Archivos Mensuales: abril 2015

Con toda mi mala hostia, pero sin acritud, que conste

Es triste pensar en la cantidad de personas que siendo diligentes, válidas, útiles… no tengan donde caerse muertas, pero más triste es pensar en la cantidad de personas que siendo un jodido malgasto de oxígeno, disfruten de una posición que no se merecen. Podrá sonar un tanto reaccionario, no lo discuto, pero es que hay gente que no vale ni la puta bala con la que habría que fusilarla.

Y al hilo de esta reflexión, paso a contarles la vida de Taruga Soymástonta Quepichote.

Érase una vez, una histérica mujerzuela a la que sus santos padres [lástima que no hubieran sido bendecidos con el don de la infertilidad] bautizaron como Taruga. La niña en cuestión había salido lo que se dice fea de cojones, tonta profunda, así como poca cosa y sin gracia y con muy mala baba. Sin embargo, esos abnegados progenitores la criaron y educaron como si la nena fuera la octava maravilla del mundo. Un rotundo éxito, Taruga creció rodeada de estímulos positivos lo que provocó que su personalidad se forjase en la confianza, y aún diría más, en el desprecio absoluto por el resto de los mortales. Pues Taruga no era perfecta, era pluscuamperfecta.

En la guardería comenzó a despuntar, fue premio extraordinario de coloreado de pato, porque quién quiere aprender a leer cuando se es capaz de rellenar el ánade sin salirse de la línea. Y en primaria la cosa siguió mejorando, fue nombrada ayudante de la sádica monja que ejercía como profesora [jodiendo al resto de alumnos, claro] y consiguió el record Guinness al rellenar 387 cuadernillos Rubio de mayúsculas, en solo una jornada escolar, sin finalmente discernir la diferencia entre estas y las minúsculas.

Taruga siguió sumando años y cosechando éxitos en el Instituto Privado San Dinero Que Compra Que Aprobéis Pedazo de Alcornoques. Entre sus mayores proezas destacan el pintado de la fachada en rosa chicle [se nota ese premio extraordinario en coloreado de pato], el establecimiento como requisito obligatorio del uso exclusivo de bolígrafos con purpurina y la disminución de calorías en el menú del comedor, triunfando con su plato estrella: inhalado de vapor de agua light.

Y llegó el momento de matricularse en la universidad, estuvo mirando por aquí y por allá, pero nada, no encontraba palo para ahorcarse [gustosamente le hubiera dado uno, pero qué digo yo, gustosamente le hubiera hecho el trabajo completo] hasta que dio con la Escuela Superior P.U.F.O. [Posible Universidad Fraudulenta Ornamental] especializada en Unicorniología [si, relativa a los unicornios] en la República Bananera de Lo Mío es Mío y lo Tuyo También. Como no, premio extraordinario en el trabajo de fin de carrera con “1.080 peinados para un unicorniponi rosa” [un curre de la hostia] y Sunny Cun Laedu [algo bastante más relevante que el Summa Cum Laude, digo yo].

Recién licenciada, graduada o arquitecta, aunque quizás ingeniera, desconozco el título específico que se otorga en tan prestigiosa escuela, volvió a su tierra dispuesta a cazar a un gilipollas que la aguantara y por supuesto, la mantuviese. Su objetivo, Tengomusculoshastaenelpíloro García, si un nombre un poco largo pero francamente exótico, y por aquello de acortar, coloquialmente conocido por Piloro, que no Píloro, que conste. Millonetis no era pero no andaba mal de pasta, pues el fulano se ganaba la vida como columna de parking, y debido a lo específico del trabajo y el plus de peligrosidad, a final de mes se levantaba un pico. Taruga se lo terminó llevando al huerto con su boca ponzoñosa de comepollas, pues quiso el destino que el muchacho fuera oligofrénico profundo [el pobre infeliz, que no sabía dónde se metía] adicto a las felaciones. Una boda por todo lo alto, una casita en un barrio residencial de nuevo rico y un mini perro rosa hicieron las delicias de Taruga durante un tiempo.

Pero transcurridos unos meses, Taruga necesitaba más, quería incorporarse al mundo laboral como profesional y gran especialista [en unicorniponis rosas] que era. No tuvo suerte al principio, pues en más de una empresa tuvo que salir por patas por riesgo a que la ingresaran por la vía de urgencia en el psiquiátrico más cercano. Pero hete aquí que el destino le volvió a sonreír.

