GC

Conocí a GC hace años, cuando tuve la puta desgracia de dar con mis huesos en cierto equipo de operaciones especiales. Un poco antes, yo prestaba mis servicios como detective privado, pero digamos que la cosa no iba muy allá, las infidelidades y los fraudes al seguro daban para llegar a fin de mes pero justito, muy justito. Además, aquello empezaba a ser un coñazo supino y tanta foto de mamadas, empezaba a revolverme el estómago.

El aburrimiento y la desesperación al verme sin alternativa, hizo que comenzara a darle a la bebida, primero una copa, solo para relajarme, luego dos, por aquello de alcanzar un alivio mayor y así, hasta que empecé a perder prácticamente el sentido por aquello de no pensar en mi patética vida.

Aunque nunca he sido muy sociable, todavía conservo un par de amigos que consiguieron sacarme del pozo de mierda en el que me sumergía a pasos agigantados. Me mandaron de una patada en el culo a desintoxicación y tras la rehabilitación, me concertaron una entrevista en una multinacional dedicada a ofrecer ciertos servicios delicados, de aquellos que deben hacerse bajo cuerda.

Gustaron bastante mis aptitudes y ese mismo día conseguí el trabajo, agente especial de operaciones encubiertas, la cosa no sonaba mal. Empezaba al día siguiente y allí estuve a la hora convenida. Tras enseñarme las instalaciones, me presentaron al equipo del que iba a formar parte, era reducido, cuatro agentes especiales sin incluirme, un supervisor de campo y GC. Mi primera impresión, he de confesar, no fue mala, a pesar de que siempre he alardeado de una intuición rayana en la “paranormalidad”. Craso error, si llego a saber lo que se me venía encima, salgo de allí por patas.

Los primeros meses transcurrieron a una velocidad vertiginosa, eran muchos los conceptos, procedimientos y vericuetos que había que automatizar, pero me gustaba. Nunca he sido gilipollas y sabía que aquello que hacíamos ni era ético, ni era legal. Pero GC lo vendía de tal manera, que terminabas por creer que eras parte de algo grande, de algo importante. Sin embargo, poco a poco las cosas se fueron torciendo.

Operaciones encubiertas sufrió un par de batacazos, dos misiones que salieron rematadamente mal, tan mal, que hasta perdimos a un agente. He de decir y de ningún modo para escurrir el bulto, que todo fue culpa de GC. Si el hijo de la gran puta en vez de actuar sin pensar y de intentar adelantarse a todo para ganar puntos con la directiva de la compañía, hubiera sentado su enorme culo y hubiera planificado el asunto, otro gallo nos hubiera cantado, no habríamos perdido al objetivo y lo que es más importante, Márquez seguiría vivo.

Pero no, GC en vez de asumir la responsabilidad de lo ocurrido, en primer lugar porque la tenía y en segundo, porque era su deber como superior, puso nuestras cabezas en una bandeja de cartón barato ante la plana mayor. Afortunadamente, la sangre no llegó al río, un mes de suspensión de empleo y sueldo y la advertencia de que aquello no se repetiría jamás.

Tras la incidencia, GC estuvo de lo más delicado, sabía que nos había vendido y que la rebelión era posible. Sin embargo, con esas artes suyas que tanto he llegado a envidiar y detestar a la par, consiguió que el equipo volviera al trabajo olvidándose de la puñalada trapera.

Fue un periodo tranquilo, entró un nuevo agente pero no llegó a cuajar del todo, este tenía ideas propias y eso no gustaba ni a GC, ni al supervisor de campo ni a los otros tres agentes, digamos, que se tenía en cuenta aquello del corporativismo y había mucho trepa suelto. En mi caso, la ilusión inicial dejó paso al escepticismo que terminaría por convertirse en absoluta apatía. Era como un fantasma, llegaba, cumplía con las órdenes y me iba. Sin embargo, esto sería la calma que precedería a la tormenta.

Tuvo lugar hará cuatro años más o menos. La misión era sencilla, entrar, neutralizar y salir. El problema es que carecíamos de la información completa de la que si disponía GC. La amenaza no era un solo sujeto como creíamos, o mejor dicho, nos había hecho creer, eran cientos de personas, desde hombres y mujeres hasta niños y ancianos. Lo que tendría que haber sido algo relativamente sencillo, puede que execrable, pero sencillo a fin de cuentas, terminó resultando una auténtica masacre.

Estaba con los infrarrojos y el fusil en la mano, cuando detecté más movimiento del previsto, intenté abortar la misión pero GC no había dejado ningún cabo suelto, sabía que yo no podría abrir fuego a discreción contra población civil sin un motivo, así que el supervisor me encañonó por la espalda para que cumpliera las órdenes, pero no podía, no por valentía, sino por propio egoísmo, era consciente de que si abatía aquellas personas, mis demonios me fulminarían. Le rompí el cuello aquel bastardo soplapollas de encefalograma plano y antes de que este tocara el suelo, el infierno se desató.

El horror que vi a continuación no puede describirse con palabras. No supe reaccionar, solo miraba como los agentes de operaciones encubiertas, equipo del cual yo formaba parte, y el apoyo aéreo, iban masacrando a diestro y siniestro con saña, una saña que jamás supuse que tuvieran y que no entendía de ningún modo. Los cuerpos iban cayendo sin vida, de cualquier forma. Pequeños, grandes, a trozos. El olor a sangre y pólvora lo invadía todo. Muerte, todo a mi alrededor era muerte y destrucción.

Seguí allí como un pasmarote hasta que Ferro, aquel que no encajaba del todo, me cogió de un brazo y me puso a cubierto, a cubierto de qué, pensé… Lo que acababa de presenciar se había quedado grabado a fuego en mis retinas.

Pero todo esto que acabo de narrarles, solo es fruto de mi malsana psique. Hace también cuatro años, ingresé, mejor dicho, me ingresaron en una institución psiquiátrica por haber sufrido un brote psicótico. Según GC, Trujillo, Álvarez y Fontenla, ninguna de las atrocidades que yo denunciaba, habían tenido lugar, simple y llanamente había perdido la chaveta. Tampoco existieron nunca un tal Ferro ni un supervisor de campo. Y por supuesto, yo no era agente especial de operaciones encubiertas sino analista de datos.

Desde entonces le he estado dando vueltas una y otra vez, y a la única conclusión que llego es que el brote debió ser de puto campeonato. Tan colosal fue, que conservo metralla en la pierna derecha, una cicatriz de bala en el hombro, también derecho y el colmillo de un perro valiente al que Trujillo reventó la cabeza con la culata del fusil, por defender aquel a su amito de seis o siete años, hasta las últimas consecuencias.

Podría continuar….

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8 pensamientos en “GC

  1. jagxs

    Como siempre excelente relato.

    …Un poco desfasado de la realidad… cuándo se ha visto que tilden de locos a los que denuncian horrores.

    Responder

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