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Porque los vampiros también lloran

Tras los extraños acontecimientos que rodearon la muerte de Fernanda Garrote, decidí tomarme un respiro e irme a Ciutat Paellil a visitar a mi queridísima y olvidada amiga de la infancia Casilda Becerra. Esta me acogió con gran entusiasmo y seguidora como era de la orden de la Virgen del Puño, me puso en menos que canta un gallo a desplumar clientes con mis recién adquiridos falsos poderes adivinatorios.

Los primeros meses estuvieron bien, sin embargo, en las últimas semanas empecé a notar cierta desazón y a darme cuenta de que mi vida carecía de cualquier sentido. La emoción que pudiera haber tenido en sus comienzos al recibir al pobre diablo y hacer mi paripé con la bola de cristal y mi turbante, habían desaparecido. El aburrimiento y la depresión corrían a sus anchas por todo mi ser. Estaba claro que necesitaba un cambio y de manera urgente si no quería perecer con foie en vez de hígado.

Una noche, de esas de ahogar penas que tan habituales empezaban a ser, me hallaba yo en el sofá en estado de semiembriaguez cuando quiso el destino que atinara con el mando a distancia y sintonizara “Cuarto y mitad de milenio” de  Ícaro Gimeno. Empecé a ver el programa y en algún preciso momento la vi, sí, eso era, ahí estaba la solución a mis problemas existenciales. Resuelta me levanté, apagué el televisor y me dispuse a hacer la maleta ipso facto pero me percaté que quizás fuese mejor posponerlo para el día siguiente y así poder dormirla.

Tras un sueño reparador, con todo recogido y con la pertinente despedida lacrimógena, puse rumbo al aeropuerto para coger el primer vuelo a Drakulvania, sede oficial del vampirismo, a dónde llegaba tres días más tarde por aquello de no estar en temporada alta.

Me instalé en un coqueto motelito al lado de un idílico acantilado, que ríete tú de Despeñaperros, y me dispuse a investigar. El plan era muy sencillo, debía encontrar a un tal Vizconde Drámula para que este me convirtiera en vampiro, pues por lo que había leído, vampiros hay muchos pero vete tú a saber dónde han metido el colmillo, así que las páginas web especializadas recomendaban acudir al primigenio, un poco más caro sí, pero más seguro y con pedigrí.

La cosa fue más compleja de lo que había pensado, el ciudadano drakulniano educado como nadie pero la madre del cordero para sacarles una jodida palabra. Veintitantas botellas de algo parecido al alcohol de quemar tuve que pagar para conseguir saber que el Vizconde se encontraba en el Castillo del Vizconde Drámula, en la ladera noroeste de las Montañas Oscuras, esto es, enfrente del coqueto motelito.

Allí que me presenté dispuesta a que me mordiera el pescuezo para iniciar una vida en la oscuridad, al margen de la sociedad y envuelta en un halo de misterio y glamour gótico. Timbré y la puerta se abrió con ese sonido característico que tienen los porteros automáticos al abrir. Entré y me di de bruces con un apuesto y atlético tiarrón, vestido de punta en blanco, con una sonrisa encantadora y que se presentaba como Vladco no sé qué, asesor personal en lides vampíricas.

Yo flotaba en éxtasis y solo en aquellos escasos momentos en los que conseguía dejar de imaginar todo tipo de cochinadas con Vladco no sé qué, asesor personal en lides vampíricas, escuchaba palabras como mordisco básico, con extras o kit especial. Iba a optar por el kit especial, el favorito de Vladco, pero descubrí que el precio era desorbitado, muy por encima de mis posibilidades como exfalsa pitonisa, así que me tuve que conformar con el básico con tirita.

La experiencia un poco decepcionante, he de decir que el Vizconde se ha vuelto muy comercial. Aquello parecía más una cola para hacerte una analítica que tu gran momento de conversión a ser de las tinieblas. “Que pase el siguiente, gire el cuello, ñam, Lucrecia póngale la tirita, no se la retire hasta dentro de dos minutos si no quiere que le salga moratón, Vladco le cobrará, disfrute de su eternidad y no olvide leerse el manual de instrucciones”. Y ya, a casita rica, sin ningún ritual, ni siquiera una palmadita en la espalda…

En el avión, de vuelta a casa, descubrí que aquello tenía más contraindicaciones que mezclar ácido acetil salicílico con ibuprofeno, que si cuidado con la luz, cuidado con el ajo, los crucifijos, el agua bendita… Y tampoco me había sentado muy allá, estaba como destemplada, algo pálida y así como inapetente. Y quiso además el caprichoso destino que el avión se equivocara de ruta y aterrizáramos en Rancholand, en Estados Juntitos. ¿Perdona?