Era un día soleado cuando Taruga se presentó en EVISCERADOS REUNIDOS, S.A.U., empresa de exportación de sopa de menudillos líder a nivel mundial, por la siguiente oferta de empleo: Qualified technician polymeric overlapping spheres [Técnico cualificado en superposición de esferas poliméricas o lo que viene a ser lo mismo, el currito que plantifica la tapa al bote de la sopa en una cadena, pero eso ella lo desconocía]. Gustó en exceso al [mendrugo] jefe de área y no solo contrató a Taruga, si no que le asignó la responsabilidad de motivar a los curritos plantifica-tapas [lo que es la suerte, cago en to].

Fueron tiempos duros, un reinado de terror para aquellas pobres criaturas pero una fase feliz para Taruga, pues se dio cuenta de que sus dotes de liderazgo eran excelsas [je,je,je]. La primera medida, por supuesto, fue cambiar el mono de trabajo gris por uno rosa [es sabido que a mayor colorido, mayor felicidad], otra, quizás la de mayor impacto [negativo], fue la implantación del Trirrevisado, lo que antes hacía diligentemente una persona ,ahora debía ser revisado por otras dos, por aquello de constatar certeramente, y recalco lo de constatar certeramente, que la tapa quedaba correctamente colocada, lo que provocó la bajada [en picado] de la producción y el incremento de costes, pero la empresa y el [mentecato] jefe de área siguieron confiando en Taruga y esta, haciendo de su capa un sayo como dilucidar sobre las ventajas de la utilización de la rueda cuadrada en detrimento de lo que es una rueda, redonda vaya.

Actualmente [de cajón la cosa], EVISCERADOS REUNIDOS, S.A.U., está pasando por una mala racha, las exportaciones están al mínimo, los costes triplicados y la policía junto con la fiscalía han abierto una investigación por el índice elevado de suicidios de qualified technician polymeric overlapping spheres y por ello, Taruga está sopesando cruzar el charco y apostar por su carrera como agente de inversiones en camellos cosmopolitas en la Gran Manzana. Todo se andará…

Siento decirles, que este cuento no tiene moraleja, o si, digamos que unos nacen con estrella por alcornoque, soplapollas, analfabeto funcional o malgasto de oxigeno que uno sea y por el contrario, otros nacen estrellados por bueno, eficaz, diligente o profesional que uno buenamente pueda ser.

FIN!

The lion clown

Los acontecimientos se desarrollaron de tal modo, que no quise ver cuál sería el desenlace. Desenlace por cierto, que ahora, echando la vista atrás y asumiendo los hechos como fueron, estaba cantado.

Hubo una época en la yo tenía objetivos, inquietudes, perspectivas… cuestiones que ahora resultan lejanas e irreales pero que por aquel entonces estaban presentes en mi vida. El inglés era uno de aquellos obstáculos que debía superar para labrarme un futuro mejor, así que con gran decisión me matriculé en una academia de idiomas donde además de lo habitual, te ofrecían una parte impartida por ingleses nativos. Las clases me resultaban francamente duras, pues mi oído para captar la lengua de Shakespeare dejaba, y deja, mucho que desear y tampoco me terminaba de convencer ese carácter tan polite de los británicos. Sin embargo, un golpe de suerte hizo que mi camino se cruzara con el de Tom.

Que quede claro que esta no es una historia de amor, nada más lejos de la realidad, nunca existió entre él y yo atracción, tensión sexual o cualquier otra cosa relacionada con algo parecido a un romance. Simplemente conectamos a nivel intelectual, emocional o como quieras llamarlo, digamos que ambos teníamos un perfil neurótico de manual y el mismo absurdo sentido del humor.

Transcurridas apenas tres clases, la complicidad entre Tom y yo provocó que en vez de malgastar el tiempo con gramática y pronunciación, lo invirtiéramos en amenas charlas sobre nuestra vida y posteriormente, en la planificación de lo que nos encumbraría como “grandes artistas”, el guion de la tragicomedia, él quería tragedia y yo comedia, de “The Lion Clown”. Idea que surgiría de su desmedida pasión por los circos y de la mía por los zoos.

El guion avanzaba lento, pues aunque el título nos parecía sublime, ya he dicho que nuestro sentido del humor era un tanto particular, escasas ideas teníamos para desarrollarlo. Sin embargo, mi conocimiento sobre Tom si crecía cada semana, descubriendo así, mayor inseguridad y menor optimismo de lo que en un principio imaginaba pero sin que ello afectara a nuestra dinámica en lo más mínimo.

