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Telesforito López y su cúmulo de terribles desdichas

Telesforito López era gafe, muy gafe, tremendamente gafe, vamos, gafe de cojones y el pobre lo sabía, lo que no sabía aún era como de feas se le iban a poner las cosas…

Telesforito López era un hombre apegado a sus rutinas y como cada sábado, salía a dar su paseo matutino de media hora tras el cual, tomaba su café descafeinado con leche desnatada y sacarina en el bar de Manolo, para luego encaminarse al quiosco de la Gertru a comprar el CBA. Pero ese fatídico sábado, su destino se iba a truncar y de qué manera.

Salía del bar para ir al quiosco cuando ante sus ojos se apareció un magnifico teléfono móvil en el suelo, la pantalla estaba rota pero se trataba de un i-pone de ultimísima generación, de los que vienen con pedigrí y todo. No se pudo resistir y rápidamente lo asió para meterlo en el bolsillo de su sempiterno pantalón de pana verde. En su mente se dibujaba una y otra vez el i-pone, así que corrió, que digo corrió, voló a su casa para ver el i-pone, oler el i-pone, lamer el i-pone…

Sin embargo, Telesforito López era un hombre bueno o más bien temeroso de su madre, a la vez temerosa de algún ser supremo, por lo que a pesar de morirse de ganas de quedarse el i-pone, pensó que debía hacer lo correcto. Como el teléfono estaba encendido y el código de desbloqueo era 1, 2, 3, Responda otra vez, justamente lo primero que le vino a la mente, Telesforito López pudo acceder al menú de llamadas y marcar el número con el que se había mantenido la última comunicación. Sin resultado, apagado o fuera de cobertura, lo mismo con el siguiente, el siguiente y el siguiente. Harto ya de tanto apagado o fuera de cobertura decidió quedarse con el móvil. Él había hecho todo lo posible.

Pero la imagen de su madre cogiéndole de una oreja y amenazándole con el dedo índice de la otra mano, le interceptó en la nevera en el momento justo en que cogía una botella de Lambrusco rosado, su vino favorito, para celebrar su gran hallazgo. Volvió a dejar la botella y se dijo que haría un intento más, buscaría en contactos, intentaría localizar a su propietario y si esto no resultaba, estaba claro, el caprichoso destino estaba de su parte esta vez, tras tantos años de mala suerte.

Se sentó en su sillón de orejas de pana verde, le gustaba mucho la pana verde, y se puso a ello con los contactos, descubriendo solo dos números identificados como “bomba” y “bomba de repuesto por si la primera no explota”, y la siguiente dirección de correo electrónico: “terroristasanonimos#dinamitaacme.orrg”. Cuando menos sonaba extraño, los números no le daban buena espina pero su madre se iba a enfadar y mucho, si no justificaba haber hecho todo lo que había estado en su mano para devolver el i-pone.

Sopesando pros y contras, decidió enviar un correo electrónico a la dirección que figuraba en los contactos que decía así

Estimado señor/a desconocido/a,

Me llamo Telesforito López y creo, tengo algo que les pertenece. Si están interesados en recupéralo no duden en llamar al 777777777777.

Reciba un cordial saludo,

 Él había cumplido, ya está, daría un plazo de una semana y si nadie llamaba a casa, de su madre por cierto, pues le seguía produciendo ciertos escalofríos el contacto “bomba” y ya no digamos el de “bomba de repuesto por si la primera no explota”, se quedaría con su tan ansiado i-pone.

El miércoles, como cada miércoles, su madre le llamó para interesarse por su salud, su alimentación, su trabajo como auxiliar adjunto de picapedrero y de paso, comentarle el susto de la noche anterior. Un imbécil había llamado a las 3:30 de la madrugada preguntando por no sé qué cosa electrónica, sí, por poco se queda tiesa del infarto y claro, le había mandado al infierno y un poco más lejos si cabe. Telesforito López se calló como un puta, se limitó a consolarla y a colgar tres minutos más tarde para frotarse las manos. El i-pone ya era suyo.

El sábado, transcurridas dos semanas desde el hallazgo, Telesforito López era feliz con su flamante i-pone con pedigrí y pantalla nueva. Estaba entrando por la puerta del bar de Manolo para tomarse su café descafeinado con leche desnatada, sacarina y marcando teléfono en barra,  cuando fue interceptado por la Intersol, el TBI y la PÍA. Se hizo pis en sus amados pantalones de pana verde.