En el aeropuerto nos dijeron que lamentablemente no sabían cuando conseguiríamos volver debido a la fuga de un tal Telesforito López, conocido por ser un siniestro y peligroso terrorista. Yo desesperadita, mi maleta, mi nueva condición como vampiro y en medio de un puñetero desierto con un bar de mala muerte cada nosecuantas millas y una perenne música country de fondo.

Esta vez me había lucido y de qué manera. Cogí mi maleta y me dirigí al primer bar de mala muerte que pudiera encontrar, para comprobar si el whisky seguía haciéndome el bendito efecto de hace tan solo unos días. Tras veinte o cien o mil millas se hizo la luz, de neón, y entré, me aposenté en la barra y pedí uno doble. Tal como entró aquel brebaje que tan mágico me había parecido antaño salió, con la mala pata de esparcírselo a dos fulanos que tranquilamente conversaban a mi lado.

El más bajito de los dos, de aproximadamente uno noventa, se giró bruscamente con el puño levantado, yo le miré con ojos de cordero degollado y le mostré la mejor de mis sonrisas, lo que no tenía en mente era que la dulce sonrisa fuese acompañada de dos colmillos descomunales. La leche puta, pensé. El fulano, que en un principio había bajado la guardia, al ver semejantes piños, me cogió de las solapas y me sacó fuera escoltado por el otro bigardo de dos metros.

Y allí estaba yo, en medio de ninguna parte con dos fulanos enormes, aunque francamente atractivos, con cara de pocos amigos, sendas estacas, de madera que conste, y balbuciendo latinajos. He de confesar que me puse a llorar desconsoladamente y a farfullar algo así como que me cagaba en mi puta suerte, a la vez que mentaba a mi santa madre por el momento en el que había siquiera considerado que ser vampiro era la solución a mi falta de proyección profesional.

Tras horas de explicaciones en un inglés cuando menos deficitario, conseguí hacerles entender que era mi segunda noche como vampiro, que antes había sido autónoma en el Jardín del Encantado Encantador Descanso pero que debido a ciertos hechos y a mis excesos con la maría había ido a Ciutat Palleil para descansar, pero que por una amiga me hice falsa vidente y que como ello no me realizaba, una noche borracha perdida decidí que mis problemas existenciales se resolverían de un plumazo al hacerme vampiro.

Que pensándolo ahora, me pregunto por qué carajo decidí yo hacerme vampiro, que vería aquel día…

El caso fue que el corazón de los cazavampiros se debió ablandar y me tendieron un pañuelo para que pudiera enjugarme las lágrimas, porque los vampiros también lloran, y sonarme los mocos, y si, los vampiros también tienen mocos. Me recompuse como pude y les invité, por aquello de no haberme matado, a una cerveza, que conseguí beber gracias a un truco de uno de ellos que consistía en verter algunas gotas de sangre en la misma. Después de esta vino otra, y otra y otra…hasta que perdí la cuenta.

Amanecí en el asiento trasero de un coche en marcha con una resaca considerable. Mi primera reacción, saltar por la ventana, sin embargo mi cuerpo no respondió. Pensé que había llegado mi final en manos de un sádico granjero estadojuntinense pero de pronto caí en que era inmortal, jojojo, pues te vas a enterar so cabrón. Abrí los ojos y descubrí que quién conducía era Jake, uno de los cazavampiros y que el otro, Tommy, dormía plácidamente en el asiento del copiloto, entonces recordé la noche anterior, al menos en parte. Me habían contado su vida de caza monstruos variados, que sobrenatural, y yo, cateta de mí, me había unido a su lucha. Decidí que lo mejor era volverse a dormir con el ferviente deseo de despertarme en Ciutat Paellil al lado de mi bola de cristal y mi turbante.

Me desperté unas horas más tarde al anochecer, justo cuando el coche paraba enfrente de otro bar de mala muerte. Salimos, entramos, esto es, del coche y al bar respectivamente, nos sentamos en una mesa y pedimos tres cervezas. Cuando el camarero, si es que a eso se le puede llamar camarero, nos trajo la ronda, alzamos las botellas y brindamos, que carajo, por mi nueva incorporación como cazamonstruos variados aun siendo uno de ellos y por una feliz y plácida Nochebuena.

