Cierre del Ciclo: San Valentín debe morir. “Un pasajero oscuro”, que no “El pasajero oscuro”. Por Alfredo Jichos, que no por Timoteo Furton.

Querido público, he de comunicarles que nuestro estimado Timoteo Furton, ha tenido un desafortunado accidente. Se encuentra estable dentro de la gravedad, pero sus heridas han impedido que pudiera acudir esta noche y lo que es más importante, que no haya podido presentar “El pasajero oscuro”.

De hecho, el accidente tuvo lugar mientras se documentaba para la elaboración del relato. Se encontraba en la Estación de Pinto o Valdemoro, no recuerdo, cuando de repente un gato negro se cruzó ante él. No es que Timoteo Furton sea supersticioso, al menos, no en lo que respecta a los gatos negros. El problema radica en la veneración que les profesa, cada vez que atisba uno, debe presentarse ante ellos con absoluta y total devoción.

Para ello, no se le ocurrió otra cosa que perseguir al felino por toda la estación de tren. Este, cansado del señor desquiciado que llevaba una especie de nido en la cabeza, se metió discretamente en la bolsa de viaje, que un agradable joven tenía en el suelo mientras esperaba el cercanías. Cercanías que estaba haciendo su entrada en ese preciso momento.

El agradable joven, un individuo de dos por dos, lo que viene a ser un armario ropero, se subió al tren con la bolsa y el gato escondido. Timoteo Furton hizo lo propio, pues a pesar de que el gato había metido el cuerpo sin que aquel lo apreciase, no había caído en la cuenta de la cola y Timoteo Furton se había percatado.

Los tres estaban en el tren, Timoteo Furton dos vagones más atrás que el otro par, pero decido a no cejar en su empeño, llegó hasta donde estaba el objeto de su fervor. El agradable armario estaba sentado con su bolsa en las rodillas al lado de una venerable anciana, que recordaba a la madre de Norman Bates. A Timoteo Furton los ojos le hicieron chiribitas, un gato negro, un hombretón de noble corazón y una anciana con pinta de sangrienta homicida, tenía ya el argumento de “El pasajero oscuro”.

Empezó a bosquejar una serie de ideas, cuando un ligero temblor interrumpió su proceso creativo. El temblor aumentaba y la gente se asustaba, lo que había comenzado como estupefacción había derivado en pánico colectivo.

Lo que pasó después, no está muy claro. Aunque todos los testigos coinciden en que Timoteo Furton perdió la cabeza. Cogiendo versiones de aquí, de allá y acullá, hemos llegado a la conclusión de que lo más factible es lo que a continuación se relata.

Aunque no es sabido por muchos, Timoteo Furton sufre de una claustrofobia que roza límites insospechados, pero también es tan despistado, que como suele decirse coloquialmente, no pierde la cabeza porque la lleva pegada al cuerpo. Timoteo Furton con el lío del gato y el relato, perdió la noción espacial y no fue consciente de que se encontraba en un tren de cercanías a la hora punta de salida. El temblor le hizo percatarse y bueno, las cosas se pusieron feas.

El pobre hombre comenzó a chillar desgañitándose la garganta mientras intentaba asir la bolsa donde, recordemos, se encontraba el gato, por aquello de salvar a tan elegante y mágico animal. Pero el armario ropero, esto es, el hombretón de gran, digo noble corazón, no se tomó especialmente bien que un histérico con delirios, que intentaba salir como fuera de un tren supuestamente en peligro donde había niños y ancianos, encima intentara robarle sus pertenencias. Le dio un capón pero aquello no dio resultado, Timoteo Furton seguía asiendo con fuerza el macuto, con el felino ya un tanto aturdido de tanto zarandeo, y gritando que oompa loompas vampiros, por parte de padre y zombies, por parte de madre, mezcla muy de moda, se estaban haciendo con el control del tren en particular y de la Tierra en general. El dueño de la bolsa se esmeró con los mamporros, pero Timoteo Furton no flaqueaba.

El tren, por suerte, estaba siendo ya desalojado, aunque el temblor había cesado y no se había registrado daño alguno. La gente salía en tropel por lo que estos últimos hechos son los que más dificultad han revestido para reconstruirlos. Sin embargo, dos testigos, nuestro valiente hombretón y la “madre de Norman Bates, juran y perjuran que Timoteo Furton seguía agitando la jodida bolsa, enloquecido y amoratado de tanto guantazo, cuando el gato negro salió, le cruzó la cara, le espetó que se calmara, que llamara a una ambulancia por las posibles hemorragias internas sufridas y que le olvidara para siempre. Muy digno, salió del tren y desapareció entre la maleza.

Improbable pero no imposible, el caso es que Timoteo Furton a parte de la nariz y varias costillas rotas, ha sido diagnosticado como psicótico paranoide. En opinión de un servidor, juraría que esto ya venía de lejos.

Ha sido un placer compartir tan estrambótico mes con ustedes, ahora dejo paso al Marzo Belicoso con Arturo Rojo, y yo me voy a presentar ciclos románticos, pues siempre han estado mucho más cuerdas Daniela Acero, Elenora Robertez y Corina Tejados.

Hasta siempre.

Alfredo Jichos.

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