Archivos Mensuales: febrero 2017

Marchando una de caballeros

La historia que voy a narrarles a continuación nunca tuvo lugar, jamás de los jamases, así que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Hecha la oportuna advertencia por aquello de curarme en salud, me pongo manos a la obra.

Damisela En Apuros, si, de nombre Damisela y de apellidos En Apuros, estaba francamente enojada porque había sido expulsada sin contemplaciones de su amado palacio por un trío de concubinas de tres al cuarto. Quizás amado no era el adjetivo más adecuado, ya que aquello se parecía más a una casa de mujeres de reputación cuestionable o lo que es lo mismo, la casa de putas de toda la vida, que a un amado palacio, pero ¡que coño! era un palacio a fin de cuentas y en los tiempos que corrían, una sin palacio no era nadie.

Pero Damisela En Apuros, testaruda como una terca mula, no estaba dispuesta a dejarse vapulear por concubinas de tres al cuarto, así que todas las mañanas tras el desayuno, trazaba un plan para intentar colarse en palacio, conseguir partir el cráneo al triunvirato y recuperar el lugar que le correspondía. Sin embargo, todas las tardes después del té con pastas de las cinco, fracasaban, gracias a una no muy buena estrategia y a la mala follá de Arpía Panzonis, Malvada Villana y Zo Rupia, las ya mundialmente conocidas como las tres concubinas de tres al cuarto. Así las cosas, transcurrido mes y medio aproximadamente y desperadita en grado extremo, Damisela En Apuros decidió claudicar y emigrar al oeste, pues se decía, se comentaba que por allí la desaceleración comenzaba a acelerar.

Y efectivamente, hechas las gestiones pertinentes, que no eran muchas, Damisela En Apuros, petate en mano, puso rumbo al oeste. E iba andando el tercer día por un camino pedregoso cuando a caballo pasó un noble y talludo caballero de noble corazón, esto se captaba a primera vista, que, tras parar y echarle un vistazo, le preguntó:

-¿A dónde os dirigís buena señora?-.

-Señorita. Al oeste a la búsqueda activa de palacio buen señor-. Respondió Damisela En Apuros.

-¡Pero como una damisela como vos no tiene palacio!-. Declamó el noble y talludo caballero de noble corazón, que se captaba a primera vista, mientras se bajaba de Guirlache de Anacardo, rocín que llegó a enfrentarse por el primer puesto de la lista Horbes a los mismísimos Bucefalo, Othar, Bavieca y Lolly Jumper.

Damisela En Apuros se quedó algo descolocada por la desmesurada reacción del noble y talludo caballero y todo lo que sigue, pero como no tenía prisa, consideró que ya era hora de comer y que el hombre podría serle de alguna ayuda, así que de su petate extrajo un mantelito de cuadros rojos y blancos, un taper repleto de tortilla con pimientos e invitó al noble y talludo caballero de noble corazón que se captaba a primera vista, que resultó ser el gran Advocatus Heroicus, una especie de Rey Arturo pero en plan homemade, que para aquellos que no saben inglés significa hecho en casa, a que la acompañara mientras le relataba su desdichada historia.

Advocatus Heroicus no daba crédito a las palabras de Damisela En Apuros, ni entendía por qué la tortilla no llevaba cebolla. Y dado que con respecto a la tortilla no había nada que hacer pues ya se la había comido, resolvió que vengaría el honor de Damisela En Apuros siempre y cuando esta prometiera que la próxima tortilla tuviese cebolla, pues de los pimientos no tenía queja.

Sin mayor dilación tras su resuelta decisión, Advocatus Heroicus, Damisela En Apuros y Guirlache de Anacardo emprendieron el viaje de vuelta a palacio y dado que la empresa a la que se enfrentaban no era baladí, nuestros tres protagonistas optaron por alquilar una habitación de posta durante unos días, trazar bien la estrategia y actuar en consecuencia. Y aunque Advocatus Heroicus no andaba muy allá de reales o la moneda que hubiera entonces, sabía que la planificación era fundamental, pues su gran nombre se había forjado de éxitos y no de malogrados intentos.

Tras tazas de café a cascoporro, varios kilos de alubias pintas con chistorra, era año de superávit de alubias pintas y chistorras, y cientos de horas devanándose la sesera, Advocatus Heroicus por fin lo tuvo claro, Damisela En Apuros recuperaría su lugar en palacio gracias a la ley Caverna. Pero como la bombilla se había encendido el viernes por la noche, no quedó más remedio que esperar al lunes por la mañana para hacer cumplir la ley.

Ni Damisela En Apuros, ni Advocatus Heroicus consiguieron conciliar el sueño la noche del domingo al lunes, en parte por las jodidas alubias pintas con chistorra de la cena, en parte por los nervios que les suscitaban los acontecimientos que pudieran acaecer en unas horas, pues ambos sabían que se jugaban el todo o el nada a una sola carta.

Con los machos bien apretados, Damisela En Apuros, Advocatus Heroicus y Guirlache de Anacardo timbraron en palacio a las nueve de la mañana de aquel lunes de incertidumbre. Malvada Villana abrió la puerta y zas, estacazo en toda la jeta. Bajó Zo Rupia alertada por el estruendo y zas, segundo estacazo. Solo quedaba Arpía Panzonis que estaría por supuesto en el comedor.

Sigilosos, nuestros tres protagonistas se allegaron hasta el habitáculo donde Arpía Panzonis comía desaforadamente una cazuela de alubias pintas con chistorra, no era normal el superávit de ese año ni el apetito de la concubina, y tras unos momentos para recuperarse de tanta emoción, zas, cayó cual bloque de hormigón con la cuchara repleta de alubias pintas con chistorra en la boca.

Damisela En Apuros saltaba de alborozo, Advocatus Heroicus apuntaba su nuevo triunfo en su cuaderno de gestas y Guirlache de Anacardo medía las ventanas para cambiar las cortinas, cuando el malvado Asesor de la Corte, Picapleitus Histericus, hizo su entrada berreando y braceando como un poseso.

-¿Qué habéis hecho panda de cafres?-. Espetó Picapleitus Histericus.

-Aplicar el artículo 5.7.a) de la Ley Caverna, de 7 de mayo de vaya usted a saber qué año, del Consejo de Cavernarios de la Unión-. Respondió sonriente Advocatus Heroicus.

-Ni artículo, ni artícula. Esto es del todo inapropiado y no me deja otra opción que presentar una denuncia por concubicidio en grado de tentativa y allanamiento de palacio-. Vociferó Picapleitus Histericus.

Advocatus Heroicus muy traquilamente, a pesar de que Picapleitus Histericus le sacaba de quicio, le dio un estacazo y musitó:

-Artículo 5.7.a) de la Ley Caverna. El atizador que tuviera el palo más grande que consiguiera atizar al morador, en nuevo morador se convertirá, debiendo el antiguo morador atizado abandonar el lugar en donde el nuevo morador atizante le atizó.

Con la ley en la mano todo se consigue, nunca mejor dicho,  por lo que Damisela En Apuros recuperó su lugar en palacio, Advocatus Heroicus por supuesto sumó nueva gesta pero más importante aún, disfrutó de la suculenta tortilla con cebolla prometida, y Guirlache de Anacardo se retiró de la vida heroica para centrarse en su nuevo proyecto como decorador de interiores.

 

Y queridos y queridas, colorín colorado. esta historia que jamás de los jamases tuvo lugar, se ha acabado.

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