Feliz Navidad y próspero año nuevo!!

Fin por ahora!

 

 

Avance informativo

Perdita Winter, corresponsal en “Los Mundos de Yupi” donde se encuentra ubicada la sede central de El Cuaderno de Clara, informando para los informativos redundantes de Teleantena 3,14159265358979323846

Fuentes lejanas aseguran que la Directora y Rodrigo Facciaduro podrían encontrarse en Kenia, cerca ya de la frontera con Uganda, regentando un tugurio donde lo mismo te venden una botella de licor local, un profiláctico hecho con tripa de ñu o polvo de marfil para esnifar. Las mismas fuentes apuntan a que podría haber un cómplice pero se desconoce por el momento su identidad.

La juez Marilina Gorgona sigue instruyendo el caso sin hacer declaraciones.

Y todo apunta a que Alfredo Jichos se hará cargo de la administración de El Cuaderno de Clara.

Seguiremos informando.

Extra, Extra!!

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA. Perdita Winter, corresponsal en “Los Mundos de Yupi” donde se encuentra ubicada la sede central de El Cuaderno de Clara, informando para los informativos redundantes de Teleantena 3,14159265358979323846…

No es oro todo lo que reluce en El Cuaderno de Clara, sus trabajadores se han declarado esta misma mañana en huelga encontrándose todos ellos desperdigados en las inmediaciones de la sede. Algunos se han encadenado a las rejas que protegen las instalaciones, otros, blanden pancartas con eslóganes tan dispares como:

“Directora, traidora, devuélveme la licuadora”

“Yo no curro como un burro”

“Libertad para domingos y domingas”

El resto, se dedica a montar el campamento base, pues como ha declarado Rodrigo Facciaduro, líder del movimiento y representante sindical vitalicio, “del barco de Cuaderno no nos moverán”. Sin embargo, este todavía no se ha pronunciado sobre las exigencias de los trabajadores.

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Me comunican que Alfredo Jichos se ha puesto en contacto con la redacción para arrojar algo de luz a los acontecimientos que están teniendo lugar. La Directora se encontraría sumida en un estado de ansiedad terrible, niega haberse apropiado indebidamente de ninguna licuadora en su vida, afirma que no tiene problemas ni con los domingos ni con las domingas y con respecto a las jornadas laborales, asegura, cumplen escrupulosamente la normativa.

Todo el jaleo vendría del caradura Rodrigo Facciaduro, son palabras de la Directora según Alfredo Jichos, pues este pretende cobrar con pala y no templar un tirante, algo que la aquella no está dispuesta a permitir.

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Rodrigo Facciaduro acaba de anunciar que comparecerá en apenas unos minutos.

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Las declaraciones de Rodrigo Facciaduro en directo.

Buenas tardes compañeros, buenas tardes explotadores de mierda y buenas tardes medios de comunicación, unos buenos y otros no. Estas son mis, digo nuestras exigencias:

-“Queremos los retretes de color lavanda. ¡Si!”

-“Necesitamos que la máquina de aperitivos sea más variada. ¡Si!”

-“La Directora deberá felicitar a cada empleado el día de su cumpleaños y si se tercia, también el de su santo. No, esto no, que somos un estado laico. ¡Si!”

-“Las condiciones del representante sindical vitalicio de los empleados de El Cuaderno de Clara deberán mejorarse de modo sustancial, ya que en caso contrario ninguno de los aquí presentes volverá a su puesto. ¡Triple Siii!”

Retomamos la conexión, el resto de trabajadores no está respondiendo con entusiasmo a los planteamientos de Rodrigo Facciaduro. De hecho, empiezan a increparle y a lanzarle lo que parecen hortalizas varias.

Rodrigo Facciaduro se ha bajado del banco donde se encontraba disertando y cubriéndose de los tomates, cebollas, puerros y apios voladores ha puesto pies en polvorosa, no sin antes mascullar “sois todos unos vendidos al capitalismo”

Hay mucha agitación y confusión en este momento. Perdemos la conexión.

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La Directora de El Cuaderno de Clara sale del edificio, está demacrada pero con paso firme se dirige al banco donde apenas hace una hora Rodrigo Facciaduro ha sido increpado y agredido. Parece que va a hablar, si… que sí (enfócala Marco, enfócala).

Las declaraciones de la Directora en directo.

Damas y caballeros, caballeros y damas, ruego me presten atención durante unos minutos para expresarles mi tristeza y consternación ante esta situación.

