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El Empresario Rancio. Primera entrega

Nace una nueva revista que tú, empresario, no puedes dejar escapar. Llega a tu quiosco más cercano “El Empresario Rancio”. Una guía práctica de cómo llevar una empresa controlando el gasto hasta el último céntimo.

Por qué gastar una pasta gansa en luz cuando el candil está de moda, por qué tirar las bolsas de basura o las servilletas de papel cuando estas se pueden reutilizar, por qué no volver a la máquina de escribir o al propio papel y lápiz. Estas y otras muchas cuestiones serán resueltas de una manera sencilla y práctica en la nueva revista “El empresario rancio”.

No lo dudes, si estás harto de despilfarrar en fruslerías hazte con “El Empresario Rancio”

En el número de hoy abordaremos la problemática de las comidas de las grandes juntas de accionistas, es necesario discernir el coste necesario del prescindible. Lo verás muy claro en los sencillos consejos que indicamos a continuación.

Receta para triunfar con tus accionistas e inversores en una comida de empresa.

Hacina a todos tus accionistas y/o inversores en una sala de juntas.

Monta una cocina de campaña en una pequeña sala de reuniones cercana para que no se enfríe la comida en el trayecto.

Contrata camareros entrenados con los seel que consigan preparar platos decentes en la mencionada sala de reuniones y llevar dichos platos sin percances a la sala de juntas sorteando trabajadores varios, muebles y mesas.

Por aquello del olor a comida que se impregnará en toda la estancia, cuenta con personal de limpieza inmune a la guerra bacteriológica y ordena que rocíe por todo el recinto un producto magnifico que enmascara el olor y acaba con los trabajadores-obstáculos.

Por último, ten un detalle con tus invitados y obséquielos con un reloj carísimo encima descatalogado que conseguirlo viene a ser los riñones de veintisiete trabajadores, pero no el precio si no los propios riñones. Sabrán apreciarlo tus accionistas y/o inversores, igual al trabajador le jode un poco.

Y tachán, si sigues estos sencillos consejos no puedes fallar, el accionista y/o inversor se irá con un fabuloso sabor de boca y de paso habrás acabado con la mayoría de los trabajadores, que ya estaba previsto liquidar, por haber resultado atropellados por el camarero-seel, asfixiado o “desriñonado”.

En la próxima entrega de “El Empresario Rancio”: Especial Navidades, cestas de segunda mano o guateque en el garaje. Difícil elección.