Pero todo cambió cuando Tom conoció a Tarantella, nombre que debía de haberle echado para atrás desde el primer momento. La tía estaba como una puta regadera y lo peor, era peligrosa, instintos suicidas a la par que alguno homicida se arrebujaban en sus entrañas, absorbiendo cual agujero negro a un Tom cada día más enamorado. Sé que mis palabras pueden sonar despechadas pero no lo son, lo que afirmo es que a medida que la relación entre ambos se estrechaba, Tom se iba sumiendo cada vez más en ese estado de desesperanza y rencor a todo en general, y a nada en particular, que dominaba la existencia de Tarantella.

Cierto que la vida de esta, siempre según Tom, no había sido precisamente agradable, padre alcohólico y dominante, madre ahogada en la piscina “oficialmente” de forma accidental, novio maltratador, hermano heroinómano… Demasiada tragedia para que aquello fuera verídico, desde mi punto de vista, pero nunca dije nada por temor a que Tom me considerara otro enemigo más y gracias a la discreción por mi parte, mi amistad con él siguió más o menos intacta hasta que su distancia emocional y la mía física fue tal, que hicieron casi el olvido y recalco lo de casi, pues Tom jamás desapareció del todo de mis pensamientos. Y ahora sé que yo tampoco de los suyos.

Los meses transcurrían y Tarantella cada vez estaba más chiflada, me da igual si había o no justificación, el caso es que su paranoia extrema provocaba que su vínculo con Tom se tornara más y más opresivo, alterando los nervios de este a tal extremo que terminó convirtiéndose en un auténtico demente. El día que me despedí de él, no era ya ni una sombra de lo que había sido, solo un guiñapo desaliñado y escuálido, sumido en un estado de desesperación y locura absoluta.

Transcurrirían casi dos años, cuando encontré en mi buzón un sobre negro sin nada que identificara al remitente, lo abrí y encontré la siguiente nota;

Noches sin dormir, sangre en mis brazos, un martillo golpeando perpetuamente mi cabeza, la araña ansiedad me acompaña allí donde voy, mucha cerveza, arcadas, necesito huir a ninguna parte, gritar, chillar, evasión, látigos, polla tiesa, monstruos, demonios, fantasmas acechan, sexo, creo que empiezo a oír voces, negro y rojo, miedo, vértigo, me mareo, se me va la cabeza, ira, las tetas de Tarantella, cansancio, dormir, solo quiero dormir en mi habitación con un payaso disfrazado de león.

Esa misma tarde, paseando sin rumbo con elevado aturdimiento, una pareja de arlequines o algo por el estilo llamó mi atención. Vestían ambos de negro, la cara totalmente blanca, lagrimas azabaches adornaban sus ojos y de repente en uno de ellos, los rasgos pintados de un león. Supe al instante que se trataba de Tom. Iba a acercarme cuando nuestras miradas se cruzaron, allí me quedé, frente a su “The lion clown” y sabiendo que jamás volvería a ver a Tom.

De donde no hay, no se puede sacar…

Cuando la inspiración se encuentra en paradero desconocido es absurdo devanarse los sesos, no hay ideas y punto. Mejor admitirlo que morir en el intento, pues aún perecido, seguirías sin tener nada presentable. De hecho, aunque lo consiguieras, no valdría de nada, pues anda caramba, estarías muerto, je, je, je… Dejo de divagar y de decir gilipolleces, prometido.

Esto que cuento es lo que me ha pasado esta semana, ni rastro de musos, de inspiración, de sus… respectivas madres, ni siquiera ganas de buscarlos. Así que me he dicho, ¿para qué están los escritores de verdad? , pues para joderle un relato, de esos que apenas nadie conoce, modificar algo por aquí, por allá, por acullá y hacerlo pasar por propio. No, es broma…

Ahora en serio, por más que lo he intentado, aunque tampoco me han dejado, apenas he conseguido escribir más de diez palabras con algún sentido, así que he optado por echarme elegantemente a un lado y dejar paso a los que saben.