Lamento profundamente su malestar y estaría encantada de que el lunes próximo todos ustedes me transmitieran cuáles son las áreas de mejora necesarias para que el clima laboral sea óptimo, les puedo asegurar que todas aquellas que no versen sobre urinarios lilas serán revisadas y negociadas con el Comité de Empresa.

Y ahora como muestra de buena fe y del interés de la compañía en sus trabajadores, decretamos vacaciones para todos (solo hasta la semana que viene).

Los trabajadores aplauden y mantean a la Directora. Esta se acerca a la puerta de El Cuaderno, estira el brazo y clac, coloca el cartel.

CERRADO POR VACACIONES

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EXCLUSIVA EXCLUSIVÍSIMA DE AQUÍ HAY ACHICORIA

Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte… La Directora del Cuaderno de Clara y Rodrigo Facciaduro en la Riviera Maya dándose el lote en paños menores…

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA DEL A.B.C. DE LA RAZÓN DE NUESTRO PAIS A LA VANGUARDIA DEL MUNDO EN 20 MINUTOS

Desfalco y fraude en El Cuaderno de Clara. La Directora y Rodrigo Facciaduro en paradero desconocido, se les pierde el rastro en la Riviera Maya.

La juez Marilina Gorgona, encargada de instruir el caso que ha sido bautizado como “el caso aquí hasta el más tonto hace relojes”

La agencia Erre asegura que Alfredo Jichos se encuentra profundamente consternado ante esta situación. “Confiaba plenamente en la diligencia de la Directora” ha manifestado cuando salía de su domicilio.

Seguiremos informando.

A veces tengo premoniciones y a veces me cago en mi puta suerte

-No, no, no. Esto no puede estar pasando. Hoy no.-

Pero nos hemos adelantado un poco. Empezaremos como debe ser, por el principio.

Conocía a Manoli desde hacía muchos años, era el típico botijo bobalicón pero con muy mala hostia, un padre nuevo rico (evadiendo ciertas obligaciones, todo sea dicho de paso) le daba derecho según creía, a mirarnos por encima del hombro. Un poco difícil en mi caso dado que mido 25 centímetros más y ya para joder, diré que peso casi 15 kilos menos y alguna neurona más hay por ahí, pero eso es otra historia, una historia en la que nos sacamos los ojos y nos tiramos de los pelos, que ya veré si cuento o no algún día.

Bien, el caso es que Manoli, aunque ahora se hace llamar Manuela pues resulta mucho más fino, estudiaba en un colegio de pago, a diferencia de todos nosotros que lo hacíamos en uno público, ya sea por ser pobres cual ratas o por la firme convicción de que la enseñanza pública siempre es mejor que la privada. Y mientras en su colegio, Manoli era vituperada por todos sus compañeros, con nosotros la cosa cambiaba “Que si me voy a ir a estudiar a la universidad más prestigiosa de Capital City, que si tengo que aprender inglés en Miami (en fin, para aprender inglés no sé si es el sitio más indicado, por aquello del número tan elevado de hispanohablantes), que si paso de la litrona por el “Cosmo”. Cosillas que fueron minando ciertas morales.

Antes de cortar casi definitivamente cualquier relación con Manoli, pues mi instinto homicida crecía de forma alarmante y lo de la cárcel como que me hacía poca gracia, me reveló su verdadero sueño. Ella quería casarse, vivir en alguna ciudad costera, tener niños y hacer mermelada, yo ojiplática que me quedé oye, pues aunque sabía que era de ese tipo de mujeres, de aquellas que han nacido para ser la esposa de Fulano o Mengano (cosa que respeto, por supuesto) no era de aquellas otras que lo manifestaba, ya que por aquel entonces, Manoli no andaba en sus mejores momentos en lo que respectaba a la caza de marido y además, la moda marcaba que había que convertirse en una mujer altamente cualificada para ser una empresaria de éxito totalmente autosuficiente.

La cosa quedó así, ella se marchó a la universidad prestigiosa de Capital City, yo me quedé en nuestra universidad pública, ella encontró un trabajo fenomenal de la muerte, yo emigré para encontrar un hueco donde caerme muerta, ella regresó por aquello de que Capital City era terrible, yo me fui a Capital City a combatir dragones. Lo típico, las vueltas que va dando la vida a medida que se van sumando años en tu haber. He de decir que todo esto lo he ido sabiendo por “fuentes de información” que tenemos en común pues trato como ya he dicho antes, más bien poco por aquello de los instintos homicidas.