Tres días de interrogatorios que rozaron la tortura, otros cinco de propia tortura y un último de auténtica escabechina hicieron que el pobre Telesforito López confesara haber matado a Kennedy, a Lincoln, ser el asesino del Tarot, un alienígena espía y votar a la Colange. Pero por una extraña razón que solo Telesforito López sabía, siguió en sus trece con la historia del i-pone encontrado y negando el hecho de pertenecer a la organización terrorista más carnicera del planeta.

Decir, como era de esperar, que Telesforito López desapareció del mapa, unos dicen que anda por Cuantínamo, otros con los pies de plomo en el río Manzanillez y otros, en alguna cueva dirigiendo la organización terrorista más carnicera del planeta.

Fin! O no, nunca se sabe…

Fin.

Pozo, rayo de esperanza y luego, pozo otra vez

Miro a mi alrededor y lo único que veo son caras de desprecio, otras de absoluta indiferencia y aquellas más amables, de lástima.

Todos los días llego a la misma hora, bueno, más o menos, por aquello de tener una rutina y esas cosas que dicen, parece ser, que es bueno y me acomodo en mi esquina con mi perro. Los días templados de otoño y primavera son agradables, los de verano, terriblemente asfixiantes y los de invierno, como el de hoy, para que contarles. Afortunadamente Peregrino siempre me acompaña, ese es el nombre que elegí para mi inseparable y perro amigo, y conseguimos darnos calor.

Un día tras otro se suceden siempre iguales, llegar a la esquina elegida, aposentarse, conseguir algunas monedas, lo de los billetes está complicado, de aquellos más sensibles o de los que aspiran la redención y comprar algo de comida y para que engañaarnos, toda la bebida que dé de sí la cosecha del día. Pero les puedo prometer y de hecho prometo, que Peregrino es siempre el primero en llevarse algo a la boca, pues él es el bendito que hace que me levante todas las mañanas y no me abandone al sueño eterno.

Les podría contar mi vida pero como la de tantos otros, familia desestructurada, si, pero nada del otro jueves, no se vayan a pensar…Un día estás en el sillón de tu casa deseando morirte o matar a tu padre, según el día, ya saben, y el siguiente te encuentras completamente a la deriva. Me imagino que son cosas que no ocurren de la noche a la mañana, te vas adentrando en ese camino equivocado, evitas toda señal indicativa de que estás haciendo completamente el gilipollas pero que coño, tu eres más listo que nadie y la jodida rabia no te permite discernir la realidad así que en algún momento echas la vista atrás y… no hay salida.

Por lo que aquí estoy señores y señoras míos y mías, no se vayan a cabrear unos u otras, en mi esquina con Peregrino del mismo modo que lo hacen otras almas perdidas o varadas. Pero por mucho que jodan, las almas, perdidas o varadas, son muchas y la indiferencia o esa mirada que te esta dice claramente “muere escoria” no va a erradicarlas de esta mierda de sociedad.

Pero a pesar de esa mierda sociedad, lúgubre, descreída y carente de cualquier principio, en ocasiones una mano amiga se cruza en tu camino. Fue el domingo pasado, una señora salió de la tienda que está al lado de mi esquina, se acercó y sin mediar palabra dejó en el bote un pavo y dos céntimos, ¿por qué nadie querrá las monedas de uno y dos céntimos?, y me entregó un par de chocolatinas, pero de las caras, una para mi y otra para Peregrino.

Les aseguro que algo en mi se quebró, y ya es tiempo en la calle haciendo callo. Se había fijado en mi, en la tienda pensó en mi y cuando salio de ella hizo llorar a este naufrago sin rumbo.

Me encantaría acabar estas palabras con un final feliz en plan “ello me impulso para salir del pozo negro y lleno de fango en el que me encuentro” pero no, sigo aquí, en mi esquina con Peregrino y la cosecha del día. Sin embargo hubo un rayo de esperanza en mi vida y quién sabe, podría repetirse…

Veritas y Aequitas

Hace tiempo en Algún Lugar vivían dos hermanos, Veritas y Aequitas. Habían crecido sin figura materna ni paterna pero los principios de equidad y verdad les habían acompañado a lo largo de su vida. Tan férreos eran esos principios para los hermanos que, bueno, no nos adelantemos, empezaremos la historia como debe ser, por el principio.