Mi elección ha recaído… (redoble de tambor)… en Edgar Allan Poe, dada la cierta predilección que tengo por este alegre y vivaracho autor. Y con respecto al relato, the winner is “El corazón delator”, personalmente uno de mis favoritos, así que paso a copiar y pegar, cuán creativo mi trabajo de hoy, y a disfrutar de la lectura a la luz de las velas con una copa de buen vino. (Esto último es mentira cochina, lo de las velas y el vino, pero le da un toque de distinción a este preámbulo que, a duras penas, es de cosecha propia).

Y sin más dilación, pues desgraciadamente hoy no tengo nada más que decir…

El corazón delator. Por Edgar Allan Poe

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio… ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado… con qué previsión… con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría… ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente… muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente… ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches… cada noche, a las doce… pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás… pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando… tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena… ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: “No es más que el viento en la chimenea… o un grillo que chirrió una sola vez”. Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par… y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí… ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez… nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar… ninguna mancha… ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo… ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Sonreí, pues… ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara… hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba… ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso…, un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia… maldije… juré… Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto… más alto… más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían… y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces… otra vez… escuchen… más fuerte… más fuerte… más fuerte… más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí… ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!

Esperando… A nadie, joder

Pilgrim: Y un huevo de pato viudo, a mí que me peguen ya un puto tiro porque me niego a seguir aquí entre barro, lluvia y frío. Llevamos la intemerata y ni rastro de esos refuerzos prometidos.

Canelo: No desesperes, Grasso sabe cuál es nuestra situación, digo yo que antes o después aparecerá la caballería.

Escarolo: Llegará cuando tenga que llegar.

(Damas y caballeros les pongo en antecedentes.

Nuestros protagonistas, Pilgrim, Canelo y Escarolo se encuentran en una trinchera de algún lugar, para qué especificar, resistiendo, solos hace días, ante el fuego permanente del enemigo. Antaño, el grupo era más nutrido pero las deserciones y las bajas han pasado factura. Grasso, el sargento, y Magro, el lameculos del sargento, desde kilómetros y kilómetros de distancia, han prometido enviar más efectivos para poder hacer frente a los ataques del bando contrario. Sin embargo, ya han transcurrido varios días y los ánimos comienzan a decaer.)

Pilgrim: Yo propongo rendirnos y que les jodan. Dudo que nos fuera mucho peor…

Canelo: Pero, ¿y las ordenes de Grasso?, Magro dijo claramente que Grasso había dicho que debíamos continuar aquí, combatiendo hasta que llegaran…

Pilgrim: Hasta que llegara quién “tonto el culo”. Perdóname, me he pasado, pero es que esto empieza a joderme hasta, hasta límites insospechados. Como pille a los hijoputas esos, me lío a guantazo limpio y les cerceno el cuello.

Escarolo: Cálmate, alterándote solo conseguirás que te duela el estómago, como siempre que te agitas.

PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM,

Pilgrim: ¡A cubierto!, esos cabrones vuelven al ataque. Yo salgo, te digo que yo salgo y aquí acabamos de una vez por todas.

Escarolo: No digas tonterías, te quedas como todos y se hace lo humanamente posible.

Canelo: Escarolo, nos hemos excedido hace tiempo de lo humanamente posible. A veces puedo parecer un tanto, cómo decirlo, disipado, pero todavía no soy gilipollas profundo.

Escarolo: Nadie dice eso, que seas gilipollas. Pero a ver, cierto que nuestra situación es mala de narices pero Grasso enviará a alguien tal y como ha dicho.

Pilgrim: Me río yo de ese alguien. Esta guerra está perdida desde hace más de un año y Grasso lo sabe. Si os dais cuenta, desde más o menos la misma fecha aquí no entra nadie, solo salen. Unos se han ido a casa con el brazo vendadito, otros se han pasado al enemigo, incluso otros pocos han preferido palmarla antes de seguir aguantando esto. Pero nosotros no, erre que erre con que aquí seguimos. Pues yo ya no, que venga Grasso, Magro y la madre que los parió a los dos y se pongan a pegar tiros a diestro y siniestro si es lo que quieren, pero conmigo que no cuenten.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUM

Pilgrim: Otro petardazo, cojonudo.

Canelo: Me tienen hasta el higadito.

Pilgrim: Que fino Canelo, si te digo yo hasta donde me tienen unos y otros… ¿Y tú que haces?

Escarolo: Mi trabajo, ¿qué iba a hacer si no?.

Pilgrim: Escarolo rey, ellos tienen granadas, pistolas, fusiles… A nosotros solo nos queda el kalashnikov sin balas que sirve unicamente para dar estacazos y los tirachinas que ha fabricado Canelo.

