Archivos Mensuales: diciembre 2016

Caótica Marta

Era una tarde lluviosa, oscura y francamente desapacible, de esas donde la única opción disponible parece ser sofá-manta-peli o cocinar unas magdalenas, pero no para Marta, y no porque fuera de esas personas que van a contracorriente, en lo más mínimo, si no por el mero hecho de que ni se le había pasado por la cabeza ver el parte meteorológico de Roberto Braserillo o incluso más fácil, asomarse por la ventana y comprobarlo empíricamente.

 

Y mientras la lluvia arreciaba, Marta, ajena, iba del dormitorio al salón, del salón al cuarto de baño y de nuevo al dormitorio, intentando seleccionar todo aquello que debía llevarse para su escapada romántica, mientras hablaba con su madre por teléfono e intentaba depilarse sin gran éxito las piernas. Finalmente, hora y media después, conseguía colgar a su madre tras prometer por sus dignos antepasados que iría a comer cocido el domingo que viene, cerrar la coqueta bolsa de viaje con todo lo imprescindible y los “por si acasos” y lucir unas piernas de infarto libres de cualquier rastro de vello.

 

Arrebatadora, con el petate listo y tras haber comprobado en dos ocasiones la llave del gas, Marta se metió en el coche y repasó mentalmente el trayecto para recoger a Pepius 47, StathamRules y Lola Puerros, pues como los sueldos de hoy en día de unos muchos, no tanto de otros pocos, no son para tirar cohetes, no queda más remedio que compartir coche y por supuesto gastos a través de internet. Al salir del garaje, se dio cuenta, por fin, de que llovía, que no se veía un pijo y que Lola Puerros sería un problema muy gordo dado que no le había quedado demasiado claro el punto de encuentro y por supuesto, con este tiempo de perros la cosa se complicaba, por decirlo suavemente. Pero Marta era optimista y risueña por naturaleza, así que metió primera o tal vez quinta y allá que se fue.

 

Pepius 47, el primer pasajero, resultó ser José Escalope, un cetrino a la par que cretino contable de 47 años, divorciado, neurótico y un tanto resentido con la vida que desquició ligeramente a Marta con sus conflictos vitales, emocionales y digestivos. El segundo de abordo, StathamRules conocido por su madre como Moisés Colines, era un joven cuadrado entrenador personal de gimnasio, que sorpresivamente, estaba pelín obsesionado con Jason Statham y sus películas. Lo jodido venía ahora, encuentra tú en medio del monte con un tifón de cojones a Lola Puerros.

 

Vueltas y vueltas y más vueltas y como era de esperar, Lola Puerros no aparecía por ningún lado. Marta estaba ya al borde de un ataque de nervios teléfono en mano y gps en la boca, pues ya pasaban más de treinta minutos de la hora acordada. Y mientras, José Escalope de copiloto y mareado le contaba los problemas de erección que sufren los chipirones pirenaicos, Moisés Colines detrás y enloquecido veía Crank: veneno en la sangre en su tableta y un coche oscuro le daba luces en plena autovía.

 

Y en esa tesitura seguían Marta y sus acompañantes, cuando de forma súbita el coche oscuro les adelantó y se les cruzó violentamente impidiéndoles continuar la marcha. Marta solo pudo encomendarse al arcángel San Gabriel pues aquello pintaba mal, muy pero que muy mal. Quizás el psicoanalista de José Escalope harto de indigestiones y erecciones de chipirones de montaña había decidido liquidar a su cliente, puede que Jason Statham envenenado y colérico buscase un antídoto para no sé qué coño de droga asiática o tal vez un militante de Somos Capaces quisiese la cabeza de Marta por no manifestarse contra el imperialismo de la paella mixta en detrimento de la de verduras. Sin embargo, del coche salió un señor bajito y con bigote que después de dar gritos y exigir de malos modos el carné de identidad y los papeles del coche, se identificó como miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y juró y perjuró que no era cierto dictador resucitado.

 

Marta temblaba como un grácil junco a la orilla de un riachuelo en pleno huracán de categoría 5, José Escalope, lívido, ni se movía, Moisés Colines a su puta bola con Jason Statham y Crank 2: alto voltaje, los papeles del coche no aparecían por ningún lado y el señor bajito con bigote cada vez más enfurecido no paraba de berrear. Ya hasta los mismísimos, Marta, en un acto de valentía o de idiotez extrema, pidió encarecidamente al bajito con bigote que por favor se metiera la puñetera lengua en el culo y la dejase tranquilamente buscar los malditos papeles y explicarle el motivo por el que iba sin luces, con un móvil en la mano, un gps en los dientes, un contable neurótico y un vigoréxico enamorado hasta las trancas del tal Statham.

 

Segundos más tarde, Marta se arrepentía en su fuero interno y se preparaba mentalmente para dormir en el cuartelillo en vez de en la acogedora habitación con vistas a la playa que tenía reservada para pasar el fin de semana con su novio. Sin embargo y de forma inesperada, el del bigote se tranquilizó, se disculpó por las formas y pacientemente esperó a que Marta encontrase los papeles mientras le relataba su disparatada, aunque veraz historia, con el milagroso resultado de solo 200 euros de multa. El arcángel San Gabriel o parientes es lo que tienen…

 

El viaje prosiguió sin más incidentes, con un José Escalope mudo y un Moisés Colines con auriculares. A las 9 de la mañana, Marta llegaba a su destino con el único propósito de darse una larga ducha y dormir como un lirón. El revolcón más tarde y los comentarios de los pasajeros en internet sobre la experiencia, quizás el año que viene.

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