Llevaba tiempo sin tener noticias de Manoli, cuando un buen día, llegando a casa deslomada de domar dragones, vamos progresando, por cierto, me encontré una carta en el buzón. Me asombré mucho ya que solo recibo cartas del simpático Heraldo Público, las facturas de la luz, pues la compañía del gas y la telefónica se han modernizado o reducido costes y ya ni siquiera le envían a una la factura, y tropecientos menús de comida china. La abrí con cierta emoción, pues he de confesar que se me pasó por la cabeza la nominación al premio Pulitzer o al menos, el premio de consolación de Tiradillos de Cotolengo, cuando me encontré con lo siguiente:

TENEMOS EL PLACER DE INVITARTE A NUESTRA UNIÓN (¡anda coño!, pensé. Qué bien, qué fenomenal, 150 pavos de nuevo y eso si puedo repetir vestido y zapatos porque ya van tres cochinas bodas con el mismo trajecito. Las batallas de dragones que no dan para mucho, ya saben).

RUPERTO Y MANUELA (sin comentarios…)

EN LA MANSIÓN DE VILLACOSTERA DE LA REAL FRONTERA (genial, a parte de los 150 euros, nuevo vestido, pues repetir quedaba descartado sabiendo de quién se trataba, me toca viaje y hotel)

EL 29 DE AGOSTO DE 2014

NÚMERO DE CUENTA: XXXX XXXX XX XXXXXXXXXX (al menos lo ponen fácil…)

Los días fueron pasando y la fecha de la boda llegó. Y allí estaba yo, con mi vestido nuevo con la etiqueta, pues pensaba devolverlo, esperando en el hotel a que el autobús alquilado por los novios viniera a recogernos. El paraje, he de decir que era realmente fantástico, el único inconveniente desde mi punto de vista y dado lo que se estaba demorando el transporte, era el prostíbulo que había enfrente, no porque tenga nada en contra de los lupanares en general, si no por los muchos invitados que tras la larga espera, se adentraban en Los Jardines del Edén y no es que me haya dado simbólica ahora, si no que así era como se llamaba el puticlub.

La cosa fue degenerando, allí no venía nadie a buscarnos y cada vez había menos invitados, Solteros, solteras, parejas, el padre de la novia… iban abandonando el punto de encuentro. No sé ni cómo, bueno el como si, por teléfono, pero no el por qué de que Manoli se pusiera en contacto conmigo. Resulta que el autobús nos recogía en la parte trasera del hotel, es de cajón que nosotros estábamos en la delantera y dado que allí no aparecía nadie, los dos choferes habían decidido subir hasta la íntima capilla para comunicar que el índice de asistencia era más bien escaso por no decir nulo. Manoli estaba al borde de un ataque de nervios y mandaba de nuevo echando leches los autobuses para abajo.

– ¿Pero en la parte trasera o delantera?- Pregunté.

–En la trasera, tan difícil es de entender- Me contestó.

–Supongo que no es difícil de entender, lo que si veo complicado es de adivinar pero bueno… ¿Y cuánto tiempo tengo para reunir al ganado?-

-¿Reunir a quién?-

-A tus invitados.-

-¿Cómo que reunir a mis invitados? ¿Se puede saber dónde están?-

-Pues verás, tardaba tanto el autocar que alguno o mejor dicho, varios de ellos, se han ido enfrente, a tomar algo…-

-Enfrente del hotel no hay nada, solo un puticlub.- me espetó Manoli.

-En efecto, allí los tengo a todos o casi.-

-¿Vamos a ver, me estás intentado decir que varios de mis distinguidos invitados están en el puticlub pasando el rato antes de mi boda?-

-No lo intento, te lo estoy diciendo. De ahí que te pregunte de cuánto tiempo dispongo aunque no sea mi problema.-

-Esto no puede estar pasando, es mí día, mi día, ¿has entendido? Por favor te lo ruego, recopila invitados. No podéis demoraros más, el cura se está impacientando, en menos de 20 minutos están allí los autobuses, parte trasera, recuerda.-

-Manda cojones. Está bien, haré lo que pueda.- Y colgué.

Desde tiempos inmemoriales recuerdo que mucho me han tachado de carácter complicado pero joder, para desfacer entuertos siempre me llaman. Apiadada de la mema de Manoli, finalmente entré en Los Jardines del Edén, en la recepción, una chica muy mona me preguntó que en qué podía ayudarme, le explique mi problema y muy diligentemente, cogió un megáfono.

