Archivo de la categoría: Colaboraciones

Misiva de un pobre desgraciado

Querida Clara,

Seguramente mientras escribo esta crónica negra, te encuentres en un tren a doscientos kilómetros por hora, camino de Dios sabe qué desenlace te espere en este lugar cada día más acalorado y alocado.

No quiero aburrirte con lo mismo de siempre, pero no hace falta ser más listo que Taruga para darse cuenta de que estabas mejor allí que al sitio al que te diriges.

Te resumiré brevemente estas dos semanas en las que mientras tú estabas de asueto,  yo he estado asolado y desolado.

La primera semana fue una pesadilla al más puro estilo “Elm Street”. Desde el minuto uno he estado haciendo de mulo, en TODO MOMENTO, a la par que la mula Paca del establo, llevando seguramente más bultos que ella. A tal punto llegó mi desesperación, que el mismo lunes, cuando a las 20:58 me entró por teléfono el encargo de llevar avispas africanas carniceras de una estomagante clienta desesperante, le grité BRUJA INMUNDA! Ante el asombro general, (lo hice con el mute puesto, creo), el cacique me increpó y exigió saber qué ocurría…Ante ese acontecimiento me pregunté a mi mismo que demonios hacía cautivo en semejante cochiquera con semejantes carceleros. Ahí perdí los papeles, si!, pero también perdí el miedo. Con todas las consecuencias.

El resto de la semana fue como cruzar un páramo del desierto del Gobi sin vislumbrar el final.

Parece ser que a algunos becarios de cordero, eso he oído, les han hecho contrato de empresa. (Esto último no lo he confirmado). A Curro, el que da sombra al botijo, le felicitaron. Y yo en lugar de hacerlo, dije en voz alta que quería ser un cubo. Me miraron como si me hubiera escapado del manicomio más cercano. (Si, puede que se me haya ido un poco la cabeza).

Esa semana empezaron otra vez con los informes. En este caso los ha estado haciendo Lela, con la que he salido mal. Resulta que me salía una productividad de casi el 400%, pero hete aquí que uno de los días me salió un 22%. Discutí con el sargento chusquero diciéndole que esos informes no podían estar bien, porque yo todos los días terminaba exhausto, y no entendía porque unos días tenía 370 % de productividad, y otro 22 . El muy lerdo decía que estaban bien, ante lo cual hablé con Lela y le dije que estaba haciendo mal los informes. Lela me remitió a hablar con el sargento chusquero, y yo le dije que ya lo había hecho, pero que era inútil. Debió llegar a oídos del cacique, porque revisaron los informes, y efectivamente estaban mal, pero no para bien, sino para peor. El sargento chusquero me dijo que el único que estaba bien era el de 22% de productividad, que los otros estaban mal, a lo cual le repliqué con ojos de hiena iracunda: “¡Pero entonces qué hay que hacer para tener un 100% de productividad!”.

A Paca, la mula, le dijeron que tenía que agilizar los envíos, lo cual le sentó fatal. Además el sargento chusquero nos envió los consabidos toques de atención en palomas mensajeras preguntándonos que habíamos hecho a tal o cual franja horaria, porque solo salían tal o cual envío, y que teníamos que justificar que habíamos hecho. Paca no pudo más, y les dio sendas coces al sargento chusquero y al cacique, ¡Paca rebelde! ¡Lo nunca visto!

Yo también le contesté al sargento chusquero con copia, el último avance en palomas mensajeras, al cacique diciéndole literalmente: “No tengo memoria ni capacidad, para poder decirte lo que he estado haciendo en las franjas horarias que me indicas”.

Ante esta situación, estuve sin hablar con el sargento chusquero, Lela y el cacique en toda la semana.

Lo peor no era eso. Lo peor eran las insoportables quejas de los clientes de grandes envíos, una tras otra, indignados por los retrasos, es lo que tiene llevar ruedas cuadradas (idea por supuesto del sargento chusquero), que demora mucho el avance. Ante lo cual, le pedí cita al cacique para hablar seriamente con él a solas, y decirle que me reubicase como ave zancuda o rana de charca o me despidiera pagándome lo que me correspondía, porque no aguantaba más ese trabajo que no era el mío. Me dijo que lo tenía complicado y que no sabría si podría recibirme.