Escarolo: En peores plazas he toreado. Esta mañana le he dado a uno en un ojo y se ha pillado un mosqueo de no te menees.

Canelo: Y ahora nos acribillan a balazos y nos lanzan alguna que otra granada. No creo que el barreño que llevo en la cabeza aguante mucho más.

Pilgrim: Pues no, parece un acerico, pero te da cierta clase.

Canelo: Gracias, intuía que me daba un aire, así, como de miliciano sofisticado.

Pilgrim: Hombre, muy miliciano no se te ve, pareces más bien una lombriz titiritera de buena cuna en carnavales, pero me gusta.

Canelo: No sé si me convence mucho lo de la lombriz.

Escarolo: No quisiera interrumpir a los caballeros pero hay trabajo que hacer, estas piedras no se van a lanzar solas.

Pilgrim: ¿Hablas en serio? No sé si lo tuyo viene de serie o es que te ha afectado al cerebro este infesto lugar. Piedras contra bombas, ¿ves la diferencia?

Escarolo: David contra Goliat

Canelo: Si te digo la verdad, la película me decepcionó un poco.

PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM…

Pilgrim: Que nosotros somos idiotas no cabe duda pero los de enfrente también son espabilados de cojones… no se habrán dado cuenta que somos tres y que no tenemos armas… con que venga uno de ellos y nos dé matarile es suficiente.

Escarolo: Seguro que saben que Grasso está planeando algún golpe maestro, esperan al acecho para que no les pille desprevenidos. Yo voy a seguir tirando piedras, por cierto, deberíamos ir a por más.

Canelo: ¿Hace cuánto que no comemos o dormimos o bueno, vamos al excusado?

Pilgrim: ¿Excusado? No sabría decirte, la verdad.

Escarolo: Somos “supersoldados”, por eso Grasso confía tanto en nuestro buen hacer.

Pilgrim: No digas tonterías, hasta los “supersoldados” necesitan beber, dormir y cagar.

Escarolo: Digamos que hemos pasado a un estadio superior, como los budistas esos que hasta vuelan.

Pilgrim: No vuelan, levitan. Y tan superior, mucho me temo que hemos palmado y no nos hemos dado cuenta. Pero si estamos muertos, ¿por qué carajo seguimos aquí?

Canelo: ¿Cómo no íbamos a darnos cuenta de haber fallecido?, no seas ridículo.

Escarolo: Hay que seguir haciendo lo que nos ha sido encomendado y esperar a los refuerzos.

Pilgrim: Y vuelta la burra al trigo, ¿esperar a quién?

Escarolo: A los refuerzos hijo, que pareces tonto.

Pilgrim: Yo desisto, desisto…

Escarolo: El estómago Pilgrim, el estómago.

Canelo: Por esperar un día más… Mañana ya veremos.

Avance informativo

Perdita Winter, corresponsal en “Los Mundos de Yupi” donde se encuentra ubicada la sede central de El Cuaderno de Clara, informando para los informativos redundantes de Teleantena 3,14159265358979323846

Fuentes lejanas aseguran que la Directora y Rodrigo Facciaduro podrían encontrarse en Kenia, cerca ya de la frontera con Uganda, regentando un tugurio donde lo mismo te venden una botella de licor local, un profiláctico hecho con tripa de ñu o polvo de marfil para esnifar. Las mismas fuentes apuntan a que podría haber un cómplice pero se desconoce por el momento su identidad.

La juez Marilina Gorgona sigue instruyendo el caso sin hacer declaraciones.

Y todo apunta a que Alfredo Jichos se hará cargo de la administración de El Cuaderno de Clara.

Seguiremos informando.

Extra, Extra!!

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA. Perdita Winter, corresponsal en “Los Mundos de Yupi” donde se encuentra ubicada la sede central de El Cuaderno de Clara, informando para los informativos redundantes de Teleantena 3,14159265358979323846…

No es oro todo lo que reluce en El Cuaderno de Clara, sus trabajadores se han declarado esta misma mañana en huelga encontrándose todos ellos desperdigados en las inmediaciones de la sede. Algunos se han encadenado a las rejas que protegen las instalaciones, otros, blanden pancartas con eslóganes tan dispares como:

“Directora, traidora, devuélveme la licuadora”

“Yo no curro como un burro”

“Libertad para domingos y domingas”

El resto, se dedica a montar el campamento base, pues como ha declarado Rodrigo Facciaduro, líder del movimiento y representante sindical vitalicio, “del barco de Cuaderno no nos moverán”. Sin embargo, este todavía no se ha pronunciado sobre las exigencias de los trabajadores.