BUENAS TARDES, LES SALUDA ATENTAMENTE AMBARINA, RUEGO, DISCULPEN LAS MOLESTIAS ESTIMADOS CLIENTES PERO AQUELLOS QUE OSTENTEN LA CONDICIÓN DE INVITADO A LA BODA DE RUPERTO Y MANOLI, DEBEN SABER QUE SOLO DISPONEN DE 10 MINUTOS PARA FINALIZAR Y ATUSARSE. LA HORA DE RECOGIDA ESTÁ PREVISTA PARA LAS 9. NO SE RETRASEN. GRACIAS.

Agradecí encarecidamente la ayuda de Ambarina, facilité el nombre completo de Manoli y Ruperto por si quería cobrarse los servicios de guía y me dispuse a esperar. Poco a poco los invitados iban bajando, despeinados, descamisados, alguna bragueta abierta, restos de carmín, manchas de semen y dos bragas desaparecidas. Podía ser peor. Estaba terminado de contar para confirmar que la totalidad de invitados estaba completa cuando caí en la cuenta de que nos faltaba Fulgencio, el padre de Manoli.

Iba a recurrir de nuevo a Ambarina cuando un bigardo de 2 metros, ataviado únicamente con un escueto tanga de lentejuelas verde lima y una boa rosa fucsia, llamado Delito, bajó como una exhalación gritando “está muerto”. No me jodas pensé. A veces tengo premoniciones y a veces me cago en mi puta suerte. Supe de inmediato que se refería a Fulgencio y en efecto. Subimos a la habitación y allí estaba el pobre hombre, tieso en la cama, con los pantalones y calzoncillos bajados hasta las rodillas y una erección de mil demonios.

Pedí un vaso de ginebra, lleno hasta los bordes, encendí un cigarrillo y cogí el teléfono.

-Manoli, ¿lo quieres sutil o directo?-

-No me toques el coño y dime que están todos.-

-Mira que siempre has sido soez, hija. A ver, los tengo a todos más o menos pero hay, hay un problema con tu padre….-

-¿Qué le pasa a mi padre?- Chilló

-Pues que lamentablemente ha fallecido.-

–No, no, no. Esto no puede estar pasando. Hoy no. Maldito cabrón hijo de puta comepollas. ¿Y qué piensas hacer?-

-¿Cómo que qué pienso hacer?, el padre es tuyo, no mío. Habrá que llamar a la policía digo yo.-

-Ni se te ocurra ¿me has entendido?-

-¿Perdona?-

-Que ni se te ocurra, yo hoy me caso como que me llamo Manuela Alcornoque Soteras, así que habla con quién sea necesario para resolver el problema. Tendrá que quedarse allí hasta que acabe el convite.-

-Pero ¿no es el padrino? Además de tu padre, lo digo por el cariño y esas cosas…

-Sí, claro, eso va a ser un problema. Pero todo el mundo sabe que está enfermo del corazón por lo que es factible que tanta emoción le haya afectado y por tanto no pueda acudir a la ceremonia. ¿no?. Haremos lo siguiente, habla con quien haga falta para que trasladen el cuerpo al hotel. Cuando lleguemos habrá muerto plácidamente en su cama el día de la boda de su hija en vez de dando por culo a algún chapero.

-Me cago en San Pito Pato.-

-Perdona, ¿qué dices?-

-Nada, olvídalo. No es tan fácil de conseguir si no hay por medio algún incentivo, no sé si me comprendes…

-Lo que haga falta, ¿me oyes?, en la cartera de mi padre debe haber dinero en efectivo y si no, saca lo que necesites con la tarjeta, el pin es xxxx.

-A sus órdenes Generala Manoli.-

-Manuela, si no es inconveniente.-

-Pues mira, hoy si es inconveniente.- Y colgué.

Al final lo más difícil fue vestir al muerto, por aquello de ciertos problemillas de rigidez. En cuanto saqué el “cheque en blanco” (lo que necesites había dicho Manoli, si no recuerdo mal) Ambarina y Delito estuvieron dispuestos a cooperar. A todo esto los invitados se habían ido a la boda que ya se estaba celebrando mientras los tres mosqueteros, esto es, Ambarina, Delito y una servidora, trasladaban al pobre Fulgencio en la silla de ruedas que Delito había sacado de sus aposentos, preferí no indagar, hasta el hotel.

Llegué a la mierda de convite a las tantas, eso sí, con Ambarina y Delito como acompañantes ya que habíamos estrechado lazos, es lo que tienen estas cosas. Y tras cinco, seis o puede que fueran siete cubatas, conseguí empezar a divertirme y rozar el coma etílico, las cosas como son.