Sin embargo el lerdo del sargento chusquero, se pensó que quería reunirme con él para protestar por el tema de los informes y protestar por el acoso al que nos tiene sometidos. En lugar de reunirse conmigo, el cacique, se llevó al sargento chusquero a un lado, y le puso las pilas. Debió decirle que se cortase con Paca y conmigo, porque para una mula y un gilipollas que tiene, que no se pase tanto, dada la carga de trabajo que tenemos. Desde entonces el sargento chusquero está como la seda.

El tema de mi reunión con el cacique quedó pospuesto para la segunda semana en la que estuviste ausente. Sin embargo todo cambió el lunes, porque vino al mundo mi ahijada, sana y salva. Me reconcilié con la vida y con el mundo, y un poco sí que me desinflé respecto a la conversación que tenía pendiente con el cacique. Aun no se ha dignado, el muy cobarde!, y ya no creo que lo haga. No le voy a decir que me eche, pero unas cuantas cosas si me gustaría decirle. Dudo ya que me reciba.

Otro asunto peliagudo, fue que el martes cerró Mulaexpress por primera vez en su historia por falta de personal. Bieeeen!!!. Cuando Paca y yo dijimos que nos coincidía veterinario y médico respectivamente, al sargento chusquero casi le da algo. Dijo que ya le daba todo igual. Y es que él también se había cogido el día libre! Al cacique le sentó como una patada en su hígado remendado!, y el careto de desprecio que nos puso fue delatador de su falta de humanidad y de su propio interés. Nos pidió que si alguno podíamos cambiar la cita, a lo cual nos negamos, no porque no pudiéramos realmente, sino porque queríamos causar todo el mal posible.

En fin, que esto está ya muy podrido. Paca no se corta un pelo en intentar patear a sus jefes. Del cacique dice, a su manera, que se le ha subido el cargo a la cabeza, y que ahora se está mostrando tal como es.

El día festivo, el sargento chusquero estuvo mandándonos palomas mensajeras a primerísima hora por asuntos urgentes de los que le pasan a la gente importante pero se cayó un canto rodado gigante en el camino y no hicimos ni el huevo. Hubo gente de otras granja-mensajerías que llamó a sus jefes para decírselo y los mandaron para casa, pero nosotros callados como putas para que nos dieran la ración doble de rancho.

A mediados del mes que viene nos mandan al desierto, mucho más agradable para los envíos, porque van a hacer las casas solariegas de Histrionicius, Fofez, etc. (A mí a lo mejor me mandan antes al pudridero).

Siento de verdad no tener buenas noticias, y haberte causado una impresión tan ceniza, pero es tal y como yo lo he vivido.

La semana pasada el cacique ha estado de conciliábulos. Han sido conciliábulos muy importantes para él y para su desarrollo profesional. No sé qué nombre tiene pero se que se hacen de forma anual. Todo parece indicar que de este conciliábulo va a salir su nombramiento como Alcalde-Juez-Hacedor de leyes, que ironía. Tiene la suerte del demonio. Creo que si ya se le había subido a la cabeza el cargo, cuando ya sea oficial no va a haber quien le tosa. Todo puede pasar. Todo. Es lo que me consuela, que o bien decida hacer algún cambio aquí, o que explote por la cantidad de gente que está reclamando por los retrasos y perdidas, ya sabes que el sargento chusquero pasa del tema.

Te deseo suerte a tu vuelta, y sobre todo, que tengas las ideas claras. Yo las tengo más que nunca.

Y por cierto, Paca el martes tiene veterinario, ya sabes lo que toca.

Ánimo y desgraciadamente, bienvenida.

Tu amigo fiel, Hipólito Mártir Concepcionista

Hace no muchos días recibí esta carta, bueno esta exactamente no, de un buen y pobre desgraciado amigo que prefiere mantener su anonimato. Disfruté y me reí tanto, quizás porque para mi es tema viejo ya, que le pedí que me dejara hacer ciertas modificaciones en el texto original para publicarlo en El Cuaderno de Clara. Aceptó sin rechistar et voilá… este ha sido el resultado que espero, os haya gustado.

Anuncios