El club de los dramaturgos muertos. Ciclo: “San Valentín debe morir”

Personajes

Roberto Rodríguez: Director de teatro, famoso por sus extravagancias y encargado de llevar “Otelo” a escena.

Victorio, a secas: Ayudante de dirección y esporádico apuntador.

Los actores que representarán los siguientes papeles en “Otelo”

Álvaro como Otelo
Blanca como Desdémona
Beatriz como Emilia
Tristán como Cassio
Jacobo como Iago
Ignacio como Graciano
Jaime como Ludovico

Beneitex: Hombre de moral laxa y muy amigo del parné, “manager de entradas”.

Blasco: Agente de la DCZ (Departamento contra zumbados).

Don Venancio: Superior del agente Blasco.

Primer Acto.

(En el camerino, Roberto y Victorio liman pequeñas diferencias sobre la vanguardista representación que están preparando).

VICTORIO
No sé, no termino de verlo.

ROBERTO
Estás francamente pesado con el tema. No entiendo por qué no te convence, conseguiremos la máxima expresión en la tragedia shakespeariana.

VICTORIO
Eso ya me lo has dicho innumerables veces y no te lo discuto, pero quién te dice que vaya a salir bien el día del estreno. Esa es la parte que no termino de ver. Los actores no pueden ensayar gran parte del último acto, ya sabes que es del todo imposible y eso no me gusta, no me gusta nada.

ROBERTO
Victorio querido, confía en mí. Álvaro está inconmensurable como Otelo, a veces tengo mis dudas sobre la cordura del muchacho pero lo borda. A Blanca, quizás le falte un pelín de aplomo pero en dos días lo tiene.

VICTORIO
En ti confío, lo que no confío es en la falta de ensayo. Además está el tema ético, bueno, más que ético, legal. ¿Tú crees que no habrá consecuencias?

ROBERTO
No veo por qué tendría que haberlas Victorio, sabían cuáles eran las condiciones para formar parte de mi compañía y las aceptaron, lo que va a tener lugar el día del estreno, es con el consentimiento expreso de todos ellos. No le des más vueltas a eso y ponte con lo que te atañe. Saldrá bien.
(Victorio sale del camerino. Poco después lo abandona Roberto)

Segundo Acto.

(Roberto, tras la charla con Victorio, acude a reunirse con Beneitex, en un bar de mala muerte cercano al teatro).

BENEITEX
¿Cómo va eso Roberto?, tienes mala cara. Por mi parte ya está todo solucionado. He movido unos hilos con ciertos contactos y ya están colocadas todas las entradas. Un buen pico, 1.104 localidades a 60.000 euros la más barata, no te digo nada. He oído que se ha vendido alguna en la reventa por más de un millón. ¿Oyes eso? Un millón de euros, joder.

ROBERTO
Las cifran motivan, sí señor, pero es más que eso, arte en estado puro, sin ninguna limitación, eso es lo que el público quiere ver y lo que yo le voy a ofrecer.

BENEITEX
Si me lo permites jefe, la gente está cada día más zumbada, no sé si me gustaría ver tanto realismo en una obra de teatro.

ROBERTO
No está hecha la miel para la boca del asno, pazguato. A ti te sacan de la “La selva de metacrilato” y tus meninges patinan. De todos modos, me dirás qué no hay violencia…

BENEITEX
Si pero a ver tío, es…, sabes que es ficción, Wille Brucis sigue vivito y coleando, esto es diferente. La gente ha pagado para ver como estrangulan, de verdad, a una fulana.

ROBERTO
No pedazo de alcornoque, para ver el drama sin las limitaciones que impone este mundo hipócrita. Por bueno que sea el actor, el papel siempre termina resultando fingido. Como tú bien dices, en el fondo de tu ser, y aunque la representación sea excelsa, sabes que todo es mentira, una vulgar pantomima. Mi Otelo romperá moldes.

BENEITEX
No sé si la obra romperá moldes, o Blasco a ti te romperá los cojones después de la última, aquella en la que eviscerabas a una vaca y le cortabas la cabeza a un gallo. Te ha cogido cierta inquina y ciertas fuentes me han dicho que está intentando reunir pruebas para trincarte.

ROBERTO
Paparruchas, Blasco es un cerdo analfabeto que no sabe apreciar el arte. Y no tiene nada contra mí, básicamente porque no he hecho nada malo, solo, poco comprendido.