Por arte de birlibirloque, aparecí en mi cama al día siguiente con un dolor de cabeza terrible, unas ganas de vomitar espantosas y un ramo de flores sobre la mesilla. El ramo contenía dos sobres, en uno de ellos había 10.000 euros en billetes de 500, en el otro una tarjeta.

POR LAS MOLESTIAS.

Manuela.

Y yo que creí por un momento que me había estrenado como puta de lujo…

Próximamente en el Cuaderno de Clara…

Fucsia vuelve a atribularse

Mi mujer lleva una doble vida

Torquemada no estaba muerto, estaba de parranda

La estupidez humana en estado puro

Y mucho más, a partir del jueves 15 de enero de 2015.

Así, entre ustedes y yo pero sin que salga de aquí, decirles que hemos tenido ciertos problemillas. Aunque menuda novedad. Resulta que el jefe de contenidos del Cuaderno de Clara y el creativo han tenido por decirlo de algún modo, ciertas diferencias. Este último, para que engañarnos, es un poquito bastante gilipollas y el jefe de contenidos ha dicho hasta aquí hemos llegado.

La directora del Cuaderno de Clara, harta de tanta “tontá”, ha enviado al creativo y al jefe de contenidos, de una patada en el culo más o menos, a una de esas jornadas donde los trabajadores estrechan lazos, se empapan de espíritu de superación y por supuesto, aprenden a trabajar en equipo. Normalmente los que vienen, lo hacen renovados y dispuestos a trabajar duro codo con codo pero siempre hay excepciones.

Las jornadas deberían haber durado 2 o 3 días a lo sumo, sin embargo, ciertas dificultades técnicas han provocado que la cosa se demore en demasía. Les cuento, según mis fuentes, parece ser que las actividades no se estaban desarrollando normalmente. Algo así como puenting sin cuerda, sogas alrededor de algún que otro pescuezo, arsénico en el café o puñetazo va y puñetazo viene… En fin, pequeños detalles, sí, pero de aquellos que impiden la cualificación como apto para el trabajo en equipo.

Las últimas noticias que me han llegado indican que la Directora, algo molesta, se ha presentado en el lugar donde se están celebrando las jornadas y ha dado a jefe y creativo un, por decirlo de alguna manera, cierto incentivo, esto es, o vienes con un jodido apto o te pongo de patitas en la calle. Y ya saben ustedes lo que cala este tipo de incentivos en los trabajadores. Por lo que patadas, escupitajos y mamporrazos parece ser que han llegado a su fin. No obstante la cosa va lenta y de ahí que la directora con mucho sentido común haya fijado la fecha para el jueves 15.

Veremos si podremos o no estrenar… Y yo me voy volando que ya me he ido demasiado de la lengua pero es que, tenía que contárselo.

Ante el fragor de la batalla, pies en polvorosa

Era el momento de apagar las linternas que nos habían acompañado hasta ese momento, nos acercábamos a nuestro objetivo y debíamos pasar sin ser descubiertos. La respiración cada vez más agitada, un sudor frío recorría mi espalda y los sentidos cada vez más agudizados. La oscuridad era absoluta y lo que nos iba a deparar aquella misión, completamente desconocido.

Hacía relativamente poco que me había incorporado al comando, en parte porque cabalgaba con sus ideas, en parte porque me había prendado hasta los huesos del líder. Su carisma, sus tatuajes y esos ojos penetrantes y decididos no dejaban indiferentes a nadie y la competencia por sus “favores” era feroz. Pero ahí estaba yo, con mis botas militares, unos vaqueros rotos y la tan manida guerrera absorbiendo toda la información que íbamos a necesitar para entrar pronto en acción y demostrar así, mi absoluto compromiso con la causa.

La cosa se estaba poniendo fea, el terreno conllevaba cada vez más dificultad, seguía sin verse un pijo, hacía un frío del carajo y el segundo de abordo había encontrado los primeros huesos, las sospechas parecían confirmarse aunque siempre podría tratarse de algún animal salvaje.

Todo lo que duró el aprendizaje y entrenamiento fue cojonudo, el líder y sus acólitos más antiguos nos transmitieron todo el entusiasmo por su lucha, nos relataron misiones anteriores, nos enseñaron heridas de guerra… Yo me sentía importante, orgullosa de ser parte de la asociación y consideraba a todo aquel que no perteneciera como enemigo, si estaba contra nosotros y en su defecto, si no lo estaba, como una triste alma conformista carente de cualquier valor.

