas tras el portátil rosa, también conocida como Jezabel Moixet.

-¿Pero de qué estás hablando? Yo estaba en una lavandería… esta noche yo… esta noche yo tengo que…- Preguntaba y balbuceaba Amelia.

-Tranquila querida. Ahora mismo vuelves a la lavandería, te desesperas hasta tal punto que te mesas los cabellos y cumples con lo de esta noche, aunque de una forma algo más truculenta tenía pensado, por el nuevo rechazo y esas cosas. Debe quedar patente ese dolor arraigado en todo tu ser. Vas a ser mi protagonista y triunfarás en el mundo entero y luego… luego una película, el festival de Sundance, el de Cannes… Debemos ponernos ya a pensar quién podría encarnar tu papel, Sienna, Keira… Aiss lo que mola el sufrir…-

-Para el carro chata. Me gusta lo de ser tu protagonista pero lo de sufrir, no sé yo. Chica es que, qué mierda de vida llevo, ¿no? Lo del suicidio me gusta pero si seguimos con el plan inicial, nada de tirarme de un puente o arrojarme a un tren. En mi casa, vestida de punta en blanco y puesta hasta arriba de champán y ansiolíticos. Y nada del rechazo, un buen polvo, entre tierno y animal, no hay discusión posible.-

-No lo veo, es todo muy light. Yo quiero desesperación en estado puro.-

-La gente, una parte importante al menos, no quiere tus dramones lacrimógenos, bastante tiene con lo que tiene, algo de humor negro no viene mal. Admito mi suicidio siempre y cuando sea elegante y con gracia, vamos, el plan inicial a lo Marilyn Monroe. Pero incluso… podría no morir, en el último instante, el hombre guapo viene y me rescata de las garras del sufrimiento y las pastillas que estoy a punto de tomarme para pasar a mejor vida.-

-Un poco ñoño, ¿no?, aunque eso me dejaría la posibilidad de un segunda parte. Después él te abandona, tú caes en las drogas, contraes el sida… incluso una tercera, ahora están muy de moda las trilogías. Empiezo a visualizarlo y tras ello un éxito rotundo Amelia, nos vamos a forrar.

-Que perra te ha entrado con el sufrimiento pero bueno, lo de la trilogía me gusta.-

-Pues vamos Amelia querida, que vamos a triunfar. Vamos a darle una vuelta al texto y a ir preparando el segundo volumen y de paso nos tomamos una cervecita, ¿los personajes literarios bebéis cerveza?-

-Jezabel, ¿yo que hago?- Dice el hombre guapo que sorprendentemente sigue con el pitillo y el suavizante en la mano.

-Tú sigue fumando hijo, sigue fumando…-

Fin!!

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Coloquio

Hace su Aparición Alfredo Jichos para iniciar el coloquio, pero solo ve al hombre de la limpieza.

-Perdone, ¿y el público?-

-Se han ido hace rato-

-¿Y eso?-

-Creo que decían que se esperaban algo relacionado con el relato negro-

-Joder, más negro que esto… negro como mi conciencia. Bueno… ¿le hace una cerveza?-

-Por qué no, dejo la escoba y nos vamos.-

* Sigue pudiendo contener trazas de Muchachada Nui. Y gracias a cierto comentario, de cierto bloguero, sobre ciertos personajes que cobran vida.

FEBRERO NEGRO

El Cuaderno de Clara presenta

CICLO “SAN VALENTÍN DEBE MORIR”

Sentada en el tren, ella mira por la ventana totalmente abstraída.
Él de pie, la observa.
Un tercer ente en discordia, acecha desde las sombras.
Un asesinato.

Víctima, Verdugo y testigo. Pero ¿quién es quién?

PROGRAMA

Jueves 5. Presentación del Ciclo “San Valentín debe morir”.
Coloquio

Jueves 12. “Amelia” de Jezabel Moixet
Coloquio

Jueves 19. “El club de los dramaturgos muertos” de Tintino Tarnquino
Coloquio

Jueves 26. “El pasajero oscuro” de Timoteo Furton
Coloquio

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[Sale Alfredo Jichos, nuestro maestro de ceremonias]

Buenas noches a todos y agradecerles encarecidamente que hayan acudido al primer FEBRERO NEGRO de la historia del Cuaderno de Clara. Cada jueves, presentaremos un relato negro, pero negro negro, escrito por autores de prestigio reconocido que tendrán el placer de conocer.

El objetivo no es otro que pegar una patada a tanto bombón con forma de corazón, tanta rosa roja y tanto angelote rubicundo con su flecha del amor. Y para poder disfrutar de su participación, procederé a presentarles a los escritores que integran este ciclo al que hemos bautizado “San Valentín debe morir”, originalmente continuaba con “entre terribles sufrimientos” pero la Dirección consideró que era demasiado explicito, sugerir siempre es más atractivo que mostrar…al menos eso dicen.