Algún Lugar, aunque sin serlo, podía haber sido Sodoma y Gomorra ya que estaba habitado en su gran mayoría por gentuza de la peor calaña. Los habitantes de Algún Lugar mentían cual bellacos, robaban a manos llenas, se aprovechaban de aquellos seres en inferioridad de condiciones, se envidiaban, deseaban el mal a sus semejantes, en fin, lo mejor de la verbena.

Veritas y Aequitas bajo sus tan queridos principios, intentaban luchar con todas sus fuerzas contra las aberraciones que se cometían pero sin grandes éxitos. El que más o el que menos de Algún Lugar era culpable, por lo que lo de lanzar la piedra, complicado, otros tenían miedo de las posibles represalias de aquellos más poderosos y los de más allá, oye, convencidos de que no había nada reprochable en su comportamiento. Esto desanimaba profundamente a los hermanos, porque a pesar del gran tesón con que acometían la injusticia, gilipollas no eran y la parte práctica que tenían, aunque poca, les decía que por mucho que intentaran convencer de que la verdad y la equidad haría libres a los hombres, nada cambiaría.

Sin embargo estos raptus prácticos no duraban mucho y Veritas y Aequitas erre que erre, que si no se intenta cambiar, nada cambiará, obvio sí, pero jodido que te pasas de lograr.

Los pobres hermanos no eran muy valorados en Algún Lugar, de hecho eran más bien considerados despojos humanos con ínfulas mesiánicas. Nada más lejos de la realidad, de verdad, ellos pretendían que cada hombre y mujer, mujer y hombre disfrutara de sus derechos y acatara sus obligaciones sin joder al prójimo. Pero aunque de cajón, los poderosos no estaban dispuestos a tolerar que sus súbditos se rebelaran y las cosas como son, también mucho súbdito se revolcaba y vendería a su padre por dos duros para despertar las simpatías de los poderosos.

Veritas y Aequitas comenzaban a desesperarse, difícil era de digerir que hubiera gente mala como la quina pero que la gente medianamente normal no hiciera nada al respecto, les superaba. Hartos ya hasta límites insospechados se presentaron un día ante dos de aquellos poderosos, si empezaban a cortar la cabeza de las víboras igual acababan con el problema de raíz pero la cosa no funcionó, cuando Veritas y Aequitas cogieron sus espadas y decapitaron a los poderosos firmaron su sentencia de muerte. Al igual que las serpientes de Medusa, la cabeza de los poderosos volvió a crecer y estos como no, avisaron a las autoridades, las cuales apresaron a los hermanos. Fueron juzgados y condenados por intento de magnicidio y aunque recurrieron, pues ya ves tú lo que es cortar una cabeza si luego sale otra vez, finalmente les enviaron al corredor de la muerte.

Actualmente Veritas y Aequitas esperan su hora.

Aequitas ha perdido un poco la olla aunque yo intento que la cosa no vaya a más, sé que la incertidumbre es dura pero llegado el momento seremos libres. Les puedo asegurar señores y señoras mías que esta historia es cierta, ¿cómo lo sé? Porque el que se la cuenta no es sino el otro hermano, Veritas.

PD. La incertidumbre no es dura es una grandísima putada, joder, cada vez que el cabrón del carcelero pasa por delante de mi celda creo que ha llegado mi hora y el corazón se me contrae pero luego pasa de largo y un gran alivio me invade sin embargo esto no es vida, no sé, algún día de estos, algún día de estos le corto la puta cabeza al cabrón del carcelero y que me peguen un tiro entre ceja y ceja.

PD2. No tengo espada, porras, tendré que hacerme un apaño con lo que tengo estilo Mcgyver.

PD3. Creo que estoy peor que Aequitas

Porque no merece la pena perder el alma por nadie

Conocí a Dorian Grey* hará ya unos años, este no era su nombre real pero por razones que no les conciernen no deseo develar su identidad. Era la mano derecha de Gatsby**, también nombre ficticio, lo que le confería un gran poder y era guapo, a la manera clásica, lo que a mí no me seducía pero si objetivamente guapo. La gente le admiraba, le temía, le envidiaba, le alagaba, le criticaba… pero yo a medida que más sabía de él, más pena me daba.

