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Esperando… A nadie, joder

Pilgrim: Y un huevo de pato viudo, a mí que me peguen ya un puto tiro porque me niego a seguir aquí entre barro, lluvia y frío. Llevamos la intemerata y ni rastro de esos refuerzos prometidos.

Canelo: No desesperes, Grasso sabe cuál es nuestra situación, digo yo que antes o después aparecerá la caballería.

Escarolo: Llegará cuando tenga que llegar.

(Damas y caballeros les pongo en antecedentes.

Nuestros protagonistas, Pilgrim, Canelo y Escarolo se encuentran en una trinchera de algún lugar, para qué especificar, resistiendo, solos hace días, ante el fuego permanente del enemigo. Antaño, el grupo era más nutrido pero las deserciones y las bajas han pasado factura. Grasso, el sargento, y Magro, el lameculos del sargento, desde kilómetros y kilómetros de distancia, han prometido enviar más efectivos para poder hacer frente a los ataques del bando contrario. Sin embargo, ya han transcurrido varios días y los ánimos comienzan a decaer.)

Pilgrim: Yo propongo rendirnos y que les jodan. Dudo que nos fuera mucho peor…

Canelo: Pero, ¿y las ordenes de Grasso?, Magro dijo claramente que Grasso había dicho que debíamos continuar aquí, combatiendo hasta que llegaran…

Pilgrim: Hasta que llegara quién “tonto el culo”. Perdóname, me he pasado, pero es que esto empieza a joderme hasta, hasta límites insospechados. Como pille a los hijoputas esos, me lío a guantazo limpio y les cerceno el cuello.

Escarolo: Cálmate, alterándote solo conseguirás que te duela el estómago, como siempre que te agitas.

PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM,

Pilgrim: ¡A cubierto!, esos cabrones vuelven al ataque. Yo salgo, te digo que yo salgo y aquí acabamos de una vez por todas.

Escarolo: No digas tonterías, te quedas como todos y se hace lo humanamente posible.

Canelo: Escarolo, nos hemos excedido hace tiempo de lo humanamente posible. A veces puedo parecer un tanto, cómo decirlo, disipado, pero todavía no soy gilipollas profundo.

Escarolo: Nadie dice eso, que seas gilipollas. Pero a ver, cierto que nuestra situación es mala de narices pero Grasso enviará a alguien tal y como ha dicho.

Pilgrim: Me río yo de ese alguien. Esta guerra está perdida desde hace más de un año y Grasso lo sabe. Si os dais cuenta, desde más o menos la misma fecha aquí no entra nadie, solo salen. Unos se han ido a casa con el brazo vendadito, otros se han pasado al enemigo, incluso otros pocos han preferido palmarla antes de seguir aguantando esto. Pero nosotros no, erre que erre con que aquí seguimos. Pues yo ya no, que venga Grasso, Magro y la madre que los parió a los dos y se pongan a pegar tiros a diestro y siniestro si es lo que quieren, pero conmigo que no cuenten.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUM

Pilgrim: Otro petardazo, cojonudo.

Canelo: Me tienen hasta el higadito.

Pilgrim: Que fino Canelo, si te digo yo hasta donde me tienen unos y otros… ¿Y tú que haces?

Escarolo: Mi trabajo, ¿qué iba a hacer si no?.

Pilgrim: Escarolo rey, ellos tienen granadas, pistolas, fusiles… A nosotros solo nos queda el kalashnikov sin balas que sirve unicamente para dar estacazos y los tirachinas que ha fabricado Canelo.

Escarolo: En peores plazas he toreado. Esta mañana le he dado a uno en un ojo y se ha pillado un mosqueo de no te menees.

Canelo: Y ahora nos acribillan a balazos y nos lanzan alguna que otra granada. No creo que el barreño que llevo en la cabeza aguante mucho más.

Pilgrim: Pues no, parece un acerico, pero te da cierta clase.

Canelo: Gracias, intuía que me daba un aire, así, como de miliciano sofisticado.

Pilgrim: Hombre, muy miliciano no se te ve, pareces más bien una lombriz titiritera de buena cuna en carnavales, pero me gusta.

Canelo: No sé si me convence mucho lo de la lombriz.

Escarolo: No quisiera interrumpir a los caballeros pero hay trabajo que hacer, estas piedras no se van a lanzar solas.

Pilgrim: ¿Hablas en serio? No sé si lo tuyo viene de serie o es que te ha afectado al cerebro este infesto lugar. Piedras contra bombas, ¿ves la diferencia?

Escarolo: David contra Goliat

Canelo: Si te digo la verdad, la película me decepcionó un poco.

PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM, PUM…

Pilgrim: Que nosotros somos idiotas no cabe duda pero los de enfrente también son espabilados de cojones… no se habrán dado cuenta que somos tres y que no tenemos armas… con que venga uno de ellos y nos dé matarile es suficiente.