Y sin más dilación…

Jezabel Moixet, novelista, periodista, guionista, creativa, cineasta y criadora de ladillas en cautividad, si, lo sé, ella que es así de transgresora. Nos presenta “Amelia”, la historia de una mujer que está sola, con muchas manchas en su pasado y que va a una lavandería y allí, encima de una lavadora ve a un hombre muy guapo muy guapo…* Y hasta ahí puedo leer, tendrán que esperar al próximo jueves para que los secretos de Amelia nos sean desvelados.

Y ahora otro fuerte aplauso a un veterano en degollar, acribillar y descuartizar San Valentines, Tintino Taranquino. Creo que es absurdo presentar a este animal literario, y no tan literario, jejejeje. [Risa histérica por el pavor que suspira Tintino Taranquino en el pobre Alfredo]. Culpable de “El club de los dramaturgos muertos”. Una mujer, una obra, una compañía de teatro, dos hombre dispuestos a batirse en duelo por el papel protagonista, una traición, la mafia de fondo y sangre, mucha sangre. He de decir que en Hollywood ya se baraja la posibilidad de llevarla a la gran pantalla con Jonh Travolta como protagonista…

Por último y no por ello menos importante, Timoteo Furton, it boy de la tendencia gótica y autor de grandes novelas como “Eduardino Piescortacespes”, “Plutons Attach” o “Sueño irregular después de Semana Santa”. En esta ocasión nos presenta “El pasajero oscuro”, un thriller psicológico que tiene como escenario el tren de cercanías que va de Pinto a Valdemoro y donde nada es lo que parece. Siempre con ese oscurantismo de fondo que tanto caracteriza a nuestro querido amigo.
Esperamos sinceramente que les guste. Y ahora, el turno de nuestros protagonistas.

APLAUSOS, APLAUSOS, APLAUSOS, APLAUSOS, APLAUSOS, APLAUSOS

[TURNO DE JEZABEL MOIXET]

Buenas tardes querido público, buenas tardes.

Qué decir de mi última obra de arte, maravillosa, transgresora, íntima, desgarradora, otra genialidad.
Quiero que sepan que mi trabajo está muy por encima de este ciclucho, pero la Dirección se ha puesto tan pesada, me han dorado tanto la píldora y estaba últimamente tan falta de adulación que bueno… deslices que una, que aunque perfecta también es humana, tiene de vez en cuando.
“Amelia” no dejará indiferente a nadie, es tan profunda, que a veces hasta me da miedo. Puede ser que alguno, catetos como son, no aprecie, ni siquiera entienda, tanta sutilidad pero es que la miel no está hecha para la boca del asno y sinceramente me importa un pijo.

Mi tiempo se agota querido público, sé que es una tragedia el dejar de escucharme pero tiene que quedar algo para el peazo bestia del Taranquino y el crianidos de Furton.

Un placer, por mucho asco que me den. Querido público.

[TURNO DE TINTINO TARANQUINO]

Caso omiso a tanta pedantería y tanta cursilería, que coño de profundidades, las únicas que valen son aquellas producidas por una bala bien gorda que atraviese a un fulano de lado a lado y un chorro de sangre salga disparado. La violencia es lo único que os mueve, lo demás, para mear y no echar gota.

El jueves 19, el resto, bazofia.

[TURNO DE TIMOTEO FURTON]

Respeto a mis dos antecesores pero porque así me lo ha dicho la Dirección. Los sueños, los fantasmas, lo irreal, eso es lo que realmente transmite, el verdadero arte. De qué sirven esas tragedias de Jezabel, de nada, el público se amarga, bastante tiene uno con lo que tiene. Y el otro, sangre, sangre, sangre y más sangre… uf, chico, eso sí que tiene un mérito…

Pamplinas para todos ellos. “El pasajero oscuro” sí que les hará disfrutar como niños, como niños que a escondidas ven una película de miedo, como niños que a pesar del miedo siguen con los ojos como platos porque quieren saber, como niños que cuando se van a la cama, se aferran a su oso de peluche porque se cagan de miedo, miedo, miedo, miedo. jojojojojojojojojojojojojojo.
[Salen dos mastodontes de seguridad que de forma suave aunque firme retira del escenario a Timoteo Furton que parece que ha sufrido algún tipo de crisis. Acto seguido sale Alfredo Jichos]

Señores y señoras, nos hemos quedado lamentablemente sin tiempo. Les espero a todos la semana que viene con “Amelia” de Jezabel Moixet. No se la pierdan.

Muchas gracias.

*Puede contener trazas de “Muchachada Nui”.