Archivo de la categoría: Cajón de sastre

Noche de paz, noche de amor

-No joder, me niego.

-En primer lugar habla bien y cómo que te niegas Pruden, cómo no vamos a ir a cenar a casa de mi madre.

-Que no, que prefiero una muerte lenta y dolorosa a manos de un sádico hijo de puta o que me rocíen con Napalm o mira, que me corten la cabeza con un cuchillo de postre pero yo este año no paso la Nochebuena en la casa de locos de tu familia.

-Como te gusta dramatizar hijo y como te gusta reventar cualquier tipo de evento.

-Gertru, nunca te lo he dicho pero, agonizo, son muchos años pasando por la misma tortura. Y además tu hermano es un imbécil integral, se pasa todas las veladas narrando sus proezas como extirpador de almorranas, por el amor de Dios, cuando me llevo un langostino a la boca no quiero oír nada sobre las hemorroides de Paca la del bar de abajo ni de nadie, coño.

-Chico, ya sé que es un poco pelmazo a veces pero a ver, dime, ¿cuantas veces tienes que pasar por eso, dos, tres al año? Y si pones a caldo a mi hermano, espera que empiece con el anormal del tuyo.

-Deja a Inocencio en paz, al menos no da el coñazo.

-Porque está donde Cristo perdió el gorro, no te jode. Recuerda que por culpa de ese meapilas y sus disquisiciones sobre el “Infierno” de Dante, Alvarito sigue yendo al psicólogo.

-Bien, vale, admito que ahí muy fino no estuvo Inocencio pero no lo hizo con maldad, solo pretendía salvar a la criatura de las garras de su ramera y ponzoñosa madre.

-Qué bonito Pruden, qué bonito. ¿Empezamos ya con insultos?

-No amorcito, es lo que dice mi hermano, no yo, no confundamos.

-Pruden tienes que ir y punto, ya han contado con nosotros para hacer la cena. Mi pobre madre y mi pobre hermana llevan desde ayer con los preparativos.

-¿Preparativos? Ja, me rio yo. Gertru, que podré ser un calzonazos pero no tonto. Ponen los mismos langostinos rancios y anoréxicos de todos los años, el jamón de la cesta de navidad de tu cuñado y luego el CESNI (carne en salsa no identificada), que por cierto me produce acidez.

-Pues sal de frutas majo, hala, vístete que al final vamos a llegar tarde.

-Que no coño, recuerdas el año pasado, ¿verdad?

-Mira que eres exagerado hijo.

-¿Exagerado?

-Sí, muy exagerado.

-Creo recordar, si la memoria no me falla que vinieron los Geos porque pensaban que tu cuñado era un secuestrador armado (con el cuchillo jamonero) y peligroso dispuesto a degollar a tu padre. Me viene a la memoria… ah sí, los bomberos porque el pedazo bestia de tu hijo Alvarito, creo que el psicólogo no le está yendo muy bien, y el cafre de tu sobrino Agamenón, qué en coño estaría pensando tu hermana al ponerle el nombrecito, prendieron fuego al gato de la vecina y este lo propagó por casi todo el edificio. Sorprendentemente el gato salió ileso a excepción de la cola un tanto chamuscada. Y por si fuera poco, tuvo también que acudir el Samur hasta tres veces. Por Ricardo, el novio de tu prima al intoxicarse con el CESNI, son muchos los años que requiere conseguir la inmunidad a sus efectos devastadores, por el ataque de ansiedad de tu prima porque se llevaran a Ricardo y por Bernardo, el amigo de tu padre al ser atacado por tu hermano intentado extirparle una y cito textualmente, de las más admirables almorranas que ha visto en toda su vida, sí que es deformación profesional lo suyo y grave.

-Fueron cuatro los Samur que vinieron querido, has omitido tu coma etílico y chico, hasta en las mejores familias hay rencillas. Ponte los pantalones y vámonos, es la última vez que te lo digo y como lleguemos tarde Pruden, no respondo de mí, no respondo.

-Bien, tu ganas, ahora me visto pero cuenta con el coma etílico, con suerte de esta no salgo y me libro mañana del cordero antediluviano al que le supura aceite de los poros.

-Todos los años la misma historia Pruden, la misma historia… me aburres, te repites mucho. Ponte la corbata roja y vámonos ya.

-Parafraseando a Bécquer, Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja.

Fin del primer acto.

Porque a veces tanto espíritu navideño puede ser mortal, juas, juas, juas.

Anuncios

Cuento de Navidad. Versión Especial Extendida (con comentarios del Director)

-Feliz Navidad Vivaldo. Dijo Angelote Multicolor Bautista. Vivaldo por su parte, henchido de razón y dando buena cuenta de los langostinos con salsa rosa, emitió tres ladridos que en jerga perruna venía a significar, “Feliz Navidad querido Angelote”.

Este es el Cuento de Navidad de Angelote Multicolor Bautista y Vivaldo, de un hombre y su perro, de cómo plantamos cara a ese enemigo silencioso y a veces letal que es la soledad.