BENEITEX
Pero en esta ocasión podría tenerlo Roberto. Como la obra trascienda, lo tienes jodido y tanto por Blasco como por toda esa panda de ricachos sedientos de nuevas experiencias.

ROBERTO
Es gente que sabe apreciar la genialidad del resto de mediocridades.

BENEITEX
Lo que tú digas, bueno, yo me abro. Nos vemos el sábado cuando haya terminado todo esto.

ROBERTO
Beneitex, antes de irte, si yo caigo, te jodo vivo, ¿me has entendido, verdad? No quisiera que por un pequeño problema de mala elección de personas, tuviera que renunciar a mi carrera.

BENEITEX
Tranquilo Roberto. No habrá problemas.

(Beneitex se va. Roberto apura su tequila y minutos después también abandona el bar).

Tercer Acto.

(Blasco está en su despacho, pequeño y oscuro por cierto, discutiendo con Don Venancio)

DON VENANCIO
¿Tú has perdido la cabeza?, se puede saber en qué coño estabas pensando Blasco. 60.000 euros del presupuesto, 60.000 euros, tu sabes lo que supone eso en el departamento, casi la totalidad del dinero de que disponemos, joder.

BLASCO
Es por Roberto Rodríguez, ese degenerado que ha maltratado animales, abusado de actores y actrices, puesto una bomba en hora punta en el metro porque quería captar el pánico de la masa… ¿quiere que siga?

DON VENANCIO
Me importa una puta mierda que se trate de Roberto Rodríguez o de Fumanchú. 60.000 euros pedazo de animal…

BLASCO
Don Venancio, cierto que es mucha pasta pero la cosa es grave. Fuentes fiables me han dicho que esta vez no se trata de animales, sino de personas. Piensa representar Otelo cargándose de verdad a los actores.

DON VENANCIO
¿Y era necesario comprar la entrada?

BLASCO
Claro, se podrá imaginar que no es vox populi la cosa. Solo un ambiente muy selecto y sádico, todo sea dicho de paso, acudirá. Cree usted qué alguien va a hablar de lo que ha pasado allí, no, o aportamos nosotros las pruebas o nos jodemos con ese maldito bastardo.

DON VENANCIO
Más te vale que nada se trunque Blasco, más te vale. Lo que si te pido encarecidamente, y recalco lo de encarecidamente, es que no haya revuelo. Algo rápido y sin que se note. A ese tipo de…, de, cosas, como te puedes imaginar, no suele ir el albañil o la secretaria de turno.

BLASCO
Era para fusilarlos a todos pero no se preocupe, solo quiero Rodríguez.

DON VENANCIO
Mantenme informado.

BLASCO
Por supuesto Don Venancio.

(Don Venancio sale del despacho y Blasco se sienta en su silla con aire meditabundo.)

Cuarto Acto.

(Fin del último ensayo. Los actores charlan animadamente con Victorio cuando Roberto irrumpe en escena. Este se sitúa frente a su equipo y comienza con su soliloquio).

ROBERTO
Las palabras brotan de mi boca con dificultad, muchachos. Vuestra actuación roza la perfección, perfección que se culminará mañana con vuestro sacrificio en aras del arte.
He de deciros que estoy profundamente orgulloso de vuestra entrega, de la fe ciega que habéis depositado en mi persona, de ese último esfuerzo que estáis dispuestos a dar para mañana hacer historia.

Han sido muchos años de lucha, de nadar contracorriente, de burlas, críticas e incluso vejaciones. Hablar de mí como un sádico sexual, narcisista infame o psicópata. Ser perseguido por las fuerzas del orden y todo por qué, por negarme a sumergirme en la hipocresía social que anega nuestra existencia, por salirme del carril adjudicado, por, por simplemente pensar libremente. Y lo que es más importante, por no cejar en mi empeño de conseguir aquello que tanto anhelo, la perfección. Y eso muchachos, ya está al alcance de mi mano, lo vislumbro y todo ello con vuestra entera dedicación y disposición. Sois maravillosos.

Pero no quiero entreteneros más, mañana es vuestro gran día, sobre todo para ti, Álvaro, para ti, Blanca, y para ti, Beatriz. Y no temáis, Jacobo, Tristán, Ignacio y Jaime, pues vuestra hora llegará, pronto, ya lo veréis y os consagrareis, como aquellos predecesores con los que tuvisteis el honor de compartir cartel, en Otelo, de Roberto Rodríguez.