Siempre solo o con Gatsby, de la ceca a La Meca, teléfono por la mañana, por la tarde y por la noche, comidas breves para no perder el tiempo y siempre siendo el blanco de todas las miradas, ya fueran lascivas, asesinas o de esas con cierta inquina. Además, como su posición lo requería, impoluto, peinado con raya al lado, camisa planchada, bien afeitado y cuerpo musculado, en su justa medida. Ni mujer ni varón se le conocía, tampoco amigos o al menos compañeros de juerga, ni siquiera una mascota. Estaba completamente solo.

Gatsby era un hombre de los que se había hecho así mismo a base de trabajo, contactos y por supuesto de pasar por encima de quien hiciera falta, era un triunfador, innegable pero ser favorecido por él implicaba venderle tu alma. Y eso había hecho Dorian Grey. La sombra de Gatsby se alargaba de tal manera que todo tu mundo quedaba en penumbra bajo su dominio.

Como ya he dicho, Gatsby pisoteaba todo lo que era necesario para que su marcha continuase su camino y eso mismo empezó a hacer con Dorian Grey. Cada vez le exigía más, más en todo, el pobre Dorian Grey comenzó a flaquear aunque debido a su pundonor, conseguía finalmente el objetivo planteado por Gatsby. Sin embargo esa belleza, esa altanería, esa prestancia que tenía, brillaba ahora por su ausencia y eso no gustaba a Gatsby.

En los últimos años de su vida, Dorian Grey era una sombra de lo que fue. Gatsby le había más o menos dado la patada y él desesperado, luchaba por conseguir de nuevo sus favores. Como no, empezó a beber, al principio de forma casual pero llegó a ser un gran problema, tal llegaría a ser el problema, que acabaría con su vida..

Desconozco si esto ocurrió o no pero cuentan las malas lenguas que en su lecho de muerte, Dorian Grey rogó a Gatsby por su alma, que se apiadara de él y se la devolviese por  todos esos años a su servicio. Gatsby se rió y se fue, llevándose consigo por supuesto el alma que ya no recuperaría Dorian Grey.

*Nombre del personaje principal de la novela de Oscar Wilde “El retrato de Dorian Grey”

**Nombre del personaje principal de la novela de Francis Scott Fitzgerald “El Gran Gatsby”

Crónica de una muerte teleoperadiana anunciada

Felipe Esparrago Triguero era un ratón de biblioteca, había estudiado literatura y ahora se preparaba para ser bibliotecario. Su vida era muy sencilla pues muy poco necesitaba, con té y arroz se alimentaba, en un colchón en el suelo descansaba y con sus piernas se desplazaba.

Pero la apacible vida de Felipe Esparrago Triguero dio un vuelco, un mal día calló un meteorito en su humilde morada, acabando con su arrozal, sus plantas de té, sus libros y su colchón en el suelo. No tenía donde cobijarse, no tenía que estudiar y tampoco tenía dinero. Por fortuna Felipe Esparrago Triguero contaba con un amigo, Filemón Carpantez Tacañez al que fue a visitar pidiendo caridad. Filemón no era muy mala persona pero demasiado amigo del dinero, así que exigió a Felipe Esparrago Triguero que se pusiera a trabajar.

Así fue como Felipe Esparrago Triguero se convirtió en teleoperador y como su vida pasó de tranquila y apacible a estresante y caótica. El señor Jonnhy Call Center, socio de Filemón Carpantez Tacañez, le había asignado un puesto de teleoperador en el servicio técnico de ADSL de la marca ACME, a pesar de las suplicas de Felipe Esparrago Triguero. Él no tenía problema en dedicarse a llevarles agua a los chicos para que sus bocas no se secaran, leerles en sus ratos libres, hacerles la comida, no tenía problema en ninguna actividad cotidiana pero detestaba el teléfono, de hecho en raras ocasiones utilizaba uno y lo más importante, carecía de cualquier conocimiento sobre ADSLS en particular y el avance tecnológico en general.

Felipe Esparrago Triguero de una patada en el culo aterrizó en su cubil, estaba aterrado y solo contaba con dos hojas, que el supervisor Bonifacio Yoganomucho Tupoco había denominado “speech”, para enfrentarse a ese mundo desconocido. La hora había llegado, Felipe Esparrago Triguero tragó saliva, se ató los machos y se “logó”, lo que viene a ser conectarse al teléfono, este sonó y pulsó el botón de responder.

-Buenos días, le atiente Felipe Esparrago Triguero del servicio técnico de ADSL marca ACME, ¿en qué puedo ayudarle?
-Mire usted, que no me va el interné
-¿Tiene usted encendido el “router” (lo primero del “speech”)?
-¿Que si tengo encendido el qué?
-El “router”
-¿Y que es eso del “router”?
-Un momento por favor, no se retire.