La historia tiene lugar allá por el Norte, donde un día llueve y otro también. Angelote contaba ya con 64 primaveras en su haber, era un hombre menudo, con cierta tendencia a las redondeces abdominales, agradable hasta decir basta, culto y soltero, de hecho no se le conocía ni se le había conocido mujer… Vivía en un pequeño piso muy cercano al centro (aunque dado el tamaño de la ciudad ello no resultaba complicado, lo de vivir cerca del centro, se entiende) que compartía con Vivaldo, su fiel compañero, un perro mestizo de 11 años, similar a una bolita blanca y más tierno que el día de la madre.

Aunque era 24 de diciembre, como cada día, Angelote amanecía a las 8 de la mañana y seguía la misma rutina, asearse, preparar el desayuno para los dos, él, café con leche y tostada con aceite de oliva y Vivaldo, algo de nutritivo hígado y disfrutarlo en compañía el uno del otro en la mesita camilla que Angelote tenía en el salón, al lado de la ventana que daba al mar.

Sobre las 10, cargadas las pilas y después de haber dejado todo recogido, ambos bajaban por las escaleras, tocaba el larguísimo paseo y los recados que hoy se incrementarían por ser Nochebuena. Angelote hacía tiempo que no tenía familia, al margen de Vivaldo, pero era estimado por sus vecinos ya que este en cuestión era un tipo agradable, de aquellos que se para con todo el mundo pero sin llegar en ningún caso a resultar pesado.

Lo primero sería comprar el periódico y felicitar las fiestas a Marisa, su quiosquera de toda la vida. Después café en el Albert’s para desear una feliz Navidad a Alberto y Carmela (los dueños de la cafetería en cuestión, por si no los relacionaban con el nombre del bar). Unas luces para el arbolito en el “chino” de Juanito (realmente se llama Xian Chi Yu, pero por aquello de facilitar las cosas) y comprar la cena, langostinos con salsa rosa (algo manido y hasta puede que cutre, no lo discuto pero una autentica delicatessen para Vivaldo) y la comida de Navidad, un poco de cordero.

Tras cumplir con todos los puntos del día, Angelote y Vivaldo pusieron rumbo, como acostumbraban a diario, a la casa de comidas de El Aquilino. Angelote llevaba al menos 20 años comiendo allí, por aquello de no cocinar, menú sabroso, abundante y económico, que más podía pedir. Aunque por poco la relación entre El Aquilino (el artículo determinado podríamos decir que forma parte del nombre) y Angelote se va al carajo por las reticencias de El Aquilino a que el perro compartiera mesa y menú con su dueño. Sin embargo, Vivaldo conquistó enseguida el corazoncito de El Aquilino y la estampa de “sí hombre, aquel señor del pelo cano, ese tan agradable y su perro, la bolita blanca” comiendo en la casa de comidas (valga la redundancia) de El Aquilino llevaba repitiéndose todos los días desde hacía 11 años.

Con la pancita llena, los dos subían a su casa, Angelote se ponía las pantuflas mientras Vivaldo se iba acomodando en el sofá y juntos como no podía de ser de otra forma, se echaban la siesta. Tras el sueño reparador, Angelote leía el periódico en voz alta para que Vivaldo estuviera al corriente de las noticias internacionales, nacionales y locales pero hoy iba a ser distinto. Alberto les había convidado (termino exacto utilizado por el propio Alberto pues bajo su criterio sonaba formal y festivo a la par que culto que te cagas) a pasarse por el Albert’s a partir de las 6 de la tarde para disfrutar de un pequeño piscolabis y algunos agasajos (hoy Albertito estaba que se salía en cuanto a vocabulario, un tanto petulante en plan antiguo, todo sea dicho de paso) en agradecimiento por tantos años de fidelidad.

Ya en casa, habiendo pasado un rato de lo más grato (comiendo boniato, que no, que es broma, lo del boniato digo, aunque por qué no, lo de haber comido boniato. Ya cierro el pico) tocaba preparar la cena. Angelote hirvió los langostinos, los colocó en hielo para que no perdieran tersura, preparó la mesa con el mantel de las ocasiones especiales y puso el programa de Jose Luis Moreno (me importa bien poco si ya no lo echan, es un clásico y debe, no, es vital diría yo, que Jose Luis Moreno y su programa salgan en mi cuento).

-Ya está todo listo Vivaldo, a la mesa.

-Guauff, guauf, guauuff, guau (traducción: voooy, langostinos ricos, mmmmm).

Ya sentados ambos, con sus platos llenos de langostinos y salsa rosa a rebosar, su copita de sucedáneo de Champán y el fantástico programa de Luis Moreno. Angelote alza la copa y dice:

–Feliz Navidad Vivaldo.

-Guauuu, guauff, guau (traducción: Feliz Navidad querido Angelote).