Escarolo: Seguro que saben que Grasso está planeando algún golpe maestro, esperan al acecho para que no les pille desprevenidos. Yo voy a seguir tirando piedras, por cierto, deberíamos ir a por más.

Canelo: ¿Hace cuánto que no comemos o dormimos o bueno, vamos al excusado?

Pilgrim: ¿Excusado? No sabría decirte, la verdad.

Escarolo: Somos “supersoldados”, por eso Grasso confía tanto en nuestro buen hacer.

Pilgrim: No digas tonterías, hasta los “supersoldados” necesitan beber, dormir y cagar.

Escarolo: Digamos que hemos pasado a un estadio superior, como los budistas esos que hasta vuelan.

Pilgrim: No vuelan, levitan. Y tan superior, mucho me temo que hemos palmado y no nos hemos dado cuenta. Pero si estamos muertos, ¿por qué carajo seguimos aquí?

Canelo: ¿Cómo no íbamos a darnos cuenta de haber fallecido?, no seas ridículo.

Escarolo: Hay que seguir haciendo lo que nos ha sido encomendado y esperar a los refuerzos.

Pilgrim: Y vuelta la burra al trigo, ¿esperar a quién?

Escarolo: A los refuerzos hijo, que pareces tonto.

Pilgrim: Yo desisto, desisto…

Escarolo: El estómago Pilgrim, el estómago.

Canelo: Por esperar un día más… Mañana ya veremos.

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Muerte de un juez

Era un trabajo sencillo el encargado, entrar, despachar y salir, algo que había hecho innumerables veces. Sin embargo, aquella tarde todo se truncó. En el umbral de la puerta, Vicente Puñales se quedó paralizado, algo en su interior había hecho click, no sabría explicarlo. Acto seguido, una gran presión en el pecho, la respiración cada vez más dificultosa y una especie de garra invisible alrededor del cuello. El pánico se apoderaba a pasos agigantados de todo su ser, solo podía pensar en huir de allí. Necesitaba salir, irse, correr, gritar, perder el conocimiento, casi mejor.

Llevaba deambulando un buen rato, cada vez más asustado, se estaba muriendo, no cabía duda. Acojonado hasta límites insospechados, Vicente Puñales decidió acercarse al hospital donde, transcurridas cinco o seis horas al borde de la muerte, le tomaron la tensión, le dijeron que el estrés era muy malo y le endilgaron una receta de clorazepato. No daba crédito, llevaba infartado o algo peor desde hacía ni se sabía y lo único que había conseguido era una caja de ansiolíticos. Él no necesitaba nada de eso, era un témpano de hielo, un tipo duro, un brazo ejecutor, cómo coño iba a creerse que lo que había sufrido era un ataque de pánico.

Solo quedaba aceptar la muerte, el final para Vicente Puñales, así que hizo una parada en el supermercado, compró dos botellas de whisky, pues las penas con alcohol siempre son menos y se dirigió a su estudio. Debía llevar tres cuartas partes de la primera botella cuando cayó redondo en el sofá.

Riiiiiing, riiiiiiing, sonaba una y otra vez el teléfono. Vicente Puñales seguía tirado en el sofá, roncando como un cerdo. Serían las once y media de la mañana cuando finalmente abrió los ojos. “La madre que me parió, estoy vivo” fueron las primeras palabras que de su boca salieron, transcurridos los cinco minutos de rigor para discernir quién era y dónde estaba. Sin embargo, eso ahora no le tranquilizaba en absoluto.

El teléfono volvió a sonar, Vicente Puñales sabía perfectamente de quien se trataba, Rico, un Rico que querría en estos momentos desollarle vivo.

-¿Qué coño ha pasado Puñales? Más te vale tener una buena y creíble explicación y por supuesto hoy terminarás el trabajo. Me juego mucho en esto, lo sabes y créeme que como algo me salpique, te jodo vivo.-

-Rico, verás…- Vicente Puñales no sabía muy bien cómo justificarse y las palpitaciones volvían a hacer su aparición. – Ayer, ayer casi la palmo, ¿sabes?-

-¿Cómo que casi la palmas Puñales? ¿No habrá habido ningún incidente con el Carnicero? Sabes que las cosas andan tensas y no está el horno para bollos, me cago en…-

-No Rico, tranquilo, por esa parte ningún problema, el Carnicero sigue con sus chuletas y no se me ocurriría usar el horno. Es, es el corazón, está fallando, tuve que ir al hospital y todo.-

-No me jodas puñales, no me jodas. Bueno, ¿y qué coño le pasa a tu corazoncito?-

-Pudo haber sido un infarto.-

-Pero estás vivo, ¿no?-

-Si, pero la muerte rondaba cerca.-

-Pues nada Puñales, oye tú con calma, no te me vayas a estresar…-

-Eso estaría bien, una temporada de descanso, quizás unas…-

-Tú estás gilipollas ¿no? Lo mismo sí que te ha afectado la mierda esa del corazón que dices pero a tu puta cabeza. Mira Puñales, no me hagas perder el tiempo, esto no es un empleo con nómina, vacaciones y seguridad social ni un jodido club social, así que mueve el culo y despacha el encargo con la rapidez y limpieza que te caracteriza, porque de lo contrario, te prometo que…-

-Tranquilo Rico, estaba bromeando. Tenlo por hecho.- Se apresuró a decir Vicente Puñales.