Felipe Esparrago Triguero no tenía ni pajolera idea de qué puñetas era un router, el era un ratón de biblioteca. Así que se acercó a Bonifacio Yoganomucho Tupoco pero este no pareció contento ante tal ignorancia, Bonifacio Yoganomucho Tupoco se jactaba de deslomar a “sus chicos” sin rascarse apenas las pelotas. De malos modos se lo explicó y Felipe Esparrago Triguero a la batalla que volvió.

-Gracias por la espera, señor… (¡mierda! pensó Felipe Esparrago Triguero, lo primero no es lo del “router”, lo primero es el nombre, el ¡nombre!). Disculpe, ¿me permite su nombre para dirigirme a usted?
-Como no, soy Paco
-Pues gracias por la espera señor Paco. Verá, el router es el aparatito que va enchufado a la línea telefónica, es blanco, “cuadradote” y debe tener luces parpadeando, o luces sin parpadear, pero luces.
-Pues espere que mire.

(Mientras Felipe Esparrago Triguero espera, esto se desarrolla al otro lado de la línea).
Pepi, ¿dónde está el cacharro ese que va pegado al teléfono? ¿Qué dices Paco? ¿Que donde está el cacharro ese del interné? Paco, ¿te refieres al router? Si, ¿tú sabes dónde está? Ay hijo, cada día estás más tonto, pues ahí lo tienes, encima del mueble del ordenador.

-Aquí lo tengo
-¿Lo tiene encendido?
-Yo creo que sí, pero espera

(Nuevamente al otro lado de la línea)
Pepiiiii, ¿está encendido esto? Y yo que sé, míralo. Es que no sé. A ver, si, estar está enchufado pero no parpadea

-Niño, que está enchufado pero no parpadea.
-Bien señor Paco, debemos reiniciarlo.
-¿Y eso como se hace?
-Un momento por favor, no se retire.

Felipe Esparrago Triguero no tenía opción, necesitaba nuevamente la sabiduría de Bonifacio Yoganomucho Tupoco y este, tras considerarle y hacerle saber cuan retrasado mental profundo resultaba, le dio la información.

-Señor Paco, gracias por la espera. Verá, solo debe desenchufarlo, esperar 10 segundos y volverlo a enchufar. Tras algunos segundos, 3 de las lucecitas deben permanecer fijas y la cuarta parpadeando.
-Muy bien hijo, pues un momento.

(Al otro lado de la línea)
Pepi, anda desenchufa el jodido aparato ese, déjalo 10 segundos y vuélvelo a enchufar (Transcurridos 12 segundos).Ya está Paco. ¿Cómo están las luces? Pues se ha encendido una, no, dos, no, tres, espera, hay tres fijas y la otra parpadea).

-Parece que funciona.
-Me alegro, ¿alguna otra consulta señor Paco?
-No gracias, gracias.
-Muchas gracias por su llamada señor Paco y ahora si no le importa, cuando terminemos la llamada califique la atención recibida. Buenos días.
-Adiós majo.

Ese fue la primera vez de Felipe Esparrago Triguero, traumática por el uso del teléfono, por no saber que decir y por saberse retrasado mental profundo. Sin embargo con el paso del tiempo cual ramera o soldado, Felipe Esparrago Triguero fue cogiendo callo. Dominaba el teléfono y los conocimientos de ADSL a las mil maravillas, Bonifacio Yoganomucho Tupoco estaba encantado con él, de hecho se convirtió en uno de los mejores teleoperadores de la marca ACME. Sin embargo perdió sus ganas de leer, olvidó su objetivo de llegar a ser bibliotecario, echó tripa por la mala comida y el estrés y siempre estaba de mal humor.

El 24 de septiembre aparecía ahorcado en sus aposentos, el arma, un cable de teléfono, la nota de despedida dirigida a Bonifacio Yoganomucho Tupoco y Filemón Carpantez Tacañez en la que se cagaba en sus putas madres.

Días más tarde el Gobierno anunció que se tomarían medidas por la pérdida masiva de teleoperadores.

-Van 850 en lo que llevamos de año y esto empieza a ser una masacre, las madres de los muchachos se nos están echando al cuello-, dijo el Ministro de asuntos ni exteriores ni interiores cuando el micrófono seguía abierto.