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Me comunican que Alfredo Jichos se ha puesto en contacto con la redacción para arrojar algo de luz a los acontecimientos que están teniendo lugar. La Directora se encontraría sumida en un estado de ansiedad terrible, niega haberse apropiado indebidamente de ninguna licuadora en su vida, afirma que no tiene problemas ni con los domingos ni con las domingas y con respecto a las jornadas laborales, asegura, cumplen escrupulosamente la normativa.

Todo el jaleo vendría del caradura Rodrigo Facciaduro, son palabras de la Directora según Alfredo Jichos, pues este pretende cobrar con pala y no templar un tirante, algo que la aquella no está dispuesta a permitir.

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Rodrigo Facciaduro acaba de anunciar que comparecerá en apenas unos minutos.

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Las declaraciones de Rodrigo Facciaduro en directo.

Buenas tardes compañeros, buenas tardes explotadores de mierda y buenas tardes medios de comunicación, unos buenos y otros no. Estas son mis, digo nuestras exigencias:

-“Queremos los retretes de color lavanda. ¡Si!”

-“Necesitamos que la máquina de aperitivos sea más variada. ¡Si!”

-“La Directora deberá felicitar a cada empleado el día de su cumpleaños y si se tercia, también el de su santo. No, esto no, que somos un estado laico. ¡Si!”

-“Las condiciones del representante sindical vitalicio de los empleados de El Cuaderno de Clara deberán mejorarse de modo sustancial, ya que en caso contrario ninguno de los aquí presentes volverá a su puesto. ¡Triple Siii!”

Retomamos la conexión, el resto de trabajadores no está respondiendo con entusiasmo a los planteamientos de Rodrigo Facciaduro. De hecho, empiezan a increparle y a lanzarle lo que parecen hortalizas varias.

Rodrigo Facciaduro se ha bajado del banco donde se encontraba disertando y cubriéndose de los tomates, cebollas, puerros y apios voladores ha puesto pies en polvorosa, no sin antes mascullar “sois todos unos vendidos al capitalismo”

Hay mucha agitación y confusión en este momento. Perdemos la conexión.

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La Directora de El Cuaderno de Clara sale del edificio, está demacrada pero con paso firme se dirige al banco donde apenas hace una hora Rodrigo Facciaduro ha sido increpado y agredido. Parece que va a hablar, si… que sí (enfócala Marco, enfócala).

Las declaraciones de la Directora en directo.

Damas y caballeros, caballeros y damas, ruego me presten atención durante unos minutos para expresarles mi tristeza y consternación ante esta situación.

Lamento profundamente su malestar y estaría encantada de que el lunes próximo todos ustedes me transmitieran cuáles son las áreas de mejora necesarias para que el clima laboral sea óptimo, les puedo asegurar que todas aquellas que no versen sobre urinarios lilas serán revisadas y negociadas con el Comité de Empresa.

Y ahora como muestra de buena fe y del interés de la compañía en sus trabajadores, decretamos vacaciones para todos (solo hasta la semana que viene).

Los trabajadores aplauden y mantean a la Directora. Esta se acerca a la puerta de El Cuaderno, estira el brazo y clac, coloca el cartel.

CERRADO POR VACACIONES

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EXCLUSIVA EXCLUSIVÍSIMA DE AQUÍ HAY ACHICORIA

Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte… La Directora del Cuaderno de Clara y Rodrigo Facciaduro en la Riviera Maya dándose el lote en paños menores…

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA DEL A.B.C. DE LA RAZÓN DE NUESTRO PAIS A LA VANGUARDIA DEL MUNDO EN 20 MINUTOS

Desfalco y fraude en El Cuaderno de Clara. La Directora y Rodrigo Facciaduro en paradero desconocido, se les pierde el rastro en la Riviera Maya.

La juez Marilina Gorgona, encargada de instruir el caso que ha sido bautizado como “el caso aquí hasta el más tonto hace relojes”

La agencia Erre asegura que Alfredo Jichos se encuentra profundamente consternado ante esta situación. “Confiaba plenamente en la diligencia de la Directora” ha manifestado cuando salía de su domicilio.

Seguiremos informando.