Archivos Mensuales: noviembre 2016

Farsa comedia

Puede que llevase cinco años o tres eternidades, qué más da, en una empresa de cuyo nombre ahora no procede que me acuerde, cuando recibí por sorpresa un perfumado burofax. Excitada lo abrí, pensando en las tremendas posibilidades que aquel trozo de papel podría  contener. Sin embargo, esas ensoñaciones se disiparon de un plumazo, pues la bendita empresa tan solo me informaba de que era una empleada mala, mala, mala y que por ello me mandaban a la puta calle con una mano delante y otra detrás.

 

Ojiplática a la par que atónita me quedé. Como pude, me senté en las escaleras del portal y comencé a rememorar esos años o eternidades para intentar descubrir que grandes maldades había hecho yo para que me tildaran de empleada mala, mala, mala y me pusieran de patitas en la sucia rue.

 

Unas nubecillas salen de la desconsolada cabeza de la mujercilla sentada en el portal y se van sucediendo una serie de imágenes.

 

Corría una época jodida de narices cuando tras siete meses en el maldito paro conseguí un empleo en la empresa de cuyo nombre ahora no procede que me acuerde. Por supuesto, estaba mal pagado y aunque exigían mi título de “hasta aquí los rudimentos teóricos y ahora, hala y gánese la vida como pueda” también llamado licenciatura por abreviar, mi categoría laboral era la de aprendiz de auxiliar de taburete de ordeñador de cabras. Pero bueno, tenía trabajo y en una gran compañía, con tesón y trabajo duro convencida estaba de que medraría.

 

Mi gozo en un pozo, como no podía ser de otra forma. Los meses se iban sucediendo, mis tareas dificultando a la par que aumentando, pero yo seguía cobrando como aprendiz de auxiliar de taburete de ordeñador de cabras. Al principio de forma tímida, después con algo más de brío y finalmente amenazando con golpear la cabeza de mi jefa por entonces con el puñetero taburete fui exigiendo las perras que me correspondían pero sin ningún resultado.

 

Dispuesta estaba a quemar el chiringuito, cuando quiso ese caprichoso destino que tanto suelo mencionar, que, por necesidades de la compañía, nuestro departamento se desintegrara y por ende, nos recolocaran. De esta forma, los aprendices de auxiliar de taburete de ordeñador de cabras sin título fueron a parar al departamento de Alienación de Almas Errantes y aquellos con título lo hicimos al departamento de Legajos Cuquis.

 

He de confesar que aquello me emocionó, sinceramente pensé que se abría en ese momento la oportunidad de al menos llegar a auxiliar de taburete y que narices, hasta taburete. Pero esta es una historia española, no americana, y como buena historia española aquella oportunidad no se abriría jamás. Pero no nos adelantemos.

 

El caso es que mi compadre aprendiz y la que suscribe nos instalamos en Legajos Cuquis y que diferencia… espacio y luminosidad por doquier, folios rosas perfumados, bolígrafos de purpurina y macarons de diversos sabores para desayunar todos los viernes en grupo. Nuestra jefa encantada con nuestra incorporación y los compañeros deshechos en todo tipo de atenciones.

 

Sin embargo, poco o poco o a partir del tercer día, nos fuimos percatando de que Legajos Cuquis era una farsa, con un pésimo argumento y nefastos actores, por cierto. Aquellos con grandes sonrisas eran realmente hienas hambrientas esperando taimadamente despedazarse entre sí, el compañerismo un encubierto “baile de agua” para la abejorra reina, véase la directora de Legajos Cuquis, y el frenesí diario, no era sino un “desmonte la espoleta” para que el último desgraciado de la cadena se hiciera cargo.

 

Evidentemente mi palabra no vale más que la de cualquier otro, pero puedo prometer y prometo que hice lo que estuvo en mi mano para adaptarme a la pantomima que me habían asignado y asumí el papel de tres personajes protagonistas y un eterno secundario sin que por supuesto, modificaran mi exiguo sueldo de aprendiz de auxiliar de taburete de ordeñador de cabras.

 

De nuevo tímidamente, ya que era nuevo departamento, comenté a mi jefa que me maravillaba el hecho de que estuviera encantada conmigo pero que en fin, un pequeño incremento quizás no era un disparate. Ella me sonrió tipo hiena y me espetó en la cara “le daré una vuelta”, frase que le ha debido valer el puesto que tiene, dado que desde que entré hasta que me sacaron, no ha utilizado otra ya fuera para “necesito celo” o “¡pardiez! que nos fusilan a siete empleados en el frente”.

 

Así las cosas, me fui diez días de vacaciones por aquello de pensar que hacer con mi vida, pues es sabido por todos que un sueldo de aprendiz de auxiliar de taburete de ordeñador de cabras da para lo que da, esto es, na. Llegué un sábado a las once de la noche a mi destino vacacional, la casa de mis padres en el norte, aunque mis colegas de reparto pueden meditar si se van de safari a Kenia, digo yo que para hacer un seguimiento al comportamiento de las hienas, o si a esquiar a Aspen. El domingo a mediodía estaba en urgencias porque el brazo derecho se había desenroscado y puesto en huelga indefinida.

 

Pruebas y más pruebas hasta que llegaron a la conclusión de que necesitaba otra prueba que ya me harían en un futuro. El brazo derecho seguía erre que erre y yo tuve que volverme por ser anterior la fecha de mi incorporación a la fecha de la mencionada prueba futura. Mi jefa de lo más comprensiva me permitió ir a mi médico mediador de extremidades en huelga para tomar cartas en el asunto, pues como la sanidad es propia de cada comunidad, no hay interrelación posible, pero ese es otro tema que me anoto para comentar. El caso es que mi médico mediador de extremidades en huelga, habida cuenta de que yo era diestra, me dio la tan temida baja.

 

Y ese fue el principio del fin. Mi médico mediador de extremidades en huelga tuvo que pedir cita al traumatólogo del sindicato de brazos, este ver la situación, después pedir la prueba futura, tras los resultados y comprobar que las desavenencias venían de un tal nervio cubital, solicitar preconciliación para comprobar que todas las partes interesadas estuviesen en buena lid para negociar y finalmente intervenir para que el agitador nervio cubital dejase la huelga y se pusiera a trabajar de nuevo. En el trascurso de estos dimes y diretes, recibí el perfumado burofax.

 

La mujercilla sentada en el portal sale de su ensoñación.

 

Pues está claro, me han largado por no aceptar el quinto papel de cupletista, no cabe otra interpretación.