Ya en la zona Zero, los huesos seguían apareciendo, al principio de forma dispersa, fémures, cráneos… pero a medida que avanzábamos el paisaje se volvía más desolador. Esqueletos enteros a los que le faltaba la cabeza porque había sido cortada, otros con todas las patitas rotas, también cuerpos semicalcinados… la visón era de auténtico horror y espanto.

El día anterior a la misión creo, fue el mejor de mi vida. Repartieron la especie de uniforme que llevaríamos como auténticos soldados de élite, entregaron a cada uno un espray de pimienta por si las cosas se torcían y repasamos una y otra vez el plan a seguir. Dos equipos (Alfa y Beta) de cuatro personas en dos todoterrenos, el grupo Alfa dirigido por el líder y el Beta por el segundo de abordo. Tras llegar al punto H, seguiríamos a pie con linternas hasta el punto J y a partir de allí a oscuras hasta la zona Zero, el área que se sospechaba, estaba siendo utilizado como fosa común para los perros.

Me cago en la madre que me parió que a gusto se quedó, en qué momento me mofaría yo de las almas tristes carentes de valor, joder que esto es peligroso de cojones, no me jodas. Que son mafias pero mafias de verdad, de esas con pistolas y las que no le tiembla la mano a la hora de volar la tapa de los sesos. Verás cómo muera hoy mi madre como se va a poner, hay que ser gilipollas por meterse en una de estas por unos tatuajes y unos ojos intensos, pero en que estabas pensando. Estos y otros muchos eran los pensamientos que me invadían cuando salíamos de naja tras haber escuchado los disparos.

Y llegaba el día D como me gustaba llamarlo, las 21:00 y ya en los todoterrenos, la excitación invadía todo mi ser. Iba como no podía ser de otra forma en el grupo Alfa y el líder, que conducía y mostraba sus tatuajes en los antebrazos, nos daba los últimos consejos. Tal y como se había calculado, llegamos al punto H en 40 minutos, tocaba ir a pata. Las tornas comenzaban a tomar un cariz algo más siniestro, el silencio era sepulcral y la oscuridad casi total a excepción de las linternas. El miedo se abría paso a codazos en mi interior e intentaba no quedarme muy atrás pero el ritmo era alto y mi fondo físico nulo. Tras 20 minutos alcanzábamos el Punto J lo que implicaba dejar atrás la poca luz que iluminaba el camino.

Todos estábamos sanos y salvos, al menos en lo que se refería a la parte física, la mental por el contrario fluctuaba entre el estado de sock, la crisis de ansiedad y puede que hasta la psicosis. El líder, el segundo de abordo y dos acólitos mantenían la calma pues eran perros, nunca mejor dicho, viejos, el resto, una panda de novatos estúpidos que habíamos leído cuatro cosas, visto otras tantas y creído que nos comeríamos el mundo, temblábamos cual flan de vainilla, que es aún menos consistente que el de huevo.

La misión había sido un éxito pues habíamos localizado el cementerio, la asociación llevaba varios meses detrás de una mafia dedicada a las peleas de perros con apuestas y utilizaba ese lugar para desprenderse de los sparrings, los perros que habían perecido en la pelea, aquellos con los que se les había ido la mano e incluso aquellos que habían matado por diversión. Y todo ello había sido transmitido a la policía. Pero lo que yo desconocía es que estas mafias estaban organizadas, tenían gente importante detrás y movía mucha pero que mucha pasta. Por lo que los riesgos de la asociación a la que en buena hora me uní, eran muy altos. Así que abandoné, una cosa es hacer algún grafiti, informar a todo aquel que desconoce que estas prácticas existen y no solo que existen, sino que están en auge y que coño, reunirse, vociferar y planear en abstracto y otra muy distinta, jugarse el pescuezo. Nadie puso objeción, ni siquiera me hicieron sentir, como realmente me sentía, muy al contrario, entendían perfectamente que no todo el mundo está dispuesto a asumir el peligro de tal empresa sin que ello implique que los perros dejen de importar. Pero yo me sentía como una auténtica mierda, pero una auténtica mierda incapaz de correr por unos montes llenos de obstáculos perseguidos por dos matones pegando tiros.

Afortunadamente aunque el valor escasea, esté sigue presente en alguna persona. Y el líder, el segundo de abordo y aquellos acólitos que superaron esa primera vez no dudan en poner en juego sus vidas por defender su causa.