Historias para no dormir. Segunda entrega

Si mi cara era un poema, ni te cuento la del majo y valiente Pasadoporagua, de Ilíada como poco. Pero lo que estaba claro es que Franzina había desaparecido, bajo coacción seguramente, que hacía un frío de cojones y que no podíamos quedarnos allí pasmados mucho más tiempo sin hacer nada al respecto. Así que, tras digerir, y era mucho digerir en tan poco tiempo, los acontecimientos, resolví que lo mejor era acudir de una puñetera vez a la policía y dejar que ellos, los verdaderos profesionales en estas lides, se encargaran. Pero como no, de nuevo mis argumentos, aunque plagaditos de sentido común, no surtieron efecto. Pasadoporagua adujo que desconocíamos el hecho de si realmente había habido un secuestro, puesto que Franzina se podía haber ido por su propia voluntad, así que antes de molestar a la fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, lo mejor era intentar localizarla.

 

Asentí como jodida cordera y saqué el móvil para llamar a Franzina. Apagado o fuera de cobertura, a la policía. Puede que no tenga cobertura o se haya quedado sin batería. Bien, me acercaré a su casa. Mejor te acompaño, no vaya a ser. Bien. Perfecto, vamos.

 

Como era de esperar, en su casa no estaba, pero Pasadoporagua no daba su brazo a torcer, pues ahora argumentaba que las desapariciones no podían denunciarse hasta pasadas 48 horas. Yo le intenté meter en la mollera que no se trataba de una desaparición sino de un secuestro, y aunque era cierto que solo habíamos visto el coche huir calle abajo a toda velocidad, el caso revestía cierta gravedad habida cuenta de que un posible maniaco homicida acosaba a Franzina. Sin embargo, me veía incapaz de seguir batallando mucho más. Tenía frío, sueño y la cabeza embotada, así que sintiéndolo mucho por Franzina, le dije amén hermano, tú ganas, que yo me voy a casa a dormir y mañana hablamos.

 

Soñé mucho y raro aquella noche, pero para mi sorpresa, amanecí despejada y con fuerzas renovadas para encontrar a mi amiga Franzina o pegarle un estacazo a Pasadoporagua para acudir de una vez por todas a la policía. Pero no sin antes tomarme mi café, echar un ojo a los periódicos del día por si algo se mencionaba y comprobar mi correo. En los rotativos no había rastro de ningún incidente de aquellas características, pero cuando abrí mi correo, en la bandeja de entrada, acechante y amenazador, reposaba un correo del hombre de negro 27 sin asunto, sin texto. Únicamente un archivo adjunto. Hice de tripas corazón y descargué el maldito archivo.

 

El vídeo, siento decir, era cutre de narices. En él, aparecía Franzina atada a una silla plegable de playa en lo que supuse un garaje, pues se vislumbraban un par de culos de coches y una bicicleta antediluviana, con un ejemplar del “20 minutos y medio” de lo que debía ser el día en cuestión, ya que la fecha no se apreciaba a esa distancia, en el regazo. Y al mismo tiempo una voz en off y distorsionada con, estoy segura, un globo de helio, nos daba parcas instrucciones de cómo proceder. Nada de policía, de lo más original, y la emisión aquella misma noche del capítulo de Franzina en el programa “Cazadores de gnomos malvados de jardín” y del propio vídeo del secuestro.

 

La segunda petición me chirrió un poco, o no tenía sentido o tenía demasiado. Y en esas estaba, cuando mi telefonillo sonó y casi me muero de un infarto. Era Pasadoporagua.

 

Jadeante, acelerado, triunfal, sacudiendo histéricamente un papel y repitiendo una y otra vez “la tenemos”, entró en casa aquí mi primo.

 

-¿A quién?-. Pregunté yo.

 

-A la mano negra que se esconde detrás de todo este asunto-.  Contestó él mientras me tendía el papel que segundos atrás había estado moviendo de un lado a otro de modo frenético.

 

Cogí la hoja y leí. Matilde Victoria Bronce Armada.

 

Matilde Victoria Bronce Armada, Matilde Victoria Bronce Armada… De qué me sonaba a mi ese nombre pensaba una y otra vez a la par que escudriñaba mi maltrecha memoria en busca de alguna respuesta, cuando quiso el caprichoso, y esta vez benévolo, destino, que la bombilla se me encendiera. Con premura y sin vacilación cogí de un brazo a Pasadoporagua y escaleras abajo me lo llevé. Bingo, allí estaba.

 

                        6ºB

Carlos Hipólito Carrascosa Muela

Matilde Victoria Bronce Armada

Víctor José Carrascosa Bronce

Ángel Leonardo Carrascosa Bronce.  

 

Pasadoporagua fue el primero en reaccionar, como era de esperar, y me propuso que subiéramos, como quién no quería la cosa, para tantear un poco el terreno. Yo, una vez aterrizada de mi mundo de Yupi particular, le comenté que aquello me parecía un tanto peligroso y de paso, me interesé por la procedencia, fuente u origen del nombre, esto era, quién coño le había dicho que mi vecina estaba detrás del secuestro de Franzina.

 

Pasadoporagua me miró con cara de no entender mi azoramiento, pero tras un par de segundos, debió recapacitar y me contó que, tras despedirnos el día anterior, había facilitado a un amigo suyo detective privado el número y perfil del gnomo malvado de jardín, y que este hacía un rato le había llamado para verse en un café para entregarle a la persona que se ocultaba detrás de dicho número y perfil. Y eso era todo.

 

Yo hice como que me lo creía y propuse por enésima vez acudir a la bendita policía. Él puso cara de contradicción y se disponía a replicarme, estoy convencida, cuando el portal se abrió de par en par, y Matilde Victoria Bronce Armada y, ay va la ostia, el niño hacker cabrón del sexto, hicieron su entrada.

 

Continuará…

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5 pensamientos en “Historias para no dormir. Segunda entrega

  1. bosque baobab

    Ja ja ja estàs fatal. Me lo paso genial con tus relatos. Solo puedo decirte gracias. (Ah te puedo decir algo que te gusta… taburete) Muchas gracias por hacerme reir tanto. Ansío tu tercer episodio como chewaka un bote de suavizante.
    Muchos muchos besos Clara.

    Responder
    1. elcuadernodeclara Autor de la entrada

      Taburete! Que gran palabra pardiez! Jajajaj.
      Me alegro de que te sigan gustando mis relatos y tranquilo, espero poder satisfacer tu demanda en breve y de paso la de Cheewaka. Aunque he de confesarte que tengo ciertas dudas… mimosin o vernel? 🤣

      Besos mil!

      Responder
      1. bosque baobab

        Ji ji mimosin… seguro. Aunque un wuki mosqueado te puede arrancar la cabeza de un zasca.. debajo de todo ese pelo hay un corazón muuu glande (ups perdón que es amor) grande.
        Esperaremos entonces con paciencia de ola (ya me he puesto poético otra vez… q horror jeje)
        Besos

      2. elcuadernodeclara Autor de la entrada

        Apunto lo del mimosin 🤣 Aunque te encargas tú, no me termino yo de fiar de ese Cheewaka de corazón muy … jajajaja. Y si, paciencia , aunque prometo intentar no tardar mucho besote!

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