(Los actores que se habían ido sentando mientras Roberto les hablaba, se levantan cuando este termina y comienzan a aplaudir embelesados. Roberto abraza y soba de paso un poco a todos y cada uno de ellos y se va lanzando besos).

Lo que debía haber sido el Quinto Acto pero no fue.

El público había tomado asiento, no quedaba un hueco libre. El telón se abría y la función comenzaba. Los actores lo bordaban y todo el mundo disfrutaba. Pero hete aquí, que en mitad del segundo acto, un ruido ensordecedor dejó al público estupefacto.

Humo, gritos, individuos vestidos de negro bajando del techo con cuerdas, caos, confusión y miedo. Los actores seguían en el escenario, esperando que Victorio les indicase como proceder, Victorio por su parte, había estirado la pata del sofocón y su elevado nivel de colesterol. Una parte del público corría despavorida como pollo sin cabeza y otra parte, seguía en su butaca creyendo estar viendo parte del espectáculo, pues con Roberto Rodríguez nunca se sabe.

Los hombres de negro ya están en tierra, uno se desmarca del pelotón, dice llamarse Marshall Marshall, agente especial de la DIA (detenciones infraganti apabullantes). Vienen a por Roberto Rodríguez, parece ser que en los Estados Juntitos la lio parda en su momento, de ahí que emigrara o hubiera más bien, salido por pies. No tenían noticias de su paradero, hasta que se enteró por su mujer de que, el amante de la tía del hermano del compañero de trabajo de Lindsay, la mejor amiga de la mujer de Marshall Marshall, iba a acudir a una revolucionaria representación de Otelo en la que los actores llegaban hasta el final, de un tal Roberto Rodriguez. Coincidencia, jamás, pensó Marshall Marshall por lo que sin tiempo que perder, su equipo y él se montaron en los F18 y pusieron rumbo a este bendito país.

Roberto Rodríguez, que en el fondo era un poco cobarde, al ver semejantes pistolones, hizo ademán de entregarse a Marshall Marshall pero ello no pudo ser, porque Marshall Marshall fue acribillado a tiros por Blasco, nuestro agente de la DCZ, pues no podía permitir que le fuera arrebatado el placer de trincar a Rodriguez, se podrán imaginar que el muchacho acabó como un acerico de tanta bala que le atravesó por parte del equipo de elite.

Nuevamente, Rodriguez iba a entregarse al comprobar que los de la DIA no se andaban con chiquitas, pero mira tú por donde, a Álvaro se le fue la pinza, una cosa con que tenía que matar a Desdémona… Por lo que la agarró del pescuezo y la estranguló, con la mirada atónita de todos los allí presentes, nuevo acerico. A la DIA se le empezaban a hinchar los cojones y con unas formas quizás un tanto rudas, empezaron a meter en vereda a todo quisqui.

Pero aún queba otra sorpresa, la tímida y anodina Beatriz, sin saber cómo ni por qué y bueno, ni de dónde coño había sacado la bomba, hacía estallar a toda la concurrencia.

Como en las mejores tragedias, allí murió hasta el apuntador, nunca mejor dicho. Bueno, todos todos, no, Beneitex que disfrutaba de un mosto con su correspondiente raja de naranja y guinda, fue espectador de todo y frotandose las manos, empezó a imaginar su vida con la sarta millones que se iba a embolsar.

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Alfredo Jichos hace su aparición y enervado como estaba, porque el relato que iba de Otelo, no contuviera escena alguna de tan excelente obra, se encara con cierta persona y comienza…

(A Tintin Taranquino, obvio.) ¡Oh perro espartano, más cruel que la angustia, el hambre o la mar! ¡Mira el trágico fardo de este hecho! ¡He aquí tu obra! Este espectáculo emponzoña la vista. Cubridlo Graciano, guardad la casa y coged los bienes del pseudo escritor, pues lo heredáis. A vos, señor gobernador, incumbe la sentencia de este infernal malvado. Fijad el tiempo, el lugar, el suplicio. ¡Oh, que sea terrible! Yo voy a embarcarme inmediatamente, y a llevar al Estado, con un corazón doloroso, el relato de este doloroso acontecimiento. (sale)*

*Se ha cambiado lecho por hecho y moro por pseudo escritor, por aquello de que se ajustaba más al texto. Hasta la semana que viene!

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