Archivo de la categoría: Disquisiciones nocturnas o no nocturnas

Divagaciones metafísicas de una mente patológicamente comercial

Cuando tocas fondo, ¿se puede seguir yendo hacia abajo? Yo tengo serias dudas. La lógica imperante me dice rotundamente no, sin embargo cuando parece que ya has tocado fondo, vuelves y te hundes un poquito más. Quizás el quid de la cuestión radica en definir fondo, no tanto definirlo si no, cuantificarlo. “Está usted a 100 m sobre el fondo, está usted a 53 m sobre el fondo…” Sería un gran invento crear un medidor para saber cuánto más abajo puede caer uno a lo largo de su vida. El nombre debería reunir varios requisitos, por un lado debe definir el producto, no le podemos llamar “Margarita” ya que los potenciales compradores no verían relación alguna, bueno, ni los potenciales compradores ni nadie en su sano juicio, que coño!, pero claro, debe ser un nombre con ápices optimistas, tampoco nos valdría algo así como “fracasator”, terminaría siendo como el cine porno que los videoclubs ofrecen detrás de esas cortinillas de colmado de pueblo, los potenciales compradores rondarían pero pocos se armarían del coraje necesario para adentrarse en tales terrenos.

Se me ocurre que el medidor de niveles con respecto al fondo también podría tener una segunda medición, esto es, niveles por encima de la superficie o por debajo de las estrellas. He estado sopesando seriamente lo de nivel por debajo del cielo pero podríamos provocar malentendidos, el comprador potencial podría pensar que está comprando un medidor de lo que le queda para llegar al cielo, este vería metros, en lugar de meses o años y podría desconcertarle. Incluso podría ocurrir que no se fijara si son metros, días o incluso kilos pero imagínate esa persona segura de que va a ir al cielo, “porras me quedaban 30 metros, y ahora que me he muerto resulta que me han mandado de una patada en el culo al limbo, presento una reclamación en Consumo por fraude pero ya”.

Claro que esto, puede ocasionar una tensión horrible, “hace dos días estaba a 3 metros del fondo y hoy estoy a 1,20 metros” y en la otra vertiente un grado de ambición infinito “a 7 mm de las estrellas, quiero más, quiero más”. Por no hablar de que las consecuencias podrían ser fatales, es sabido que los extremos se tocan por lo que al final, una persona que no tiene perspectivas en la vida porque se las han o se las ha ido quitado una a una terminará comportándose como una persona que no tiene perspectivas porque ya las ha cumplido todas, con ciertos matices, sí.

En conclusión esto va a ser un follón, que cada cual, a ojo de buen cubero, calcule los metros a los que se halla del suelo, del fondo, bajo las estrellas o ante san pito pato.

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De lo invisible

Salgo a la terraza todas las noches y siempre veo lo mismo, la calle desierta a excepción de alguno que ha apurado hasta el último momento la noche y decenas de ventanas iluminadas. Siempre me pregunto lo mismo, ¿que acontecerá en su interior? risas, llanto, tedio, desesperación, felicidad… acaso una pareja amándose en la intimidad, unos padres al borde del ataque de nervios por la criatura que acaba de nacer que no para de llorar y no saben el motivo, una mujer cigarrillo en una mano y vaso de vodka en la otra con la mirada perdida en sus demonios interiores que vagan por la habitación, un hombre duchándose a las tantas y media que acaba de llegar al hogar familiar donde aguardan una amable esposa y dos adorables hijas tras unos minutos de sexo sucio con una fulana, un adolescente haciéndose cortes porque no sabe digerir todas las emociones que bullen en su interior, niños revolucionando la casa ante el cuento que un abnegado padre lee antes de conseguir acostarlos… Todo esto y más imagino asomada a la terraza mientras termino mi cigarrillo de antes de dormir. Y entonces si, el trabajo está hecho, me embarga ese sopor y caigo rendida en la cama.