Fin

Las partes entre paréntesis y en cursiva pertenecen a los comentarios del Director y las que figuran solo entre paréntesis corresponden al traductor de ladridos perrunos (anda que serás redundante, si son ladridos serán perrunos, ¿no?), {será gilipollas el tipo este}. Disculpen la interrupción, el traductor perruno o de ladridos, como gusten, se llama Rutiguer Jacinto Valentín de los Bienaventurados Chipirones Pirenaicos y es una eminencia en estas lides (seguro… juas, juas) {Y a mí que me importa lo que creas y si lo es, déjame terminar, coño}. (vale, vale, no te pongas así). Ruego disculpen de nuevo. Por último, que no estaba previsto, la parte entre llavecitas corresponde a una servidora fuera totalmente de guion, `{servidora que ha tenido que lidiar con el Director y la eminencia del traductor, hasta los coj… me voy a brindar con Angelote y Vivaldo, coño ya}.

No era la entrada que yo esperaba de mi ayudante, pero es lo que hay amigos míos.

Porque a veces las fiestas compartidas con aquellos que más queremos son mucho más memorables que las multitudinarias, el hecho de estar rodeado de gente no implica no estar solo. Felices Fiestas a todos!!

Canción desesperada a un muso desaparecido

¿Por qué me abandonas?

¿Acaso no te he dado lo mejor de mi?

Siempre que hacías tu entrada triunfal yo me rendía a tus pies, dejaba cualquier cosa, ya estuviera en el trabajo o en casa, leyendo, paseando o durmiendo… pero no, tu en ese momento requerías toda mi atención y debía atender tus necesidades y así lo hacía.

No te das cuenta que ninguna otra va a venerarte del modo en que yo lo hago. Que ninguna otra te entenderá, que ninguna otra te apreciará tanto como yo.

Sin embargo no es suficiente ¿verdad?. Dime solo que tengo que hacer para retenerte a mi lado, para que no desaparezcas largas temporadas de otoño o verano. Solo quiero que vuelvas y prometo que como tu brazo ejecutor haré lo que me pidas, mataré a Eva Smith de veinte formas distintas, casaré a Javier y a Emma y divorciaré a Pablo y Bridgitta, verá la luz el héroe más noble de todos los tiempos o el villano más repulsivo que puedas imaginar, Teresa tendrá tres hijos y Olivia ninguno pero regresa y no me abandones nunca más.

Nada

No quiero pensar, no quiero imaginar, no quiero creer, no quiero actuar, no quiero querer, no quiero nada. Metería la cabeza en cualquier hoyo y así, como un avestruz pasar el resto de los días. La opción de la hibernación me seduce incluso más, en una cueva oscura, yo en un ovillo mientras los días pasan lenta o rápidamente para los demás.

Sigo sin querer hacer, sigo sin querer ver, sigo sin querer nada, desde mi nube veo esos objetivos, esas pasiones, esas necesidades que algún día tuve, vagar de forma desordenada. Solo sé que tampoco quiero sentir, de hecho creo que ya no lo hago, vacío, un gran vacío inunda mi ser, como un abismo oscuro en el que todo va cayendo hasta que desaparece.

Es sorprendente como la falta de ambiciones convierte al ser más notable en un auténtico guiñapo. Sin embargo esto ya no importa, el vacío se hace más y más grande y ese aumento tiene efecto sedante. Al principio ira, rabia, tristeza, angustia, dependiendo, me embargaban, ahora ya no, solo sé que no quiero nada.

Oda singular a una sirena varada particular

Cual bloque de hormigón ella camina con aplomo, oyéndosela desde la distancia. Es bajita y paticorta y de ancho casi mide lo mismo que de largo. A pesar de esas características, que algún descerebrado puede considerar negativas, ella luce su cuerpo con esmero, con faldas cortas y tops pequeños.

Cuando camina hacia a mí, aunque ya me voy acostumbrando, rememoro la imagen de los tanques entrando en la plaza de Tiananmen, como ven todo poderío con el toque justo de canguelo. La definición de la típica jaca, un tanto más botijo y menos guitarra pero jaca a fin de cuentas.

Ella es única, os lo aseguro, sus andares lisonjeros, su confianza rozando el límite y esa belleza “rubeniana” que ella opina, trae loco a más de uno. Pero ella es más, al margen de esas dotes orondas tan comentadas, ella es una profesional que a su paso todo arrasa.

Entró humilde y con rubor en la Corte como mera damita pero con el tiempo, sus ansias y esa potencia de tomahawk, ha ido escalando hasta, actualmente, un cargo importante entre los caballeros y alguna que otra caballera, si, aquí se denominan así a las mujeres caballero, de la Mesa Triangular.

Está contenta nuestra sirena varada al más puro estilo de Chillida, sin embargo noto en sus ojos de hiena carroñera que este puesto no le llega. Su intención es de adquirir dominio absoluto, despedazando a unos y a otros. Pobre de aquel que se cruce en su camino y hete aquí que el que avisa no es traidor.

Y como planeta imponente, con órbita propia, la Corte completa quedará absorbida y ya me veo yo dando vueltas y vueltas alrededor del botijo lisonjero “rubeniano” “chillidesco” de por vida.