-Más te vale hijo de puta.- Y Rico colgó.

“Estoy jodido pero bien jodido” no paraba de repetirse una y otra vez Vicente Puñales. Un infarto no había sido, por lo que la doctora podría tener razón pero, por qué coño a estas alturas de la película sufría un jodido ataque de pánico. ¿Y si esto se repetía?, hoy tenía que liquidar a ese pobre diablo pero ¿y si no era capaz?, tendría que serlo, la otra opción no estaba en sus planes. Solo imaginarse atado a la cama de un hotel de mala muerte con los intestinos por el suelo le helaba la sangre.

Noticia de última hora: El juez P. D. E. ha aparecido muerto en su domicilio, aunque en un principio se barajaba la hipótesis del suicidio, está se ha descartado rápidamente tras la primera inspección ocular de la policía. En el domicilio del finado había evidencias suficientes para poder afirmar que ha sido un homicidio. “Una auténtica carnicería” ha declarado el Inspector jefe. Parece ser que fueron necesarios hasta cuatro tiros en la cabeza para acabar con la vida de P. D. E.

A Vicente Puñales no le quedaba otro remedio, debía confiar en que aquello, fuera o no un ataque de pánico, no le volviera a suceder. Con la mayor calma que pudo, se puso el traje de faena, guardó todo lo necesario en su bolsa, cogió el coche y se dirigió al domicilio del juez que debía liquidar.

La cosa pintaba cada vez peor, taquicardia, opresión, garra en el cuello, los síntomas volvían a reaparecer y ese sentimiento de huida era cada vez mayor. Pero Vicente Puñales sabía lo que le esperaba sí no lograba cumplir con lo pactado, por lo que como buenamente pudo, entró.

La casa estaba a oscuras, todo parecía indicar que este estaba durmiendo. Vicente Puñales se acercaba sigilosamente al dormitorio cuando la puerta, que debía ser del baño, se abrió de golpe. Los nervios estaban a flor de piel para ambos, el juez tenía la cara desencajada pero Vicente Puñales era un poema, sudaba, temblaba, balbuceaba y parecía que hasta gimoteaba. Como pudo asió al juez, no sin esfuerzo, pues este se revolvía como podía, para finalmente dejarlo en un estado de “semi inconsciencia” con una especie de narcótico que transcurrida una hora no dejaba rastro.

El plan era el que tantas veces había ejecutado, disparo en la sien para que pareciera un suicidio pero hoy no era el día de Vicente Puñales. Además de todo el catálogo de síntomas del día anterior, ahora también sentía las manos dormidas y le sudaban, a duras penas conseguía mantener la pistola firme. El primer fogonazo solo despeinó al juez, el segundo penetró en el cráneo pero a saber dónde, porque el fulano se revolvía cada vez más presa del terror, a pesar de la “semi inconsciencia”. El tercero le voló una oreja y con el cuarto consiguía rematar. Lo que se dice una nefasta faena pero el trabajo estaba hecho. Vicente Puñales dejó el cuerpo como pudo para que no se viera la catástrofe y salió zumbando, pues convencido estaba de que terminaría por desmayarse allí mismo.

Ya en el estudio, se calzó dos vasos generosos de Whisky para templar los nervios y llamó a Rico.

-Está hecho.-

-Lo sé, a la cuarta.- Contestó Rico.

Todavía con el teléfono en la mano, Vicente Puñales oyó un ruido detrás de él, volvió la cabeza y un impacto le dejó, primero ciego, luego sordo y finalmente grogui.

Noticia de última hora: Se ha encontrado hace escasos minutos un cuerpo en el motel Normanbates, la escena es dantesca según fuentes cercanas. Todo apunta a que podría tener relación con la muerte de P. D. E. Seguiremos informando.

Ya en casa, Rico sentado en su sillón de cuero apuraba un vodka y un cigarro mientras le daba vueltas al último trabajo. Había perdido al que hasta ahora era su mejor hombre pero como un caballo de carreras, si se rompe una pata, caput. El caso es que todo estaba resuelto y podía informar a su cliente.

-Hola, soy Rico. Ya está hecho. No han quedado cabos sueltos.-

-Te equivocas, queda uno, tú.-

PUM